Gijón es una ciudad reconocida por su oferta en repostería. Muestra de ello es la creación hace algunos años de la iniciativa “Gijón Goloso” por la que adquiriendo por un precio irrisorio un bono en la oficina de turismo se pueden degustar varios dulces de alguna de las pastelerías de la ciudad. He de confesar que yo aún no he probado tan gustosa propuesta que deberé aplazar para mi próxima visita, pues en esta ocasión mi interés está centrado en las tartas y Gijón para eso es un paraíso. De hecho, cuenta con tres legendarias: la de milhojas de fresa y nata, la charlota y el postre gijonés.
La de milhojas de fresa y nata es un fijo en las bodas gijonesas. Las otras dos se disputan el trono de la tarta más emblemática de la ciudad y comparten ingrediente principal: el turrón. Y para los a estas alturas me conocen, yo, cuando hay turrón de por medio me siento como En la decisión de Sophie así que lanzo una moneda al aire y el destino me reserva una ración de postre gijonés.
El postre gijonés es una crema de turrón sobre una base de bizcocho. Acudo para probarla a la "Confitería La Fé". Este obrador de 1938 defiende que la autoría de la tarta es suya, en concreto de Miguel Ángel Álvarez, que la elaboró por primera vez en 1980; cuenta además con un salón donde poder disfrutar de una ración tranquilamente.
Regreso a casa feliz por descubrir que aún quedan ciudades que defienden su patrimonio repostero. Se agradece poder degustar unas tartas “made in Gijón” más allá de la invasión de tartas de queso de “La Viña”, Red Velvets o de cerveza negra que, sí están muy buenas, pero no si su masiva presencia se hace a costa de otras que siguen estando tan deliciosa como el primer día y que forman parte de la memoria sentimental de una ciudad.



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