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martes, 24 de octubre de 2023

¡Bravas, bravísimas!

Si tuviera que elegir la tapa con la que más chascos me he llevado en mi vida serían las patatas bravas. Sorprende esta elección porque quien quiera hacerlas lo tiene, en teoría, fácil para triunfar: patata cortada a mano, una buena fritura y una buena salsa con un toque “alegre” es todo lo necesario para, al menos, no decepcionar. Por desgracia a pesar de la economía, sencillez y rapidez en la elaboración muchos establecimientos se empeñan en reducir costes, energías y tiempos con un resultado para el paladar similar al de recalentar torreznos en el microondas. En esta lista solo encontrarás tascas especializadas, ambientes informales, recetas tradicionales y precios populares. La entrada está abierta a nuevas incorporaciones por lo que serán bien recibidas tus sugerencias.  

Bar Bonillo (Almería)

El mejor lugar para tomar un plato humilde como las patatas bravas es una tasca. Una de las más potentes que conozco son las del Bar Bonillo, un local abierto en 1968 donde la protagonista absoluta es la plancha y la freidora. Su especialidad son “las patatas a la brava” como indica el cartel del exterior y recuerda otro más en el interior del local. Cortadas en forma de media luna a grandes rodajas son una tapa clásica de la ciudad.

Además de las patatas bravas  también destacaría los champiñones pero por encima de cualquier otra consideración gastronómica destaco su ambiente. Bonillo es uno de esos bares hasta arriba de lugareños, con clientes de pie con su plato en la mano, donde para hacer tu pedido hay que abrirse paso a codazos y con ese olor a freiduría que lo impregna todo. No podrían faltar camareros que dan notas más altas que Plácido Domingo y esa decoración tachada de cutre por aquellos que a los mismos muebles que consideran anticuados en un local los llaman “vintage” cuando están en el suyo.


 Las bravas del Bonillo

Ambiente tradicional de tasca

Bar Bonillo
Calle Granada, 12
04003 Almería

Bar Tomás (Barcelona)

En la ciudad de las vanguardias gastronómicas con locales de moda que reinterpretan las patatas bravas dándole forma de gofre o confitándolas a baja temperatura, resulta chocante que las únicas de Barcelona de las que se ha escrito un libro sean precisamente las de una tasca de toda la vida en Sarriá. Los periodistas Carles Valls y Sergi Fidalgo pudieron escribir otro libro más sobre restaurantes para “foodies” o terrazas “chill out” pero escogieron un plato popular de un bar de barrio abierto en el año 1919 cuando Sarriá era todavía pueblo. Cuando pruebas esas bravas con patatas irregulares, doradas y crujientes con dos salsas entiendes por qué merezcan un artículo, un libro o un trabajo de fin de Master.


Las bravas del Tomás

100% Sarriá

Bar Tomás
Carrer Major de Sarrià, 49
08017 Barcelona

Bar Chicote (Cangas del Narcea)

“Si te metes con Antón cuenta con el bastón” anuncia un cartel en el interior del bar junto a un “palu” que duele con sólo verlo. No tienes nada que temer, es difícil imaginar a Antonio empuñándolo contra algún paisano. Su bar es toda una institución en Cangas del Narcea, donde comenzó a trabajar Antón con sólo diez años y en el que medio siglo después sigue sirviendo con una sonrisa vino de su propia bodega y tapas.

Cecina, jamón, chosco, empanada, queso, chorizo, lomo y patatas bravas, “caldo pa tornar el frío” y postre “de lo que haya”. Pocas viandas pero buenas y baratas como en las tascas de toda la vida. Su tapa más conocida, las patatas bravas, son en realidad cachelos con aceite, ajo y pimentón, combinación simplemente perfecta. Si te sabes el “Asturias, Patria querida” deberías saber que su vino ha sido recientemente premiado, ahí lo dejo.


 Las bravas del Chicote

Cartel del Bar Chicote

Bar Chicote
Calle la Fuente, 6
33800 Cangas del Narcea (Asturias)

CERRADO

Ya no se encuentra entre nosotros Antón ni su bar. 

König (Girona)

König en alemán significa rey pero esta cervecería famosa por sus bravas es frecuentada con igual fervor también por republicanos de toda condición: estatales, federales, independentistas o de la “república independiente de mi casa”. Fundada en Girona en el año de 1973 dispone de una docena de establecimientos en Cataluña, un crecimiento que es consecuencia del buen hacer de una familia que demuestra que para crecer no es obligatorio convertirse en franquicia y servir comida precocinada. Salchichas importadas de Alemania, hamburguesas con carne de Banyoles y bravas elaboradas con patatas de calidad son algunas de sus señas de identidad. Sus patatas bravas se presentan con una salsa rosa suave que recomiendo disfrutar en su amable terraza de la Plaza de la Independencia.


Las bravas del König

Terraza del Köning

Köning
Varios establecimientos

Cafetería Las Torres (León)

Está cafetería cuyo nombre hace referencia a las torres góticas de la Catedral, es un clásico del tapeo leonés. El local lleva abierto desde mediados de los setenta y Eusebio, su actual propietario, está al frente del mismo desde 1981. Su decoración se mantiene fiel a aquellos años. La generación nacida en la década de los pantalones de campana, los flecos y los estampados geométricos experimentará en “Las Torres” toda una experiencia regresiva hacia su niñez que no tiene que ser traumática a menos que a ti también te dejaran jugar con “Quimicefa” sin la supervisión de un adulto.

La tapa por la que es conocida la cafetería son sus patatas, que depende quién las pida o sirva son rebautizadas como bravas o alioli. En realidad se parecen mucho a las bravas con alioli que sirven en algunos locales de Barcelona, de ahí la falta de unanimidad en su denominación y la confusión a la que se prestan. Su éxito es tal que no es infrecuente entre los vecinos pedir una ración para llevar a casa. Yo prefiero probarlas gratis con la consumición, como es preceptivo en León y pasar al siguiente bar de la lista de tapeo leonés.


 Las bravas de Las Torres

Arqueología setentera

Cafetería Las Torres
Calle Burgo Nuevo, 58
24001 León

Bar Roma (Lleida)

Las estadísticas oficiales afirman que las principales causas de muerte entre los universitarios son los accidentes en carretera, las drogas, la fiesta de San Cemento y las cafeterías de las facultades. Recomiendo no seguir este orden al pie de la letra porque he conocido en mis tiempos de estudiante algún menú de facultad cuya ingesta planteaba un mayor reto para la supervivencia que hacer “la ruta del bakalao” en un coche con Chimo Bayo al volante.   

No conozco la cafetería de la Universidad de Lleida pero sus alumnos son muy afortunados al tener al otro lado de la calle las raciones abundantes, el buen precio y el servicio rápido del Bar Roma. Tiene bocadillos, raciones y tostas pero aquí destacamos sus bravas. Elaboradas con patatas tiernas, bien cocidas y salsa fuerte nada tienen que ver con aquellas bravas de patatas congeladas y salsa de bote que servían en mi facultad y que provocaban por aquel entonces un mayor índice de abstención a clase que el más sieso de los profesores.


Las bravas del Roma

Interior del Bar Roma

Bar Roma
Carrer del Bisbe Messeguer, 1
25003 Lleida

Docamar (Madrid)

Además de por su mercado de intercambio de cromos la plaza de Quintana merece ser visitada por otro motivo: las patatas bravas del Docamar. Este bar abierto en 1963 ofrece las que para mí son las mejores bravas de la ciudad. Famoso por su salsa casera de receta secreta yo además destacaría la perfecta elaboración de sus patatas. Puedes tomarlas como tapa con tu consumición, en ración o para llevar. Además de esta especialidad destaco de su carta unas patatas alioli perfectas o sus tigres bien picantitos.


 Las bravas del Docamar

La animada plaza con el Docamar de fondo

Docamar
Calle de Alcalá, 337
28027 Madrid

El Bodegón (Ponferrada)

Me encantan los bares con especialidades, esos en los que todo el mundo sabe a qué va. Esos trasuntos de viejos mesones con una oferta reducida, donde tienes que entrar a codazos, pedir en la barra y si quieres mesa recoger la montonera del cliente anterior; lugares no aptos para clientes que les va más el rollo de la reserva, el camarero uniformado y la carta de vinos. Una tasca que entra en esa descripción y que visito cada semana es el madrileño Melo´s, el templo de la zapatilla.

En Ponferrada hay un lugar parecido. El Bodegón tiene tantos años del que desconoce su origen hasta el más viejo del lugar. Ubicado en una casona del siglo XVIII este mesón sólo ofrece cortezas, calamares, mejillones y patatas. Las bravas son patatas cortadas en panadera muy del gusto leonés escoltadas por una briosa salsa elaborada con agua de cocción de los mejillones. Ovidio Lucio y su gente mantienen la receta ideada por su madre que hoy es imitada con menor fortuna en toda la ciudad. El Bodegón con sus bravas no solo creó tendencia sino que a diferencia de otras cosas, como las hombreras o los culebrones venezolanos, no pasan de moda. 

 Las patatas de Ponferrada

 Entrada de El Bodegón

El Bodegón
Travesía Pelayo, 2
24001 Ponferrada (León)

La Rana Verde (Santander)

La Rana Verde sirve patatas bravas desde 1977 pero es en 1983 con el cambio de dueño cuando abre una nueva etapa hasta hoy. Ofrece patatas con salsas siendo de las más populares la conocida como “a la española” (brava y mayonesa), en referencia a los colores de la bandera, no sabemos si la austriaca o esa española que palidece en tu balcón desde la última victoria de Fernando Alonso. También tiene adeptos las salsas atómica (más picante) o nuclear (más más picante), denominación que consideran muy acertada tanto amantes del picante como físicos. Otras salsas a elegir son la alioli, queso, hortelanas o morunas; ninguna te saldrá rana.

Bravas a la española

Verde que te quiero verde, verde viento, verde bravas...

La Rana Verde
Calle Daoiz y Velarde, 30
39003 Santander (Cantabria)

Bar Málaga (Valladolid)

Las bravas suelen presentarse cortadas en dados o gajos pero las más famosas de Valladolid hacen honor a la orografía de la provincia más llana de España. Las llamadas patatas al remolino son originales del Bar Málaga, se presentan en rebanadas en forma de abanico, son espolvoreadas con pimentón dulce y decoradas con bolitas de alioli fuerte. Desde que el malacitano José Codes abriera este bar en 1985 las patatas al remolino son su gran especialidad y lleva camino de convertirse en un plato típico de Pucela.

Tienen tanto éxito que han sido mil veces copiadas: Mianka, Vasi´s y Alarcón, entre otros bares también las ofrecen en la ciudad. Hechas al momento, con buena fritura y un sabor equilibrado destacaría también su cuidada presentación. Con la misma exactitud que en un desfile militar de Corea del Norte todas las patatas serán servidas con la misma presentación y sin que a ninguna le falte su medida cantidad de pimentón y su bolita de alioli. Esa clase de detalles de calidad que hacen un producto inimitable.


Las bravas del Málaga

Fachada del Bar Málaga

Bar Málaga
Calle del Puente Colgante, 37
47007 Valladolid

CERRADO

En su lugar abrió el Bar La Limeña, que mantiene el plato en la carta pero sin alcanzar el nivel del original. 

Ya no son las bravas del Málaga

Taberna Amparín (Valencia)

Amparín no es un negocio sino arqueología viva. Uno de esos locales de antaño que eran un poco de todo: bar, tienda y vivienda. Cuando descubrí esta bodegueta me sentí como un Marty McFly versión ibérica recorriendo la España de los sesenta en un Seat 1500 sin aire acondicionado pero con condensador de fluzo. La localizamos en el sur de Valencia, en el popular barrio de L’Hort de Senabre. Fue abierta en 1968 por Amparo y Julián sobre otro bar anterior.

Las patatas se preparan al momento con una abundante cobertura de salsa de tomate y mayonesa. Amparo que era la responsable de la receta falleció hace cinco años pero por el negocio todavía se puede ver al señor Julián, un octogenario adicto al trabajo, natural de Ciudad Real y forofo del Athletic,  ayudando a su hijo Raúl. De hecho hace solo unos meses él mismo me preparó y sirvió una ración de las bravas de la casa. Si comiéndolas se llega a esa edad con ánimos aún de seguir en la brecha será cuestión de incluir las bravas de Taberna Amparín como alimento imprescindible de la dieta mediterránea.


 Las bravas del Amparín

Su interior es un reliquia
Carrer de Joaquín Navarro, 26
46017 Valencia

Bar Caballero (Zamora)

Todas las ciudades tienen su particular "senda de los elefantes" o lo que es lo mismo, una ruta "repleta de trompas". Algunos ejemplos son el Húmedo en León, el Laurel en Logroño y Gascona en Oviedo. En Zamora hay una de estas sendas en las inmediaciones de la céntrica Plaza del Maestro. 

Aquí podemos encontrar el Bar Caballero. Fundado en 1995 ofrece las patatas más famosas de Zamora, lo más fotografiado en la ciudad después del "perfil" de Viriato. Su especialidad, las patatas mixtas: patata de la zona con salsa casera de alioli y brava. Una salsa que parte de la clientela también usa para acompañar a tortillas, calamares, chipirones rebozados y figones. Se ofrecen en tres tamaños diferentes: tapa, media y ración. Como buen bar zamorano también ofrece casquería. Otro de sus puntos fuertes es una clientela variada de toda clase y condición que recuerda a los bares de la vieja Malasaña antes de vetar la entrada a los abuelos por carecer de tatuajes.

 Patatas mixtas del Caballero

Entrada de Bar Caballero

Calle de las Flores de San Torcuato, 4
49014 Zamora

Publicado en 2024 y actualizado.

jueves, 22 de julio de 2021

Freiduría de Gallinejas Embajadores

Madrid, Madrid, MadRIP... (IX)

La Freiduría de Gallinejas de Embajadores era un parte de la ciudad y de mí. Todo aquel a quien consideraba mi amigo pasaba por el rito de iniciación de pasar por este local, tanto si era madrileño como forastero. Bien es verdad que alguno tuvo que hacerlo a empujones porque de entrada no le agradaba el potente olor a víscera frita. Una vez superada la puerta de doble hoja el primer reto era enseñar el mostrador con una variedad inimaginable de partes de tripas que en algunos casos amenazaban los propios estómagos de mis amigos, momento que yo disfrutaba con deleitado sadismo. El siguiente paso era entrar al salón, sentarnos en una de sus mesas de mármol con jaspeado gris repletas de una variopinta clientela intergeneracional y consultar la carta, advirtiendo a mis amistades que la ensalada era un acompañamiento y no una opción. Para ampliar las posibilidades de éxito sugería pedir al menos dos platos con formas, texturas e intensidades diferentes. El tiempo de espera lo empleaba en buscar pistas en el rostro de mi compañía que desvelasen si vivía el momento como otra de mis extravagancias o por el contrario como una gran aventura. Durante la degustación era el turno de las conclusiones: "si pierdes el olfato está hasta bueno", "me recuerda a las cortezas de cerdo" o "no lo me imaginaba tan sabroso" fueron algunas de las reacciones, perdonables al tratarse de neófitos de la gastronomía madrileña, y en algunas ocasiones acompañada de un "¿cuándo volvemos?" que me llenaba de satisfacción.

 

Había perdido la pista del negocio durante la pandemia, como al resto de restaurantes y casi a mis amigos. Fue una noticia de un foro de Lavapiés el que me informó de su cierre. Al día siguiente me acerqué para hacer una foto de su castiza fachada forrada de madera. Por suerte dentro estaba su dueño, Gabino Domingo, que me invitó a despedirme del interior y hacer mis últimas fotos al establecimiento. En estos tiempos de tanto emprendedores que invierten miles de euros en abrir una franquicia de hostelería en la que no les está permitido alterar ni la cantidad de azúcar del café fue un honor conversar con un empresario de verdad que creó un negocio a su imagen y semejanza. Un local personal, especial y único que, como rezaba un cartel del exterior, no tenía sucursales. La obsesión de un hombre que dignificó las gallinejas y los entresijos no solo ofreciendo el mejor producto y la mejor ejecución sino escribiendo un libro sobre el tema junto al periodista David Sanz o consiguiendo que la RAE cambiara la definición de gallineja vinculándola correctamente a las tripas del cordero y a la ciudad de Madrid. Un ejemplo de madrileñismo de corazón del que podrían aprender todos los que tienen a esta ciudad solo en la boca. Otra nueva muesca en la culata de las pérdidas de la identidad cultural de nuestra ciudad.


Fachada de la freiduría
 

Los libros de Gabino

   

Tarjeta
  
Freiduría de Gallinejas Embajadores
Calle Embajadores, 84
Barrio Acacias (Madrid)
28012 Madrid

martes, 25 de mayo de 2021

Món Orxata Times (Madrid)

ESPECIAL HORCHATA: Me chifla la chufa (LVII)

Cualquiera que me conozca sabe que mi mayor deseo en cuanto estuviera vacunado, era plantarme en Valencia a beber horchata valenciana hasta que el cuerpo aguantara olvidando a cada trago este aciago año de limitaciones y abstinencias. Cuál fue, entonces, mi sorpresa cuando oteé en el horizonte un quiosco de prensa anunciando horchata valenciana en la transitada calle Narváez. Una vez descartado que se trataba de un espejismo producido por la alta concentración de monóxido de carbono en mi mascarilla decidí sumarme al nutrido grupo de curiosos que rodeaba el puesto en cuestión. Cuando estuve lo suficientemente cerca vi que eran los amigos de Món Orxata.

Sobre esta empresa, sus tiendas y carritos en Valencia escribí en su momento un amplio artículo que se convirtió en el más visitado de mi ya clásica y afamada* sección “Me Chifla la chufa”. Para el que no lo haya leído Món Orxata destaca por su respeto a la tradición (elaboración de horchata fresca en Alboraya, la recuperación los carritos en Valencia, etc.), su apuesta por la innovación (ofrecen una amplía línea de productos con chufa, patentaron el utensilio ChufaMix para hacer horchata, etc.) y su respeto por el empleo digno (nadie cobra más de tres veces que el que menos, contratan gente en riesgo de exclusión social, etc.).

Tuve que esperar un buen rato hasta que llegó mi turno. Mientras era atendido me comentaron que traen la horchata desde su obrador de Valencia tres veces por semana. Se ofrece en botellas de tercio, medio y litro. Venden también horchata ecológica (una novedad en Madrid) y no falta en su kiosko su gama de productos de alimentación y cosmética a base de chufas. Por si fuera poco, además hay una oferta de venta de prensa con horchata. Una forma de que las noticias de actualidad no se nos atraganten tanto o al menos, tengan un mejor sabor. Ya saben, la crispación (como todo en esta vida) con horchata se lleva mejor.

*Opinión basada en el 100% de los encuestados. Nª de personas encuestadas: 1

Món Orxata Times

Sabor valenciano en El Retiro
  
El manifiesto más conmovedor 
desde el Cantón de Cartagena

Calle Narváez, 40
28009 Madrid

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Actualización 13/02/2026

¡Última hora! Món Orxata Times ha cerrado.


Localización en mapa de las horchaterías y otros establecimientos que elaboran horchata natural incluidas en la sección ESPECIAL HORCHATA: Me chifla la chufa


viernes, 30 de abril de 2021

Sucesores de Ignacio López (Madrid)

Déjame entrar (VII)

La limitación a la movilidad provocada por la pandemia me ha servido para redescubrir el barrio. Hasta ese momento cualquier excusa era buena para ir al centro: quedar con amigos, tomar un refrigerio o simplemente dar un paseo; nada, en realidad, que no pudiera hacer cerca de casa. Forzado por el confinamiento fui redescubriendo mercados y tiendas que iban llenando mi cesta con los productos de siempre haciéndola cada vez más reconocible. Menuda sorpresa descubrir que el pan de León, las ollas de chorizo o las tejas de Montilla que antes compraba en el centro siempre estuvieron en la panadería de mi calle.

No tuve la misma suerte con los frutos secos. Me fue imposible encontrar en mi barrio algo tan sencillo como unas buenas almendras, avellanas o nueces nacionales. Recorrí todas las tiendas, mercados y supermercados del distrito en su busca sin suerte. Sobreviví durante un tiempo con producto foráneo hasta que después de casi perder un piño por culpa de unas avellanas georgianas sólo aptas para mandíbulas forjadas con el acero de los cañones de Leningrado me dije basta. Así que llamé por teléfono a Sucesores de Ignacio López (mi proveedor habitual de la zona centro a la que en aquellos momentos no tenía acceso por no ser un turista en busca de bares donde beberse el agua de los floreros) y me informaron de que tenían reparto a domicilio.

Este establecimiento es desde hace más de una década mi suministrador oficial de frutos secos y desde hace más de ochenta de toda la ciudad de Madrid. Me gustan especialmente sus variedades tostadas con un tueste perfecto que sólo ellos saben darle. Ahora puedo seleccionar en su web almendras, avellanas, nueces, piñones, pistachos, uvas pasas, higos o ciruelas de origen español y recibirlos en casa sin portes a partir de 75 euros.

Ya puedo disfrutar sin mascarillas de una despensa bien repleta de Omega3 y de ácidos grasos monoinsaturados que deja a la madriguera de Chip y Chop a la altura del betún.

Almendra tamarit

Mi pedido

Sucursal de Lavapiés

Pedidos Sucesores de Ignacio López


Avenida de Menéndez Pelayo, 63
28009 Madrid

Calle de la Torrecilla del Leal, 32
28012 Madrid

martes, 9 de marzo de 2021

Café Bar Ferpal

Madrid, Madrid, MadRIP... (VIII)

Recuerdo una calle Arenal con personalidad comercial propia, cuando te trasladabas hasta ella desde la otra punta de Madrid para ir de compras. Quién no conserva un transistor de sus decomisos, un diccionario escolar de la Librería Multicolor, un belén de Palomeque o un costurero de Lanas Alondra. Mis desplazamientos a esta calle se redujeron coincidiendo con el avance del proceso vulgarizador que estandariza nuestros centros urbanos. Hoy se cuentan con los dedos de una mano los negocios dignos de mención: Taller de Posticería Monje´s, Esteve Shoes, Unión Musical, Tiendas Así y Calzados Coimbra. Me pregunto cuánto tardarán las galerías comerciales del número ocho en transformarse en un Carrefour Exprés y el Museo del Ratoncito Pérez en ser sustituido por una tienda  Disney.

Con el reciente cierre de Ferpal la calle pierde mi principal motivo de atracción: sus sándwiches. Esos triángulos de pan blanco inglés con rellenos batidos. Hace muchos años había un debate en Madrid de si eran mejores los sándwiches de Ferpal o los de Rodilla. Yo no había tomado posición por ningún negocio porque dependiendo del relleno elegido acudía a uno u otro. Esta dicotomía desapareció para mí el fatídico día en el que Rodilla dejó de ser un negocio familiar y se convirtió en una franquicia que desplegó sucursales como setas, casi tantas como variantes de sus rellenos, algunos difícilmente comprensibles, servidos por pipiolos con uniforme de hamburguesería. Mientras Rodilla se autoproclamaba como “el sándwich más famoso del mundo” siempre agradeceré a Ferpal que conservara su sobriedad, la calidad del producto, la atención profesional, su concepto de negocio y su decoración entre art decó y setentera.

Pero no echaré sólo de menos sus sándwiches. Ferpal era también una tienda con un amplio surtido de charcutería, quesería y conservas con precios para todos los bolsillos. Su deslumbrante mostrador de quesos exponía desde un García Baquero, pasando por un zamorano de Arribes a un rarísimo ejemplar de importación. Una oferta gastronómica extraordinaria en estos tiempos en los que los mercados locales son expulsados del centro convirtiéndose así Ferpal en una buena opción donde poder surtirse de estos productos básicos. También añoraré la cafetería donde podías pedir un café en vaso de caña mientras tomabas el pulso al barrio en esa barra que era un club social para vecinos y todos aquellos forasteros que allí se sentían como en casa. Un cierre que dejará un hueco en mi estómago solo comparable a esta nueva mutilación que en su ADN ha sufrido la ciudad de Madrid.

Ferpal ha echado el cierre
 
Decoración setentera elegante
 
Otro detalle de la fachada

Café Bar Ferpal
Calle del Arenal, 7
Barrio de Sol (Madrid)
28013 Madrid