miércoles, 11 de febrero de 2026

Horchatería Subies (Valencia)

ESPECIAL HORCHATA: Me chifla la chufa (LXII)

Almàssera es un pequeño municipio de la l'Horta Nord ligado a la agricultura y que mantiene en la actualidad el cultivo de la chufa. Uno de sus atractivos es su Museo de la Huerta, donde la chufa y su transformación en horchata tiene su merecido espacio. En este pueblo en 1959 Juan Ruiz Subies abrió una fábrica de horchata. En la actualidad Subies cuenta con otros dos locales, en Massamagrell y Valencia ciudad.

Descubrí Subies en su local de Valencia durante un viaje a la capital del Turia en 2021. Recuerdo ese día porque me dieron a probar una crema de chufa un sabor que cual Magdalena de Proust pero en versión mediterránea y mucho más fresquita me trasladó a mi primera crema de chufa muchos años atrás en la tristemente desaparecida Horchatería El Siglo (primera horchatería de esta sección). La crema de chufa de Subies se elabora con la primera extracción de la horchata para potenciar su sabor así que solo es acta para chuferos convencidos y/o experimentados.

En esa primera visita además de degustar sus productos me ilustraron sobre cómo diferenciar la chufa valenciana que ellos emplean de la de origen marroquí para finalmente adquirir una coca de chufa que fue todo un éxito en casa. Regresé a Madrid convencido de añadir Subies en mi listado de horchaterías que visitar en mis viajes a Valencia como así ha sido hasta hoy y con el deseo aún no cumplido de visitar en un futuro próximo su sede de Almàssera.

Su local frente a las Cortes Valencianas

Horchata Subies
 
La rechufa

Horchaterías Subies:

Carretera de Barcelona, 10
46132 Almàssera (Valencia)

Passeig Rei en Jaume, 5
46130 Massamagrell (Valencia)

Plaza San Lorenzo, 2
46003 Valencia (Valencia)

Localización en mapa de las horchaterías y otros establecimientos que elaboran horchata natural incluidas en la sección ESPECIAL HORCHATA: Me chifla la chufa

martes, 10 de febrero de 2026

Solo en tu pueblo

Este artículo es un homenaje a los pueblos que conservan una gastronomía propia y a sus platos más emblemáticos; esos pequeños municipios que por su aislamiento, singularidad y defensa de la tradición custodian recetas únicas que solo conocen ellos y que no se ha exportado a otros lugares más grandes y poblados en los que hay de todo y al final todo es lo mismo.

En este artículo encontrarás algunas propuestas que sorprenden por lo extraño de su denominación, su aspecto o por la combinación de sus ingredientes, también otras mucho más familiares pero con una marca de la casa que las distingue de cualquier otra. En cualquier caso, sabores que trasladan a un pasado y una tradición ligadas al paisaje, la economía, las gentes, sus costumbres y oficios. Un patrimonio gastronómico en muchos casos amenazado por la despoblación, el olvido y la homogeneidad que acarrea un mundo globalizado.

Si conoces un plato que solo se elabora en tu pueblo no dudes en compartirlo con nosotros.

¡Vamos a ello!

Limón serrano.

El Balcón de la Plaza (La Alberca)

La Alberca es pueblo de excelente turrón, un producto que por su personalidad, tradición y calidad ya se le dedicó un artículo en el pasado.  Pero esta localidad de La Sierra de Francia tiene en su haber un plato un tanto peculiar, una especia de ornitorrinco llevado al universo gastronómico. ¿Imaginas una ensalada compuesta por chorizo, cerdo ibérico, naranja, limón y huevo con vinagreta de aceite de oliva, vino tinto, ajo y yema? Yo no hasta llegar a La Alberca.

El limón serrano es un plato popular, que con ligeras modificaciones se hace en casa y también se consume fuera, como en el Restaurante El Balcón de la Plaza. La propietaria de este local abierto hace veintiséis años me comenta que su padre lo hacía escabechado, que lo piden muchos vecinos y algunos turistas, asegurándose primero que estos últimos saben a lo que se enfrentan. Lo amas o lo odias, como todo en estos tiempos tan polarizados. Yo lo amé.


Limón serrano
  
Plato típico
  
La Alberca

Almendras de Villafrechós.

Confitería Cubero (Medina de Rioseco)

Silverio Cubero Marqués comenzó a elaborar almendras garrapiñadas en la pequeña Villafrechós a finales del siglo XIX. Almendra, azúcar, agua, un buen perol y mucha maña dieron lugar a las “almendras de Villafrechós” que pronto recibieron premios y distinciones, entre ellas, una medalla de plata de la Exposición Universal de Barcelona de 1888. Este dulce de Villafrechós traspasó sus confines paseándose por las ferias más prestigiosas y deleitando a los paladares más selectos.

No duró mucho la alegría en Villafrechós porque en el siglo XX los Cubero emigraron y con ellos sus almendras; unos a Valladolid, donde mantuvieron la tradición por todo lo alto 65 años hasta que cerraron en 2023, otros a Medina de Rioseco, donde desde 1944 las elaboran de la misma forma solo que sustituyendo el viejo perol de cobre por uno eléctrico lo que desde el punto de vista sanitario es de agradecer. En la actualidad estas almendras se elaboran en un obrador a 17 kilómetros del pueblo que les dio nombre ¿No es triste?

Tarjeta de almendras de Cubero (Medina de Rioseco)
  
Tejas y almendras de Cubero (Valladolid)
  
Medina de Rioseco  

Fisuelos.

La Bolera (Robles de Laciana)

Soy hijo de inmigrantes lacianiegos que fijaron su vida en Madrid. Cuando era pequeño observaba con asombro cómo mi madre con la ayuda de un cacillo dibujaba en la sartén espirales perfectas con “batudu”. Estaba haciendo fisuelos, que una vez fritos apilaba en un plato hasta levantar una Torre de Babel capaz de despertar la ira de cualquier nutricionista infantil.

Una merienda para mi yo del pasado tan reconocible como los churros y las rosquillas, pero no para mis compañeros del cole. Cuando les comunicaba que esta tarde en casa tocaba “fisuelada” la sorpresa era mutua, la de mis compañeros porque no sabían de qué diantres estaba hablando y la mía porque pensaba que era imposible que nunca los hubieran probado. ¡Tristes infancias las suyas!

Viajo hasta Laciana para comer fisuelos en su contexto. En su capital, Villablino, es fácil encontrarlos en las cafeterías, acompañados con chocolate caliente o incluso ofrecidos como tapa. Mi prima me recomienda los de una casa rural en Robles. En su terraza familias al completo se solazan comiendo torres de fisuelos. Vuelvo a Madrid convencido de que no son solo una receta sino también parte de mi propia identidad.

Fisuelos de La Bolera
  
Fisuelos de tapa en Villablino
 
San Miguel de Laciana

Pulpo a la sanabresa.

Mesón Abelardo (Puebla de Sanabria)

Sanabria es la primera comarca de esta sección a la que llego en tren de alta velocidad. No sé si el hecho poder llegar ahora de esta forma a la localidad supondrá para ella el fin del aislamiento sufrido en su historia reciente, una historia marcada por el olvido, la despoblación y en algunos casos el silencio, en ocasiones impuesto desde las altas esferas (como sucedió con en el caso de la catástrofe de Ribadelago, una tragedia que arrasó un pueblo entero, y que ocultaron los libros de historia de España).

En el Mesón Abelardo de Puebla de Sanabria encuentro un pulpo “a feira” más antiguo que el gallego. Cuentan las crónicas que al Reino de León llegaba en fiestas pulpo seco gallego que se mejoraba con aceite de oliva y pimentón extremeño. Más tarde esta receta se extendió también a ferias gallegas, de ahí su nombre. La diferencia respecto al gallego es que el pulpo a la sanabresa contiene ajo picado. Lo degusto con deleite y llego a la conclusión de si el bacalao es el pescado de las poblaciones del interior peninsular, el pulpo puede erigirse en el molusco del secano.

Pulpo a la sanabresa de Mesón Abelardo
  
Pulpo a la sanabresa en San Martín de Castañeda
 
Ribadelago

Leche helá.

Heladería Ismael´s (Madrigal de la Vera)

Este postre nos traslada a la cara sur del la Sierra de Gredos. En el pasado durante el verano los pastores ascendían a sus cumbres en busca de pastos para sus cabras. Como hasta esos parajes no llegaba el carrito del helado ni “La Hieloneta” el cabrero mezclaba y removía en un cántaro nieve, leche y azúcar. La leche helá hoy se elabora en casa y en algunos locales de La Vera. No confundir con otro producto local, la leche helada de Tordesillas, con la que comparte nombre pero difiere en elaboración, ingredientes y origen.

La pruebo en la Heladería Ismael´s en Madrigal de la Vera. La producen solo en verano y es elaborada de la siguiente manera: mezclan leche de cabra con azúcar, la congelan, luego la tuestan y, por último, la vuelven a congelar. Intensa, refrescante y con un punto tostado. Se puede encontrar en otros pueblos de La Vera y la he visto en El Raso, al otro lado del Alardos. Date prisa porque el proyecto Slow Food advierte del riesgo de desaparición en el lugar tanto de este dulce como de la propias cabritas que proporcionan la leche.

Leche helá
 
Heladería Ismael´s
 
Madrigal de la Vera

Pincho de lechazo.

Mesón Molinero (Traspinedo)

Otro producto con origen pastoril, en esta ocasión en el Traspinedo del siglo XIX, consistía en asar sobre brasas tajadas de cordero ensartadas en varas de madera. La carne para el trabajador y el hueso para su perro que así liberaba endorfinas. Hoy es la principal atracción de Traspinedo. Dispone de marca registrada, una feria a finales del mes septiembre y se ofrece en seis mesones autorizados.

Acudo al mesón que adaptó este manjar a la hostelería hace más de medio siglo. Lechazo de raza churra castellana, cortado, salado, ensartado en pinchos metálicos con empuñadura de madera y cocinado sobre brasas de sarmiento. Una carta reducida como marca la tradición de Traspinedo: ensalada, embutido y poco más, se va a lo que se va. Si quieres se puede rematar con una tarta de piñones en Tierra de Pinares porque para un buen dulce, siempre queda sitio.

Pincho de lechazo
  
Cocina
 
Traspinedo
     

Tarta babiana.

Restaurante García (Villasecino de Babia)

Me traslado de la meseta a la montaña. Estoy en Babia, pero no en estado de ensimismamiento como afirma el dicho sino más bien al contrario, con todos mis sentidos activados para aprovechar las posibilidades que ofrece su paisaje, gastronomía y cultura. Para sentirme más integrado compro una camiseta de "Estar en Babia" en un súper de San Emiliano. Su estampa es de Manolo Sierra, pintor aferrado a las causas justas y siempre dispuesto a colaborar con estos pueblos de la montaña leonesa. Una camiseta que cuando la enfundo fuera de León es un imán que atrae hacia mi persona a melancólicos babianos residentes en otras provincias en un particular "Babianos por el mundo".

Producto autóctono de esa tierra es la tarta babiana. Plato vinculado a la trashumancia y la dureza del clima, nacido de la conjunción de subsistencia, aprovechamiento y resistencia. La receta es más o menos así: fríes restos de pan de hogaza, abundante mantequilla y añades azúcar al final; retiras del fuego, incorporas huevos batidos y leche; para terminar toda la mezcla al horno; todo a ojo porque la receta es de una abuela. Me gustó la del Restaurante García, lugar donde cantan el menú del día y en el que no es extraño encontrar tarta babiana de postre. Tras semejante ingesta dispones de calorías como para recorrer Babia, seguir por Teverga, Grado, Candamo y darte un baño en la Playa del Aguilar.

Tarta babiana

Restaurante García: la cuchara no falta ni en julio
    
Lago de Babia: el pueblo con murales de Manolo Sierra
  

Mandanga.

La Bodeguilla (Fregenal de la Sierra)

Fregenal de la Sierra dispone de una rica gastronomía con platos reconocibles como el guarrito frito, las castañuelas a la brasa, el revuelto de gurumelos, el bacalao dorado o las perrunillas, estas últimas fáciles de encontrar en las panaderías y que en el pasado dieron nombre a su actual Plaza de la Constitución debido a su forma. Mucho más difícil de localizar una receta exclusiva de la cocina frexnense, la mandanga. En este guiso el protagonismo es para vísceras, callos, patas de cordero y morcilla lustre. Es muy popular en fiestas y en los fogones de las familias, pero cada vez más inusual en las cartas de sus restaurantes debido, según algunas fuentes consultadas, a la dificultad de encontrar la materia prima, el elevado precio de la misma y lo laborioso de su realización.

Yo la pruebo en La Bodeguilla, en el Barrio Sur. Me la sirve una cocinera orgullosa tanto de la mandanga como de la caldereta de cordero, dos platos cada vez menos habituales. Su madre trabajaba en el Quiosco de Andrés López,  donde la mandanga era la tapa reina y ella se encarga todavía de mantener viva la receta. Si eres aficionado a los guisitos, a la casquería y a mojar pan no te lo debes perder. Andrés Galván, administrador de Te Quiero Fregenal me apuntó además una segunda dirección, el Hogar del Pensionista, lugar al que se puede acceder sin necesidad de saber jugar a la petanca, de que te guste mirar obras o de que aún utilices una cuenta de Facebook. Para terminar, recomiendo el capítulo dedicada a este plato del programa gastronómico La Prueba, similar a la prueba de exteriores de MasterChef pero sin comentarios tóxicos del jurado.

Mandanga de la buena
  
En el Barrio Sur

Tripas del castillo

Crestas bonacheras.

La Manchuela Gastrobar (Buenache de Alarcón)

En la comarca conquense de La Manchuela se ubica un pequeño pueblo llamado Buenache de Alarcón. Visité esta localidad acompañado de mi amigo José. Este pequeño pueblo posee una bonita iglesia, un lavadero municipal recién restaurado y un plato autóctono cuyo nombre no lleva a engaño sobre la procedencia de su materia prima: las crestas bonacheras.

Mi amigo José me contó que la primera vez que él probó esta comida en el pueblo fue en el desaparecido Restaurante María José, un establecimiento de cocina tradicional. Su local fue ocupado el año pasado por La Manchuela Gastrobar, fruto de la unión de dos bares de la zona El Hachazo y el Lisanjucar y que mantuvo en carta el tradicional plato, lo que debemos agradecerles porque actualmente es el único lugar donde puede probarse en el pueblo.

José me advirtió que La Manchuela Gastrobar destaca por la fusión de cocina tradicional y de vanguardia lo que se aprecia en el propio local (que posee una imagen muy sobria en el exterior que contrasta con un comedor mucho más moderno) y en su oferta gastronómica con platos tradicionales y otros más originales y vanguardistas.

Pedimos una selección que trajera a nuestra mesa el ayer y el hoy de la gastronomía local. Destaco en el primer capítulo las mencionadas crestas que preparan primero conociéndolas y luego asándolas y acompañadas de una salsa ligeramente picante. Y en el segundo una debilidad mía, la oreja, que aquí sirven bien crujiente, algo picante y servida sobre parmentier de plátano macho y con una presentación impactante.

José, no es por presionar, pero cuando quieras volvemos.

Crestas bonacheras

Interior del local
 
Iglesia de San Pedro Apóstol

jueves, 18 de diciembre de 2025

Próxima parada: el turrón y las peladillas de Casinos

Como cada diciembre y como bien dice el anuncio “vuelvo a casa por Navidad”. En mi caso vuelvo a mi ruta turronera anual. Después de descubrir la Feria de Navidad de Jijona, a las turroneras de La Alberca y a las caravanas del turrón de Fregenal de la Sierra no tenía nada claro cuál iba a ser mi próximo destino. Sobre el papel había varias candidaturas, pero al final tomé la decisión de visitar la Feria del Dulce de Casinos. Solventado el asunto de cómo llegar (en los autobuses La Chelvana) y dónde dormir (en la Pensión Lucía) solo quedaba decidir qué maleta llevar y eso se resolvió rápidamente, ¡la más grande!

Mi paso por Jijona, Fregenal de la Sierra y La Alberca

El municipio

Casinos es un municipio perteneciente a El Camp de Túria, a unos 40 km de Valencia. Con una población de unos 3000 vecinos Casinos (que hasta 1843 pertenecía al municipio de Llíria) es famosa por los obradores de turrones y de peladillas ubicados en la Avenida de Valencia, pero su principal actividad siempre fue la agricultura: con dominio de algarrobos, olivos y viñedo en el pasado y de frutales en el presente.

Monumentos y paisajes de Casinos

Consecuencia de esta dependencia con el suministro de agua, Casinos cuenta con un interesante patrimonio histórico de infraestructuras hidráulicas como aljibes o pozos. Algunas de estas obras han desaparecido como la cisterna de tipo árabe con una capacidad de un millón de litros derruida de forma inconcebible en 1968. En pie aún quedan los aljibes de los Molineros y la Torreseca (junto a la Ermita de San Roque y el Parque de la Torreseca, respectivamente), el Pozo Público, en el centro del municipio (junto a la Iglesia y la Plaza Mayor) restaurado en 1919-20, y al que muchos vecinos recuerdan como la oficina de correos y un ejemplo más actual lo podemos encontrar en la curiosa escalinata de la Central Hidroeléctrica de Casinos, al otro lado de la CV-35.

Patrimonio del agua en Casinos

En la oficina de correos del Pozo Público trabajó Miguel Peñarrocha. El “Tío Pallús” que fue cartero, barbero, turronero y unos cuantos oficios más, vamos, un auténtico hombre del Renacimiento, pero por lo que pasó a la historia de Casinos, sin pretenderlo, fue como aficionado a la fotografía. Entre los años 50 y 80 realizó más de ocho mil fotografías en las que retrata todas las vicisitudes del municipio: festividades, oficios, monumentos, etc. En definitiva, un relato visual imprescindible para conocer el Casinos del pasado y del presente. Sus hijos, M.ª Carmen y Luis Miguel, han luchado por la conservación, integridad y difusión de ese patrimonio que con gran generosidad entienden no solo es de los “Pallús” sino de sus habitantes. La colaboración entre la familia, el Ayuntamiento y los alumnos del Taller de Empleo de Casinos dio lugar a una web con 6313 de sus fotografías que son memoria viva de este pueblo y que atrapan con sus imágenes a cualquier observador aunque no sea vecino del pueblo.

Collage con fotos de mujeres y oficios de Casinos
Archivo Fotográfico de la Familia Peñarrocha
Para consultar las fotografías hacer clic AQUÍ

Material original de Miguel Peñarrocha, el “Tío Pallús”

Los turrones y las peladillas

El “Tío Pallús” nunca fotografió al introductor de las peladillas y turrones en Casinos, Manuel Jarrín Pérez, pero tenemos las divertidas ilustraciones de Sara H. Peñalver que en su obra “Peladillas por el Mundo” nos relata los datos fundamentales de su biografía. Un ourensano que a finales del siglo XIX se convierte en el rey de los dulces en la otra punta del país no elaborando bica de Trives para combatir la morriña sino algo tan poco gallego como peladillas y turrones. Lo hace por la aparición en su vida de dos personajes: un turronero de Alpuente que le ofreció la receta y los utensilios de su oficio y Carmen Murgui Rocher, una casinense con la que contrajo matrimonio y que fijó su destino para siempre en Casinos. La pareja abrió un obrador que inauguró una artesanía por la que es conocido el municipio en toda la Comunidad Valenciana.

Ilustración de la obra "Peladillas por el Mundo"
Autora: Sara H. Peñalver para @les_peladilles
Para consultar la obra hacer clic AQUÍ

Peladillas, almendros y M. Jarrín en el callejero de Casinos

Y así hasta la actualidad convirtiendo a Casinos en una parada imprescindible en la ruta del dulce valenciano. En todos estos años se han creado, trasformado y cerrado obradores. Entre los desaparecidos los vecinos recuerdan aún los de Gloria, Vidal o R. Casinos, el último en bajar la persiana fue el de Fina este mismo año. Los obradores se ubicaban en la Avenida de Valencia, la antigua carretera comarcal C-234, gran vía comercial del pueblo. Si en Astorga o Unquera te bajabas del automóvil para comprar mantecadas o corbatas aquí los conductores hacían un alto para adquirir peladillas.

Otro punto de venta que apunta Luis Miguel, el “Pallús”, era en los autobuses La Chelvana, donde subían las mujeres a vender las peladillas cuando este hacía parada.

Los obradores cerrados


Despachando peladillas en Gloria
Archivo Fotográfico de la Familia Peñarrocha
Para consultar las fotografías hacer clic AQUÍ

La Feria del Dulce y los obradores

La Feria del Dulce es el gran acontecimiento del turrón de Casinos. Se celebra desde el año 2000 y es anterior a la Feria de Navidad de Jijona. La de Casinos es una de las fiestas gastronómicas más importantes de Valencia y es aquí donde los artesanos del municipio ofrecen sus turrones clásicos y presentan sus novedades. En 2020 cambió de ubicación desde el Recinto Ferial Gallipatos a la Avenida de Valencia, cambio celebrado porque devuelve el protagonismo a la calle de los obradores y tiendas. La fiesta se acompaña de actividades deportivas, lúdicas y culturales convirtiéndose el evento en una gran celebración. Tiene lugar el último fin de semana de noviembre pero es el sábado y el domingo cuando la feria es tomada por valencianos ávidos de dulce.

Los turrones más vendidos suele ser los clásicos: blando y duro que no pueden denominarse de “Jijona” y “Alicante” porque estas son denominaciones protegidas por una Indicación Geográfica Protegida que exige su producción en Jijona, pero aquí hemos venido a comer y comprar turrón de Casinos. La variedad es enorme y los artesanos compiten por presentar una nueva y sorprendente variedad cada año. Por supuesto no pueden faltar las peladillas: clásicas, de chocolate, garrapiñadas y roñosas y que nada tienen que ver con esas típicas bolitas que se regalaban antaño en los bautizos o que formaban parte de las cestas de Navidad de las empresas. Estas están a otro nivel y merece la pena probarlas para entender lo clara que está la diferencia. Tampoco pierdas la oportunidad de completar tu cesta con otros dulces valencianos como cascas, cocas Cristina o panquemados. Ya te dije que aquí había que llevar una maleta grande.

Las actividades de la Feria del Dulce

Los únicos cuatro obradores artesanos que actualmente tienen producción en Casinos son los siguientes:

Su historia comenzó hace quince años cuando Trini Abad aceptó el traspaso de la Turronería Niñerola en la Avenida de Valencia 85. En la actualidad tienen el obrador y la tienda en el otro extremo de la Avenida, en el número 3, en el antiguo local familiar de la panadería en la que trabajaron sus padres. Trini mantiene la maquinaria y las recetas de los turrones de José Niñerola sin dejar de aportar nuevos sabores como el de caramelo salado este año, consolidando así su fama de ser una de las turronerías más innovadoras de Casinos. La herencia del obrador de pan está presente con una gran variedad de bocadillos que hacen las delicias cada mañana de los vecinos, trabajadores, moteros y ciclistas en ruta. También elabora turrones sin azúcar para permitir que los diabéticos también puedan disfrutar de unas buenas Navidades.


La turronería con más proyección fuera de Casinos junto a la desaparecida Turrones Chimo. Conocí sus turrones, peladillas y chocolates hace años en el Mercado Central de Valencia donde tiene un puesto y escribí sobre ellos en mi “Ruta de turronerías por Valencia”. El origen de esta turronería está ligado a Casinos y a Juan Bautista Navarro, que aprendió el oficio de Manuel Jarrín Pérez, abriendo su propio negocio en los años cuarenta. Desde entonces la turronería ha pasado de padres a hijos hasta llegar a la tercera generación con Pascual como gerente y tras el mostrador la bisnieta del fundador. Una saga familiar turronera en un sector en el que la falta de continuidad familiar ha cerrado muchos negocios. A destacar las roñosas de Casinos, una peladilla de color rosa que al contrario de lo que parece indicar su nombre es una auténtica joya.


Si te das un paseo por la Avenida de Valencia aún podrás ver cartelería de la Fábrica de Peladillas y Turrones R. Casinos, que fue toda una institución en el municipio. Cuando Rogelio Casinos se jubiló enseñó el oficio a los propietarios de Turrones Casinos hace casi ya 23 años. El obrador, dirigido por Pablo y Víctor, elabora turrones tradicionales (blando, duro, yema…), turrones de chocolate (planchas, trufados, tres chocolates…) y turrones pralinés, como el muy tentador de almendra y avellana con pepitas de chocolate puro que acabó en mi cesta de la compra. Además de turrones también puedes adquirir productos típicos valencianos como rosquilletas, pasteles de boniato o congrets, una más que potente pastita de anís.


Al entrar en la tienda de Turrones Apolonia destaca en la estancia un cuadro de Santa Apolonia, cristiana que por no renunciar a su fe perdió todos los dientes y que bien podría ser la patrona de los turroneros, pero que acabó siéndolo de los dentistas, un colectivo, que por otra parte le debe tanto al turrón y especialmente al duro. El nombre de la turronería en realidad está relacionado con el nombre de la fundadora, Apolonia Sancho Jarrín, la “Tía Apolonia”. Desde 1965 elaboran turrones y peladillas siempre priorizando los productos de proximidad en la que destaca almendra marcona local. No son los únicos productos elaborados con deliciosa almendra, también dispone de fabiolas (bizcocho popular en Alicante), torta cristina (masa fina sobre oblea) o malagueños (bolitas de almendra molida) que colman de placer a los fanáticos de este fruto seco.

No tienes que esperar a la próxima Feria del Dulce para comprar peladillas y turrones de Casinos. Aunque haya finalizado la edición de este año las tiendas de estos obradores están abiertas, a pleno rendimiento, con gran afluencia de clientes, en especial los fines de semana. Adquirir en cualquiera de ellos sus turrones y dulces es garantía de pasar unas muy dulces Navidades. En algunos casos también puedes adquirir sus productos a través de sus páginas Web. 

El botín del sábado

Siempre maleta grande

Agradecimientos

A Manuela Esteban, Nela, concejala de la Feria del Dulce, que cuando le hice una consulta sobre el Archivo Fotográfico de la Familia Peñarrocha me ofreció el contacto con Luis Miguel.

A Luis Miguel Peñarrocha, “Pallús”, que me recibió amablemente en su casa, compartió conmigo los recuerdos de su padre y de los obradores de turrón de Casinos, y como dulce colofón me ofreció su turrón de guirlache casero, el mismo que le enseño hacer su padre, que entre otros muchos oficios también fue turronero.

A Sara H. Peñalver, a la que pedí permiso para reproducir una de sus viñetas de su obra “Peladillas por el Mundo” para este artículo, y que gracias a la magia de la ilustración ha conseguido lo que parecía imposible, que una peladilla además de dulce pueda ser muy “salada”.

A todos los que han conversado conmigo ofreciéndome sus vivencias durante esta gran fiesta del turrón.

Y, por supuesto, a todos los trabajadores de las tiendas y obradores a los que he acribillado a preguntas y que amablemente me han respondido y con cuya aportación podría haber realizado no un artículo sino un libro. Gracias por mantener viva la cultura, la tradición y la dignidad del trabajo artesano del que en gran medida depende la memoria de un pueblo.

En el ADN del pueblo

En el recuerdo de los que pararon
Postal fechada en el año 1983
Perteneciente a mi colección

martes, 3 de junio de 2025

Confitería La Mallorquina (Oviedo)

Oviedo es una ciudad que visito con asiduidad y que siempre me hace sentir como en casa. Cuando voy allí uno de los rincones que siempre visito es la pastelería “La Mallorquina”, situada en la calle Milicias Nacionales a espaldas de la escultura de Woody Allen. En 2019 me llevé un gran susto cuando descubrí que el cartel de “La Mallorquina” había sido sustituido. Pensé que había vuelto a suceder: regreso a una ciudad y una de las pastelerías de toda la vida que frecuentaba ha cerrado. Me tranquilicé al entrar y observar el mismo mobiliario, los mismos trabajadores y el mismo magnífico producto. Si todo seguía igual ¿qué había pasado?

En Madrid quedan ya pocos comercios centenarios. Uno de los que sobrevive es una pastelería situada en plena Calle Mayor y famosa por sus napolitanas. Su nombre es conocida tanto por los miles de turistas que atestan sus calles como, lógicamente, por generaciones de madrileños que han respondido en algún momento de su vida a la pregunta—¿Dónde quedamos?— con un —En La Mallorquina”—. Pues al parecer la pastelería homónima de Madrid registró el nombre de “La Mallorquina” y como consecuencia todas las confiterías de España que tuvieran este nombre (y me consta que son un número considerable) debían pagar un canon a la de Madrid aunque en su tierra nunca hubieran oído hablar de esta cafetería. Así que “La Mallorquina” de Oviedo decidió acortar su nombre y sustituirlo por el más breve de “La Mallor” sin cambiar por ello ni la calidad de su género ni la solera de su cafetería interior ni por supuesto la costumbre de los ovetenses por llamar a su cafetería y pastelería por su nombre original. Porque en Oviedo, “La Mallor”, sigue siendo “La Mallorquina” de toda la vida.

Así que sea “La Mallor” sea “La Mallorquina” para mí es un lugar destacado de mi ruta del dulce de Oviedo, localidad de primer orden nacional en este apartado. No es extraño que durante mis estancias la visite más de una vez al día: una siempre programada a la que sigue una segunda o tercera llamémosla accidental, porque pasaba por allí. En su interior no han faltado desayunos, almuerzos, meriendas y cenas tanto solo como en buena compañía. Con un bocado que suele ser dulce pero donde no falta el salado cuando mi restaurante de referencia está cerrado. En definitiva, un local que estará siempre ligado en mi memoria a la ciudad de Oviedo por muchas veces que pueda cambiar de nombre.

Dulce
   
Salado
   
Antigua tarjeta

Calle Milicias Nacionales, 5
33003 Oviedo