miércoles, 8 de julio de 2026

Solo en tu pueblo

Este artículo es un homenaje a los pueblos que conservan una gastronomía propia y a sus platos más emblemáticos; esos pequeños municipios que por su aislamiento, singularidad y defensa de la tradición custodian recetas únicas que solo conocen ellos y que no se ha exportado a otros lugares más grandes y poblados en los que hay de todo y al final todo es lo mismo.

En este artículo encontrarás algunas propuestas que sorprenden por lo extraño de su denominación, su aspecto o por la combinación de sus ingredientes, también otras mucho más familiares pero con una marca de la casa que las distingue de cualquier otra. En cualquier caso, sabores que trasladan a un pasado y una tradición ligadas al paisaje, la economía, las gentes, sus costumbres y oficios. Un patrimonio gastronómico en muchos casos amenazado por la despoblación, el olvido y la homogeneidad que acarrea un mundo globalizado.

Si conoces un plato que solo se elabora en tu pueblo no dudes en compartirlo con nosotros.

¡Vamos a ello!

Limón serrano.

El Balcón de la Plaza (La Alberca)

La Alberca es pueblo de excelente turrón, un producto que por su personalidad, tradición y calidad ya se le dedicó un artículo en el pasado.  Pero esta localidad de La Sierra de Francia tiene en su haber un plato un tanto peculiar, una especia de ornitorrinco llevado al universo gastronómico. ¿Imaginas una ensalada compuesta por chorizo, cerdo ibérico, naranja, limón y huevo con vinagreta de aceite de oliva, vino tinto, ajo y yema? Yo no hasta llegar a La Alberca.

El limón serrano es un plato popular, que con ligeras modificaciones se hace en casa y también se consume fuera, como en el Restaurante El Balcón de la Plaza. La propietaria de este local abierto hace veintiséis años me comenta que su padre lo hacía escabechado, que lo piden muchos vecinos y algunos turistas, asegurándose primero que estos últimos saben a lo que se enfrentan. Lo amas o lo odias, como todo en estos tiempos tan polarizados. Yo lo amé.


Limón serrano
  
Plato típico
  
La Alberca

Almendras de Villafrechós.

Confitería Cubero (Medina de Rioseco)

Silverio Cubero Marqués comenzó a elaborar almendras garrapiñadas en la pequeña Villafrechós a finales del siglo XIX. Almendra, azúcar, agua, un buen perol y mucha maña dieron lugar a las “almendras de Villafrechós” que pronto recibieron premios y distinciones, entre ellas, una medalla de plata de la Exposición Universal de Barcelona de 1888. Este dulce de Villafrechós traspasó sus confines paseándose por las ferias más prestigiosas y deleitando a los paladares más selectos.

No duró mucho la alegría en Villafrechós porque en el siglo XX los Cubero emigraron y con ellos sus almendras; unos a Valladolid, donde mantuvieron la tradición por todo lo alto 65 años hasta que cerraron en 2023, otros a Medina de Rioseco, donde desde 1944 las elaboran de la misma forma solo que sustituyendo el viejo perol de cobre por uno eléctrico lo que desde el punto de vista sanitario es de agradecer. En la actualidad estas almendras se elaboran en un obrador a 17 kilómetros del pueblo que les dio nombre ¿No es triste?

Tarjeta de almendras de Cubero (Medina de Rioseco)
  
Tejas y almendras de Cubero (Valladolid)
  
Medina de Rioseco  

Fisuelos.

La Bolera (Robles de Laciana)

Soy hijo de inmigrantes lacianiegos que fijaron su vida en Madrid. Cuando era pequeño observaba con asombro cómo mi madre con la ayuda de un cacillo dibujaba en la sartén espirales perfectas con “batudu”. Estaba haciendo fisuelos, que una vez fritos apilaba en un plato hasta levantar una Torre de Babel capaz de despertar la ira de cualquier nutricionista infantil.

Una merienda para mi yo del pasado tan reconocible como los churros y las rosquillas, pero no para mis compañeros del cole. Cuando les comunicaba que esta tarde en casa tocaba “fisuelada” la sorpresa era mutua, la de mis compañeros porque no sabían de qué diantres estaba hablando y la mía porque pensaba que era imposible que nunca los hubieran probado. ¡Tristes infancias las suyas!

Viajo hasta Laciana para comer fisuelos en su contexto. En su capital, Villablino, es fácil encontrarlos en las cafeterías, acompañados con chocolate caliente o incluso ofrecidos como tapa. Mi prima me recomienda los de una casa rural en Robles. En su terraza familias al completo se solazan comiendo torres de fisuelos. Vuelvo a Madrid convencido de que no son solo una receta sino también parte de mi propia identidad.

Fisuelos de La Bolera
  
Fisuelos de tapa en Villablino
 
San Miguel de Laciana

Pulpo a la sanabresa.

Mesón Abelardo (Puebla de Sanabria)

Sanabria es la primera comarca de esta sección a la que llego en tren de alta velocidad. No sé si el hecho poder llegar ahora de esta forma a la localidad supondrá para ella el fin del aislamiento sufrido en su historia reciente, una historia marcada por el olvido, la despoblación y en algunos casos el silencio, en ocasiones impuesto desde las altas esferas (como sucedió con en el caso de la catástrofe de Ribadelago, una tragedia que arrasó un pueblo entero, y que ocultaron los libros de historia de España).

En el Mesón Abelardo de Puebla de Sanabria encuentro un pulpo “a feira” más antiguo que el gallego. Cuentan las crónicas que al Reino de León llegaba en fiestas pulpo seco gallego que se mejoraba con aceite de oliva y pimentón extremeño. Más tarde esta receta se extendió también a ferias gallegas, de ahí su nombre. La diferencia respecto al gallego es que el pulpo a la sanabresa contiene ajo picado. Lo degusto con deleite y llego a la conclusión de si el bacalao es el pescado de las poblaciones del interior peninsular, el pulpo puede erigirse en el molusco del secano.

Pulpo a la sanabresa de Mesón Abelardo
  
Pulpo a la sanabresa en San Martín de Castañeda
 
Ribadelago

Leche helá.

Heladería Ismael´s (Madrigal de la Vera)

Este postre nos traslada a la cara sur del la Sierra de Gredos. En el pasado durante el verano los pastores ascendían a sus cumbres en busca de pastos para sus cabras. Como hasta esos parajes no llegaba el carrito del helado ni “La Hieloneta” el cabrero mezclaba y removía en un cántaro nieve, leche y azúcar. La leche helá hoy se elabora en casa y en algunos locales de La Vera. No confundir con otro producto local, la leche helada de Tordesillas, con la que comparte nombre pero difiere en elaboración, ingredientes y origen.

La pruebo en la Heladería Ismael´s en Madrigal de la Vera. La producen solo en verano y es elaborada de la siguiente manera: mezclan leche de cabra con azúcar, la congelan, luego la tuestan y, por último, la vuelven a congelar. Intensa, refrescante y con un punto tostado. Se puede encontrar en otros pueblos de La Vera y la he visto en El Raso, al otro lado del Alardos. Date prisa porque el proyecto Slow Food advierte del riesgo de desaparición en el lugar tanto de este dulce como de la propias cabritas que proporcionan la leche.

Leche helá
 
Heladería Ismael´s
 
Madrigal de la Vera

Pincho de lechazo.

Mesón Molinero (Traspinedo)

Otro producto con origen pastoril, en esta ocasión en el Traspinedo del siglo XIX, consistía en asar sobre brasas tajadas de cordero ensartadas en varas de madera. La carne para el trabajador y el hueso para su perro que así liberaba endorfinas. Hoy es la principal atracción de Traspinedo. Dispone de marca registrada, una feria a finales del mes septiembre y se ofrece en seis mesones autorizados.

Acudo al mesón que adaptó este manjar a la hostelería hace más de medio siglo. Lechazo de raza churra castellana, cortado, salado, ensartado en pinchos metálicos con empuñadura de madera y cocinado sobre brasas de sarmiento. Una carta reducida como marca la tradición de Traspinedo: ensalada, embutido y poco más, se va a lo que se va. Si quieres se puede rematar con una tarta de piñones en Tierra de Pinares porque para un buen dulce, siempre queda sitio.

Pincho de lechazo
  
Cocina
 
Traspinedo
     

Tarta babiana.

Restaurante García (Villasecino de Babia)

Me traslado de la meseta a la montaña. Estoy en Babia, pero no en estado de ensimismamiento como afirma el dicho sino más bien al contrario, con todos mis sentidos activados para aprovechar las posibilidades que ofrece su paisaje, gastronomía y cultura. Para sentirme más integrado compro una camiseta de "Estar en Babia" en un súper de San Emiliano. Su estampa es de Manolo Sierra, pintor aferrado a las causas justas y siempre dispuesto a colaborar con estos pueblos de la montaña leonesa. Una camiseta que cuando la enfundo fuera de León es un imán que atrae hacia mi persona a melancólicos babianos residentes en otras provincias en un particular "Babianos por el mundo".

Producto autóctono de esa tierra es la tarta babiana. Plato vinculado a la trashumancia y la dureza del clima, nacido de la conjunción de subsistencia, aprovechamiento y resistencia. La receta es más o menos así: fríes restos de pan de hogaza, abundante mantequilla y añades azúcar al final; retiras del fuego, incorporas huevos batidos y leche; para terminar toda la mezcla al horno; todo a ojo porque la receta es de una abuela. Me gustó la del Restaurante García, lugar donde cantan el menú del día y en el que no es extraño encontrar tarta babiana de postre. Tras semejante ingesta dispones de calorías como para recorrer Babia, seguir por Teverga, Grado, Candamo y darte un baño en la Playa del Aguilar.

Tarta babiana

Restaurante García: la cuchara no falta ni en julio
    
Lago de Babia: el pueblo con murales de Manolo Sierra
  

Mandanga.

La Bodeguilla (Fregenal de la Sierra)

Fregenal de la Sierra dispone de una rica gastronomía con platos reconocibles como el guarrito frito, las castañuelas a la brasa, el revuelto de gurumelos, el bacalao dorado o las perrunillas, estas últimas fáciles de encontrar en las panaderías y que en el pasado dieron nombre a su actual Plaza de la Constitución debido a su forma. Mucho más difícil de localizar una receta exclusiva de la cocina frexnense, la mandanga. En este guiso el protagonismo es para vísceras, callos, patas de cordero y morcilla lustre. Es muy popular en fiestas y en los fogones de las familias, pero cada vez más inusual en las cartas de sus restaurantes debido, según algunas fuentes consultadas, a la dificultad de encontrar la materia prima, el elevado precio de la misma y lo laborioso de su realización.

Yo la pruebo en La Bodeguilla, en el Barrio Sur. Me la sirve una cocinera orgullosa tanto de la mandanga como de la caldereta de cordero, dos platos cada vez menos habituales. Su madre trabajaba en el Quiosco de Andrés López,  donde la mandanga era la tapa reina y ella se encarga todavía de mantener viva la receta. Si eres aficionado a los guisitos, a la casquería y a mojar pan no te lo debes perder. Andrés Galván, administrador de Te Quiero Fregenal me apuntó además una segunda dirección, el Hogar del Pensionista, lugar al que se puede acceder sin necesidad de saber jugar a la petanca, de que te guste mirar obras o de que aún utilices una cuenta de Facebook. Para terminar, recomiendo el capítulo dedicada a este plato del programa gastronómico La Prueba, similar a la prueba de exteriores de MasterChef pero sin comentarios tóxicos del jurado.

Mandanga de la buena
  
En el Barrio Sur

Tripas del castillo

Crestas bonacheras.

La Manchuela Gastrobar (Buenache de Alarcón)

En la comarca conquense de La Manchuela se ubica un pequeño pueblo llamado Buenache de Alarcón. Visité esta localidad acompañado de mi amigo José. Este pequeño pueblo posee una bonita iglesia, un lavadero municipal recién restaurado y un plato autóctono cuyo nombre no lleva a engaño sobre la procedencia de su materia prima: las crestas bonacheras.

Mi amigo José me contó que la primera vez que él probó esta comida en el pueblo fue en el desaparecido Restaurante María José, un establecimiento de cocina tradicional. Su local fue ocupado el año pasado por La Manchuela Gastrobar, fruto de la unión de dos bares de la zona El Hachazo y el Lisanjucar y que mantuvo en carta el tradicional plato, lo que debemos agradecerles porque actualmente es el único lugar donde puede probarse en el pueblo.

José me advirtió que La Manchuela Gastrobar destaca por la fusión de cocina tradicional y de vanguardia lo que se aprecia en el propio local (que posee una imagen muy sobria en el exterior que contrasta con un comedor mucho más moderno) y en su oferta gastronómica con platos tradicionales y otros más originales y vanguardistas.

Pedimos una selección que trajera a nuestra mesa el ayer y el hoy de la gastronomía local. Destaco en el primer capítulo las mencionadas crestas que preparan primero conociéndolas y luego asándolas y acompañadas de una salsa ligeramente picante. Y en el segundo una debilidad mía, la oreja, que aquí sirven bien crujiente, algo picante y servida sobre parmentier de plátano macho y con una presentación impactante.

José, no es por presionar, pero cuando quieras volvemos.

Crestas bonacheras

Interior del local
 

Iglesia de San Pedro Apóstol

Canónigo lebaniego.

Mesón La Vega (Vega de Liébana)

Liébana además de por sus Beatos es conocida en Cantabria por su cocido lebaniego. Esta maravilla gastronómica se sirve en dos vuelcos; primero el perol con la sopa de fideos y a continuación la fuente con los garbanzos, las carnes (chorizo, morcillo, tocino y costilla), el repollo y el pantruque. Menos conocido es el postre tradicional de la región: el canónigo, unas natillas con merengue horneado que a diferencia del cocido es aún una receta local que difícilmente puede disfrutarse fuera de aquellas hermosas montañas.

Para comer con garantías ambos platos recomiendo el Mesón La Vega, regentado por José Luis. Heredado hace muchos años de sus padres y tras una importante reforma también ofrece habitaciones. Un lugar honesto para comer y dormir, nada que ver con algunos locales de la turistificada Potes. La combinación de cocido y canónigo en este local es tan sublime que desde ese día cuando pido un cocido si no remato con un canónigo me quedo con la sensación de haberme perdido el tercer vuelco.

El Muy Ilustre Señor Canónigo

Mesón La Vega

La Vega desde su mirador

Ensalá de limón.

Restaurante Dariana (Alcázar de San Juan)

La ensalá de limón es un plato de supervivencia que aún se puede encontrar en La Mancha. Esta receta antiguamente se consumía en Alcázar de San Juan para resistir el trabajo en el campo. Así que no te dejes engañar por el nombre y sus ingredientes que se limitan a limón, cebolla, comino y mucho aceite porque la ensalá de limón es un plato único, saciante y reconstituyente. Su preparación es sencilla, se machacan todos los ingredientes y se dejan reposar, algunos añaden huevo para darle más consistencia. Un plato austero con el que Don Quijote hubiera derrotado a los gigantes que dominan el cercano Cerro de San Antón.

Se puede disfrutar de este plato en el mes de septiembre durante la Feria de Alcázar de San Juan donde se ofrece servida sobre una tapa de pan a todo aquel que quiera degustarla. El resto del año salvo que te invite un vecino a comer a su casa lo tienes difícil porque no aparece en la carta de ningún restaurante. A mí me la prepararon en el Restaurante Dariana, previo encargo, algo por lo que les estoy sumamente agradecido. Completé la experiencia gastronómica alcazareña en el mismo restaurante con una bizcochada manchega, otro plato típico de este pueblo pero mucho más conocido en Castilla-La Mancha.


Ensalá de limón

Interior castellano
 
Gigantes del cerro de San Antón


Caldero tabarquino.

Restaurante Casa Gloria (Nueva Tabarca)

La Isla de Tabarca es la única isla habitada de la Comunidad Valenciana. Su nombre deriva de Tabarka, ciudad de la costa tunecina que perteneció a la República de Génova hasta su ocupación por Túnez (1741) y Argelia (1756). Sus habitantes fueron esclavizados hasta que la diplomacia consiguió su liberación y posterior dispersión por el Mediterráneo, entre ellos las familias acogidas en esta pequeña isla por Carlos III y que desde entonces es conocida con el nombre de Nueva Tabarca. En este lugar los genoveses siguieron dedicándose a la pesca, y esa fue su principal actividad hasta que se entregó a los brazos del turismo. Hoy en Tabarca ya no hay familias y solo reside una docena de personas durante el invierno pero aún se observan apellidos italianos en los buzones de algunas casas.

En Tabarca visité Casa Gloria para probar el plato típico de la isla. Este restaurante fue fundado por Gloria Ruso (naturalización del Russo italiano) en 1960 cuando el agua era suministrada por un barco de la Marina de Guerra y la energía eléctrica por un único motor de gasoil. El “caldero tabarquino” es un guiso vinculado a los trabajadores de la mar. Se sirve en dos platos: primero el guiso de pescado, en este caso gallina, mero y déntol, todos ellos comunes en sus costas; y a continuación el arroz. La lógica del orden se explica porque el caldo del primero se usa en la elaboración del segundo. Si riegas el arroz con los restos del caldo del guiso puedes pasar por un auténtico tabarquino. Puedes terminar la comida con la tarta de Gloria, que no es bizcocho genovés sino tarta de canela muy rica perfecta para acabar una agradable velada.


Los dos platos del caldero tabarquino

Casa Gloria
  
Faro de Nueva Tabarca


martes, 7 de julio de 2026

Las horchatas alcazareñas

ESPECIAL HORCHATA: Me chifla la chufa (LXIV)

Mi primera noticia sobre la horchata de Alcázar de San Juan fue a través de una compañera de trabajo nacida en esa localidad. Ella aseguraba que de niña en su pueblo, tomaba horchata. Defendía, además, que para barquillos los de su pueblo y que Miguel de Cervantes era alcazareño. A un joven al que Telemadrid enseñaba que el oficio de barquillero era genuino de Madrid y el autor de “El Quijote” natural de Alcalá de Henares la imagen de Alonso de Quijano mojando barquillos en un vaso de horchata resultaba inverosímil, así que no di mucho crédito a su testimonio. Este recelo no fue superado hasta mi primera visita el verano pasado a Alcázar de San Juan: un día completo recorriendo un bonito pueblo manchego entre referencias a Miguel de Cervantes, barquillos y horchatas, tal y como describió mi compañera.

Esta historia comienza en Cantabria, cuna de barquilleros, de gran tradición en Toranzo, Vega del Pas y Ontaneda. En la actualidad esta septentrional región sigue siendo barquillera, tanto a nivel artesano como industrial, exporta barquillos a todo el mundo y cuenta hasta con un museo temático en Santillana del Mar. El barquillero cántabro recorría el país ofreciendo su producto en invierno, y si congeniaba con un pueblo o una de sus mozas, fijaba en él su residencia como hicieron muchos jijonencos con las turronerías. Uno de esos barquilleros, de nombre Eloy López, llegó en 1875 a Alcázar de San Juan, pero no fue hasta 1928 cuando sus nietos se afincaron definitivamente en el pueblo. Con el paso de las generaciones el negocio de barquillos se amplió con helados primero y luego horchata y en el proceso el carrito dejó paso al kiosco y finalmente a las tiendas.

Son dos tiendas las herederas de esta tradición y ambas ofrecen horchata. En la Heladería María Luisa, próxima a la estación del tren, inicio la ruta con un desayuno compuesto por horchata y bollería de la casa. En el interior se encuentra un panel cerámico que nos recuerda que además de barquillos ofrecen las famosas tortas de Alcázar. En el mostrador pedí unos barquillos y con honestidad me advirtieron que eran los últimos de la temporada y que estaban próximos a caducar. “En mi casa el dulce no caduca nunca” contesto. Y a fe mía que estos barquillos tampoco lo hicieron. 

Panel cerámico con la historia del negocio
  
Primera horchata alcazareña

La siguiente parada es en El rincón de Eloy en la céntrica Plaza de España, frente a la escultura de Don Quijote y Sancho Panza. Es esta una heladería de toda la vida que ofrece elaboraciones clásicas como las copas “Surf”, “Formentera” o “Bruselas”, acompañadas por supuesto de su correspondiente barquillo. En su interior se pueden encontrar parroquianos de toda la vida y una horchata muy granizada como apostillan gusta en el pueblo. También elaboran barquillos pero no los logré comprar porque durante el verano detienen su producción.  

Cartel con fotos antiguas de la casa
 
Segunda horchata alcazareña

Regreso a Madrid con un con un delicioso barquillo en la mano y la duda de si por aquí estará el lugar dónde vio la luz Miguel de Cervantes.

La ruta:

Heladería María Luisa
Av. Álvarez Guerra, 3
13600 Alcázar de San Juan (Ciudad Real)

Plaza España, 11
13600 Alcázar de San Juan (Ciudad Real)


Localización en mapa de las horchaterías y otros establecimientos que elaboran horchata natural incluidas en la sección ESPECIAL HORCHATA: Me chifla la chufa

martes, 16 de junio de 2026

Confitería La Fé (Gijón)

Gijón es una ciudad reconocida por su oferta en repostería. Muestra de ello es la creación hace algunos años de la iniciativa “Gijón Goloso” por la que adquiriendo por un precio irrisorio un bono en la oficina de turismo se pueden degustar varios dulces de alguna de las pastelerías de la ciudad. He de confesar que yo aún no he probado tan gustosa propuesta que deberé aplazar para mi próxima visita, pues en esta ocasión mi interés está centrado en las tartas y Gijón para eso es un paraíso. De hecho, cuenta con tres legendarias: la de milhojas de fresa y nata, la charlota y el postre gijonés.

La de milhojas de fresa y nata es un fijo en las bodas gijonesas. Las otras dos se disputan el trono de la tarta más emblemática de la ciudad y comparten ingrediente principal: el turrón. Y para los a estas alturas me conocen, yo, cuando hay turrón de por medio me siento como En la decisión de Sophie así que lanzo una moneda al aire y el destino me reserva una ración de postre gijonés.

El postre gijonés es una crema de turrón sobre una base de bizcocho. Acudo para probarla a la "Confitería La Fé". Este obrador de 1938 defiende que la autoría de la tarta es suya, en concreto de Miguel Ángel Álvarez, que la elaboró por primera vez en 1980; cuenta además con un salón donde poder disfrutar de una ración tranquilamente.

Regreso a casa feliz por descubrir que aún quedan ciudades que defienden su patrimonio repostero. Se agradece poder degustar unas tartas “made in Gijón” más allá de la invasión de tartas de queso de “La Viña”, Red Velvets o de cerveza negra que, sí están muy buenas, pero no si su masiva presencia se hace a costa de otras que siguen estando tan deliciosa como el primer día y que forman parte de la memoria sentimental de una ciudad.

Postre gijonés
  
Confitería La Fé

Destaca por su hojaldre

Calle Periodista Adeflor, 3
33205 Gijón (Asturias)

viernes, 12 de junio de 2026

Ruta de horchatas por Alicante

ESPECIAL HORCHATA: Me chifla la chufa (LXIII)

En “Me chifla la chufa” no podía faltar una visita a la ciudad de Alicante por la que hice una ruta visitando varios de sus numerosos locales en los que elaboran horchata. No están todas las que son pero si hay suficientes como para comenzar la ruta por la mañana y empalmar con el tardeo. El listado original incluía un par más que echaron el cierre antes de mi última visita, las horchaterías “Carmen” y “Espí”; la primera abierta en 2014 y la segunda con 65 años y tres generaciones a su espalda. Una lástima. A estas alturas me encuentro a un viaje de completar el listado completo de horchaterías pero ante el temor de que cierre alguna de las que ya conozco publico este avance no vaya a ser que jubilaciones, la falta de relevo generacional o la subida de los alquileres acaben con alguna de ellas antes de probarlas todas.

Consejo de profesional: recomiendo ayuno previo para poder enfrentarse con media docena de horchatas alicantinas y más si son acompañadas de sus respectivos fartons. Y por supuesto: cobardes, abstenerse.

Heladería Turronería A. Sirvent

9:30 horas

La primera parada es en Benalúa, muy cerca de la estación de tren. Este barrio popular fue fundado a finales del siglo XIX por la sociedad “Los diez amigos de Benalúa” porque como eran emprendedores montaron un barrio con 160 casas de dos alturas y tú, como eres un fracasado organizas pachangas de futbito con tus amiguetes los fines de semana. Francisco Pérez Medina era uno de esos diez amigos de Benalúa y en la calle del barrio que lleva su nombre encuentro la “Heladería A. Sirvent”. El local abrió en 1970 y conserva el mostrador con los azulejos originales que son tan entrañables como los que podrías encontrar en la cocina de tus abuelos. Ofrece en invierno turrón y en verano horchata, además de limón y café granizado, agua de cebada o leche preparada. Puedes tomarlas allí o llevarlas a casa en formato de litro.

No disponible en una franquicia
 
Sabor a "Cuéntame cómo pasó"
 

Heladería y Turronería E. Candela Espí

11:00 horas

Enfilo las avenidas de la Estación y Alfonso El Sabio hacia las inmediaciones del Mercado Central, epicentro horchatero alicantino y hago parada en “E. Candela Espí” turroneros desde 1890 y con fábrica en Xixona. Me cuentan en la empresa que la relación con la ciudad de Alicante y el Mercado Central se inicia con la inauguración de este en 1921 con un puesto de turrones que en 1926 pasaría a ser kiosco. En los años cuarenta añadieron a la oferta horchata y granizados también elaborados en Xixona. Tras varios traslados (obras del mercado, hundimiento de la acera, etc.) el kiosko cerró definitivamente y en la actualidad cuentan con un local muy cerca del Mercado Central en la Avenida de la Constitución donde siguen vendiendo sus turrones y horchatas.

Mercado y antiguo kiosko (2025)
 
En el antiguo kiosko (2020)
 

Helados La Ibense Gisbert

12:30 horas

La siguiente heladería es vecina de la anterior, en la misma Avenida de la Constitución: “La Ibense Gisbert” fundada en 1910 y en la que actualmente trabaja ya la cuarta generación. Tiene el obrador en el Polígono Industrial Pla de la Vallonga y una segunda tienda en Sant Joan de d'Alacant que tuve la oportunidad de descubrir en 2022. Esta empresa trabaja dos de mis productos favoritos: el turrón de Jijona y la chufa (ambas con denominación de origen) con los que elaboran su helado de turrón y su horchata y con los que esta heladería ha obtenido varios reconocimientos por no hablar, además, de mi más sincera felicitación. También tienen horchata de almendra, pero por qué elegir una si se pueden probar las dos. Al igual que la anterior dispone de terraza.

Horchata de chufa
 
Su letrero en Alicante ciudad
  

Horchatería Azul

14:00 horas

Hay horchaterías que conozco antes de pisar la ciudad. Locales míticos como “Santa Catalina” en Valencia, “Sirvent” en Barcelona o “Casa Mira” en Málaga. En mi primer viaje a Alicante me apresuré a dejar la maleta en el hotel, cruzar la Avenida Alfonso El Sabio y adentrarme en Calderón de la Barca para llegar a “Horchatería Azul”. Una familia que lleva cuatro generaciones sirviendo horchatas con tanta raigambre en Alicante que hasta ha tenido su “ninot”. Lugar de encuentro para vecinos y turistas, de todas las nacionalidades, conocedores también estos últimos de su fama, con todo lo bueno que eso tiene y también los riesgos asociados. Horchata de chufa, también disponible de almendra o avellana, acompañado de un bollo de helado porque ya va siendo hora de almorzar.

Fachada de la horchatería en 2020
 
Horchata de chufa
  

Heladería Verdú

15:30 horas

Subo al barrio de Las Carolinas que como el de Benalúa data también de finales del siglo XIX. Parece que su nombre surgió a raíz del conflicto de Las Carolinas, unas islas que enfrentaron entonces a España y Alemania. Hoy en día es un barrio popular cerca del centro. Esta heladería nació en 1960 y en sus comienzos solo disponía de un sabor: el de mantecado. En la actualidad cuenta con una amplia variedad y está regentado por la tercera generación que ofrece horchatas, helados y bollería recién salida del horno.

La bollería en mi estómago
  
Jugando con los espejos
  

El Xixonenc

17:00 horas

Cerramos esta ruta a lo grande en Las Carolinas Altas bajo el blanco y rojo de “El Xixonenc”, el color que en el pasado lucieron sus carritos de helados. Los dueños me comentan que esta empresa la fundaron Concha y Antonio en 1964. En la actualidad cuenta con varios puntos de venta y un obrador propio del que salen su demandadas horchatas y coyotes. Visito el de la Calle Pinoso que fue abierto en 1978 y es toda una institución en el barrio. La temporada estival en “El Xixonenc” comienza a finales de abril y dura hasta finales de septiembre. Desde mediados de noviembre y hasta el día de Navidad la mítica heladería pasa el testigo a sus turrones artesanos de elaboración propia. Si sumamos la amabilidad del personal la experiencia es insuperable.

Fachada
  
Horchata en El Xixonenc
  

Finalizo esta ruta con un gran sabor de boca y con la sensación del deber cumplido. Si piensan que una vez cumplimentado este reto ya no hay razones para regresar a la ciudad están muy equivocados. Es tan sencillo como volver a los mismos establecimientos este invierno sustituyendo horchatas y helados por turrones y mazapanes. Porque para los amantes del dulce Alicante no tiene temporada baja y yo, por el momento, unas analíticas razonablemente buenas como para plantearme un nuevo desafío.


La ruta de horchatas alicantinas:

1- Heladería Turronería A. Sirvent
Carrer Pérez Medina, 8
03007 Alicante

Av. de la Constitución, 3
03002 Alicante

Av. de la Constitución, 7
03002 Alicante

Carrer Calderón de la Barca, 38
03004 Alicante

C. de Sant Mateu, 5
03012 Alicante

C. Pinoso, 7
03012 Alicante

Localización en mapa de las horchaterías y otros establecimientos que elaboran horchata natural incluidas en la sección ESPECIAL HORCHATA: Me chifla la chufa