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sábado, 22 de septiembre de 2018

Restaurante La Nieta (Madrid)

El barrio de Chueca a lo largo de su historia ha pasado de ser castizo, macarrilla y problemático a ser un barrio moderno y solidario. Pero como todo en este mundo neoliberal que nos rodea lo que comenzó como el germen de un proyecto espontáneo e integrador se ha convertido en una gentrificación masiva donde los turistas son los reyes y los fondos de inversión los emperadores.  Y como las cotorras argentinas y los mapaches americanos este fenómeno no es complementario sino invasor. Entre sus víctimas están los restaurantes de toda la vida que incapaces de soportar la subida de alquileres y la expulsión de vecinos del barrio que constituían el grueso de su clientela, han visto languidecer sus locales ante la llegada masiva del actual turismo teledirigido.

Pero no toda la Galia está ocupada por los romanos. En este panorama permanece irreductible desde 1985 La Nieta, restaurante de origen segoviano que sobrevive entre gastromercados, “fried chicken” y cocinas vistas en la mítica calle Libertad. Su larga barra con salón al fondo, mantelería de cuadros blancos y rojos recién planchada y mobiliario rústico es todo un contraste con los restaurantes vecinos. Decoración sin concesiones a la modernez pero sí con un punto cosmopolita: las paredes están decoradas con una colección de platos de todo el mundo (Jordania, Japón, Rusia, Portugal, etc.) ofrecidos por sus clientes habituales. Imagínense la cara de Chicote si un cliente le trae de sus vacaciones un “pongo” para colgar en su impoluto restaurante de Chueca.

Entre su clientela fija gente mayor del barrio, trabajadores de la cercana sede de la ONCE y vecinos gays de los pioneros en llegar a esta zona cansados de pagar el doble por platos que ocupan más espacio en la carta que en la mesa. Además por muy cosmopolita y moderno que sea uno todos necesitamos un buen plato de comida casera entre semana con sabor a hogar y aroma a infancia. Para este público y todo aquel que quiera pasarse La Nieta ofrece comida tradicional en raciones, carta y un fenomenal menú con enjundia y una excepcional relación calidad-precio. Entre sus especialidades las albóndigas de ternera, los huevos fritos y el cordero y cochinillo por encargo. Postres caseros entre los que hay que destacar la leche frita y la tarta de queso (como las de antes, sin base de galleta ni mermelada por encima). No podía faltar en una tasca como ésta la casquería: mollejas de cordero, higaditos de pollo encebollados, callos a la madrileña y unos increíbles riñones al jerez. Puede que lo del nombre de La Nieta sea  porque  uno se siente como en casa de su abuelita rebañando el plato un domingo como si no hubiera un mañana.

 Riñones al jerez

 Interior de La Nieta

Tarjeta de La Nieta

Calle Libertad, 25
28004 Madrid

martes, 15 de diciembre de 2015

Taverna Can Punyetes (Madrid)

Es tiempo de las insufribles cenas de empresa. Los 35 euros por un plato de merluza con corazón de escarcha del mar de China y cobertura de chapapote tienen como única recompensa el derecho a réplica de las pullas recibidas en la cena del año anterior. Te ofrezco una alternativa buena, bonita y sobre todo barata en Madrid para que este compromiso dañe sólo tu juicio sin innecesarios efectos colaterales sobre tu estómago y bolsillo. Además con el dinero ahorrado podrás comenzar el nuevo año con el buen propósito de iniciar una terapia para reforzar tu asertividad y aprender a decir “no” a la siguiente cena de empresa ¡que ya está bien!

Can Punyetes ofrece desde hace más de 30 años cocina catalana a buen precio. Abrió su primer restaurante en 1981 y hoy tiene locales en Barcelona, Sabadell, Sort y Madrid. El primer local madrileño abrió en agosto de 1988 a unos pasos del antiguo ayuntamiento y una década después otro próximo al Congreso. En su carta muchas especialidades catalanas: esqueixada, escalibada, butifarra, crema catalana, etc. además de un gran surtido de carnes a la brasa,  pero para estas cenas recomiendo sus variadas tostadas. Elaboradas con pan rústico y generosos rellenos tienen una gran relación calidad-cantidad-precio. De todos sus platos solo decepcionan los que incluyen boquerones en vinagre, que en lugar del mar Cantábrico parecen proceder del infernal río Caronte.

Además en estas fechas podrás pedir una calçotada  El calçot es una variedad de cebolla, blanca, alargada, tierna y dulce típica de Cataluña. Aquí se elaboran a la brasa, como marca la tradición. Los calçots, como la comida del Bulli, tienen instrucciones de uso. Lo primero que tienes que hacer es colocarte el babero que te ofrecen para no acabar más pringado que un tesorero de Convergència. Después se procede a desprender las hojas chamuscadas exteriores tirando hacia abajo de las mismas. Arrastra el corazón limpio del calçot por el interior del recipiente con salsa romesco, elévalo con el brazo y como si fueras un reptil de “V”  introdúcelo en tu boca. Vale, puede que en El Bulli no haya ningún plato que exija esta clase de ritual pero, créeme, merece la pena. Es una experiencia tan original y divertida que te hará olvidar que tienes al lameculos del jefe enfrente.

 Tostada de atún de Can Punyetes

 
¿Un acto de sedición a unos metros del Congreso?

 
Interior del Can Punyetes en Huertas

Dos locales en Madrid:

Calle San Agustín, 9
Barrio de Huertas,  28014

Calle Señores de Luzón, 5
Barrio de Opera, 28013

viernes, 13 de noviembre de 2015

La huerta de San Lorenzo (Segovia)

Un dicho popular afirma que Segovia es como el culo de una taza porque “todas son cuestas arriba para subir a la plaza”. Y no le falta razón, para llegar desde el Eresma hasta su céntrica Plaza Mayor elijas un camino u otro hay que mirar siempre hacia arriba. Una cardiosaludable actividad presente en el día a día de muchos segovianos que ha merecido la inclusión de la ciudad castellana en la “Red Europea de Ciudades con Glúteos Pétreos”.
 
Si lo tuyo no son las cuestas y no subirías a la plaza ni aunque repartieran ponche segoviano gratis te propongo que al menos renuncies  al cochinillo y comas ligero en el restaurante del alojamiento rural La huerta de San Lorenzo, situado a un paso del plácido paseo de la Alameda. Abierto la Semana Santa de 1999 su nombre no lleva a engaño, la carta se nutre sobre todo de productos de su propia huerta (que se pueden también comprar) e incluye también algún plato de carne en honor al santo. También ofrecen cursos de cocina y de salud.
 
La propietaria, Charo,  formada como cocinera vegetariana, entre otros, en el restaurante Artemisa (uno de los vegetarianos más antiguos y reputados de Madrid) ofrece a sus clientes una atractiva carta con presencia predominante de sus verduras y hortalizas, pero también cuenta con opciones no vegetarianas con productos ecológicos. Sus platos creativos, bien presentados y con productos naturales te harán sentir como en el campo. Para completar la experiencia verde nada mejor que su terraza con vistas a la parte alta de la ciudad.

 Maravilloso dulce de calabaza con queso
 
 Terraza con vistas al Alcázar de Segovia
 
 ¡A la rica verdura! (a pesar del Comic Sans)


Calle San Vicente el Real, 27
40003 Segovia

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Actualización 02/10/2018

En la actualidad abierto los fines de semana sólo para comer y el resto de días para mesas grandes siempre con reserva. 

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Actualización 19/02/2026

CERRADO

jueves, 15 de octubre de 2015

Restaurante San Ignacio (Pamplona/Iruña)

En Pamplona encontramos un buen número de restaurantes ubicados en un primer piso y a los que se accede por un portal común (como Amóstegui, Sarasate…). En Madrid salvo algunas casas regionales  conozco pocos casos  con esa curiosa ubicación. Hay distintas versiones sobre la causa de esta inusual concentración de fogones de altos vuelos: que antaño el alquiler de una vivienda fuera menor, que las plantas bajas se reservaran a comercios con escaparate, que hubiera permisividad por parte del Ayuntamiento… Yo creo que era sólo una cuestión de orden: si un cliente pasado de vinos se ponía pesadito con el Riau-riau se le serenaba advirtiéndole que aún estaba a tiempo de abandonar el local por su propio pie… o a través de la ventana.

El Restaurante San Ignacio tiene las miras aún más altas porque no está en una primera plana sino en una segunda. Nuntxi Moreno, una de sus dueñas me apunta que es el único de la ciudad en tan elevada situación y que sólo conoció otro ubicado así: la donostiarra Casa Nicolasa en el barrio de la Bretxa, ya cerrado por jubilación desde 2010. La razón de esta situación es que, en origen, era una fonda. Me dice Nuntxi que antaño ocupaba también la planta tercera y que servía comidas a sus huéspedes. Con el paso de los años el comedor fue ganando terreno a las habitaciones hasta que en 1992 pasó a ser sólo restaurante.

En la distribución y decoración del restaurante no quedan restos de la vieja fonda pero el sabor, sencillez y calidad de sus platos te transportarán a los viejos comedores de estos establecimientos (tantas veces retratados en las viejas novelas de posguerra) que ofrecían a sus huéspedes cocina casera. Si vas justito de dinero su menú entre semana ofrece tentadoras opciones con productos de la tierra como pochas de Navarra con piparras, pimientos del piquillo fritos en sartén (los mejores que he probado), higaditos y lechezuelas de cordero etc., por 22 euros, IVA no incluido (que manía la de no incluirlo en el precio final). El menú incluye pan, bebida y postre (te recomiendo su ligerísima tarta de queso casera).

Además si te pega fuerte el vino puedes bajar las dos plantas en ascensor…

 
Ubicado en una segunda planta

 
Comedor de Restaurante San Ignacio

Pochas de Navarra 
Avenida San Ignacio, 4, 2º Piso
31002 Pamplona/Iruña

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Actualización 19/02/2026

CERRADO. Esta vivienda ya no es restaurante ¿Será un apartamento turístico?

jueves, 16 de julio de 2015

La Viña (San Sebastián/Donostia)

En la calle del 31 de Agosto se concentran algunos de los mejores bares de la Parte Vieja como La Cepa, Gandarias o Martínez. Recientemente The New York Times seleccionó esta calle (la única que se libró del incendio de 1813) entre las doce mejores vías de Europa y mucho tiene que ver en esa elección sus irresistibles y coloridas barras de pintxos. La Viña es uno de sus establecimientos emblemáticos. Como muchos de los bares vecinos ofrece pintxos y raciones pero su fama proviene de su gran especialidad: la tarta de queso. Las porciones se suceden a un ritmo frenético y aún así, en ocasiones, se guardan colas. Las tartas salen continuamente de la cocina y se apilan sin desmoldar a la vista de los clientes, que en ocasiones hacen solidario hueco en la barra para ayudar al camarero a colocarlas.

El molde y el papel de horno quemado apenas deja intuir su aspecto, tan sólo vislumbramos la ausencia de cobertura y su apetitoso tostado. Ya cortada y emplatada nos sorprende su aspecto jugoso. Su apariencia es la de las tartas de queso antes de que todo el mundo empezara a llamarlas “cheesecakes” y cambiaran por completo su esencia y fisonomía. Ésta se parece a las de toda la vida, las que compraba tu abuela, sin mermelada de frambuesa ni base de galleta con mantequilla. Pero no será hasta que la pruebes cuando descubrirás la diferencia respecto a las globalizadas tartas de queso que encuentras en todos los sitios acompañadas de sus, actualmente inseparables, “carrot cakes” y “lemon pie”.

La de La Viña es la mejor tarta de queso que he probado en mucho tiempo. La ración (que vale para dos a no ser que seas autóctono y puedas comértela de una sentada) cuesta 5 euros. El éxito es tal que algunos vecinos las piden por encargo, media (para 4-5 raciones por 25 euros) o entera (para 8-10 raciones por 45 euros).

La tarta de queso de La Viña es el colofón dulce perfecto para una jornada de pintxos por la Parte Vieja de Donosti.

 Ración de la cremosa tarta de queso de La Viña

 El éxito de su tarta de queso salta a la vista

 Reclamo publicitario en el exterior

Calle del 31 de Agosto, 3
20003 San Sebastián/Donostia

viernes, 12 de junio de 2015

Buenas y Santas (Madrid)

En Madrid, en el distrito de Arganzuela, existe un barrio al que los vecinos conocen como de los metales. Su denominación procede del nombre que el Ayuntamiento decidió poner a sus calles (calle del Hierro, del Bronce, Alabastro, Caolín etc.) y que demuestra lo explosivo que resulta que en un concejal confluyan una absoluta falta de originalidad y el acceso a un manual de primero de geología. Es una zona residencial de nueva construcción surgida con el nuevo siglo sobre antiguos terrenos industriales. Tan anodino como todos los nuevos barrios nacidos al albur de la “burbuja” inmobiliaria al menos dispone de una considerable vida comercial que lo diferencia de otros construidos en las mismas fechas y en los que podríamos rodar otro refrito de “El último hombre sobre la Tierra” sin necesidad de pedir que desalojen las calles. En esta entrada nos ocupamos de uno de mis locales favoritos del barrio.

“Buenas y Santas” es una fórmula de salutación muy común en Argentina entre los gauchos que expresa buena disposición. En este caso el nombre no se queda en  buenos propósitos: el trato del personal y un entorno agradable te hacen sentir como en casa desde el primer instante. Pero lo mejor es la carta, que definen como “nueva cocina casera”. Destacan en ella sus ricas croquetas (tengo mis dudas si las hacen ellos), las tablitas (surtido de productos para probar un poco de todo), las empanadillas argentinas, unas originales quiches, además de hamburguesas y, entre otras muchas cosas, sus ensaladas. Estas últimas son de gran tamaño, ideales para compartir y además riquísimas más ahora que disponen de huerta propia (más casero imposible). Cuentan también con un muy atractivo menú del día de lunes a viernes por 10,80 euros que puedes consultar en su Web.

 
Sus croquetas
 
 Interior de Buenas y Santas en Arganzuela

 Tarjeta de Buenas y Santas

Calle Bolivar, 9
28045 Madrid

miércoles, 8 de abril de 2015

Creperie Ma Bretagne (Madrid)

Desde que soy cliente de la crepería “Ma Bretagne” no gano para sustos. Primero fue la rehabilitación de la inestable finca centenaria, después una obra que se alargó más que El Escorial por problemas de papeleo y ahora un incendio ocasionado por la reactivación de una vela. Por lo visto este local ha sufrido todas las catástrofes posibles salvo la organización de una cena de confraternización de UPyD... Recientemente reabierta, escribo esta entrada antes de que otro desastre me obligue a incluirla en la sección de negocios desaparecidos.

La que podría ser la crepería más antigua del país fue inaugurada hace cuatro décadas por oriundos franceses. En los noventa éstos decidieron probar suerte en la soleada Benalmádena donde montaron un negocio con el mismo nombre y decoración muy similar, con las características vigas de madera bretonas, aunque bastante más amplio, y que cerró por jubilación el pasado mes de septiembre. Por su parte, el local madrileño, que es el que nos ocupa, pasó a otros propietarios que lo han llevado desde entonces, se ha convertido en un referente del barrio de Maravillas.

El local pequeño e íntimo invita a tomártelo con tranquilidad. La única pega: su acústica. Un solo grupo cenando hará que te sientas en medio de una recreación histórica de amigos de la Toma de la Bastilla. Las crepes son de harina blanca, ligeras y bien elaboradas, las hay tanto saladas como dulces, pudiendo elegir entre multitud de rellenos. Las raciones son generosas, así que si dos crepes son mucho para ti recomiendo sustituir la crepe dulce del postre por su riquísima crema de limón con nata. A pesar de su fama y estar siempre lleno mantiene precios económicos.

¡Au revoir!


Decoración interior de inspiración bretona

Fachada de Creperie Ma Bretagne en Malasaña

Tarjeta de Creperie Ma Bretagne

Calle de San Vicente Ferrer, 9
28004 Madrid

lunes, 30 de marzo de 2015

Gambas al asquillo


Madrid tiene puerto de mar. El Mercado Central de Pescados de Mercamadrid factura más de 130 millones de kilogramos de pesca y acuicultura y es el mayor en volumen de comercialización de Europa, por lo que a nadie le debería extrañar que entre nuestros platos típicos se encuentren bocatas de calamares, tajadas de bacalao y, por supuesto, gambas, tanto a la plancha como al ajillo.

Por eso es de agradecer que esta publicidad exterior en las inmediaciones de la Estación Madrid-Puerta de Atocha tenga a bien señalar junto al precio que eso que vende en este local son gambas para consumo humano y no cebo para los barbos del río Manzanares que, como bien es sabido, pican hasta con chapas de Coca-Cola. Estos pobres crustáceos pegajosos y empalados serían rechazados hasta por las carpas del estanque del Retiro.


jueves, 26 de marzo de 2015

Restaurante Hicuri Art Vegan (Granada)

Desde hace más de una década la ardilla del logo del restaurante Hicuri es una vecina más del barrio del Realejo. Desconozco si el nombre tiene que ver con el “hikuri” (el pellote de los huicholes, jubiloso pueblo americano que venera a este roedor como protector del Sol). De ser así entroncaría en su significado con varios restaurantes vegetarianos que conozco en Madrid como Yatiri, Rayén o Tiyoweh, del que ya hemos hablado, que homenajean a los nativos del otro lado del Atlántico.

No entiendo las causas de esta admiración. Hasta donde sé estos pueblos practicaban el “si corre, nada o vuela a la cazuela” mucho antes de la entrada de los malvados colonizadores europeos, así que no debe tratarse de una cuestión de alimentación, pero también sería injusto afirmar que estos pueblos fueran más espirituales, equitativos o pacíficos que nuestras tribus celtas (no confundir con los cafres de los “celtarras” que se asientan por la actual ría de Vigo). Pero pasemos a lo realmente importante, llenar el estómago...

El Hicuri fue el primer restaurante vegano de la ciudad. Destaca su original interior decorado con pinturas de Raúl Ruiz, también conocido por “Sex” o “El niño de las Pinturas”, un grafitero del barrio. El salón, luminoso y diáfano, con cocina semiabierta que inspira confianza, y una pequeña tienda al fondo de productos veganos, invita a relajarse. El contrapunto de las mesas de madera le da un aire popular, de tasca del Realejo, y es que el arte moderno, incluso el más contestatario, no está reñido con la tradición bien entendida.

La comida es rica, saludable y fresca, bien preparada y presentada. Los productos son en su mayoría de origen ecológico, no transgénicos y aseguran que proceden de la agricultura local. Apuesta igualmente por el comercio de proximidad: cerveza Alhambra, agua mineral Lanjarón, etc. El menú, con un precio de 12.80 euros, incluye entrante ligero, primero, segundo, postre, pan y bebida. La única pega, por poner una, son los postres, que no son el punto fuerte de los veganos. 

 Los niños siempre presentes en la obra de Raúl Ruiz

 Delicioso pisto con salchicha vegetal y patatas

 Tarjeta de Restaurante Hicuri
  
Plaza de los Girones, 4
18009 Granada

lunes, 29 de diciembre de 2014

El Cogollo de La Descarga (Madrid)

Asturias es ampliamente conocida por su suculenta y variada gastronomía, algunos de cuyos platos son, si no universal, si ampliamente conocidos. Pero hete aquí que una de sus más sencillas y deliciosas contribuciones al mundo del buen comer provoca una nula reacción en algunos y su mención un amplio grado desconocimiento. Estoy hablando del Cachopo. Sí con mayúsculas, me da igual lo que diga la RAE. De hecho esta institución define un cachopo como ”el tronco seco y hueco de un árbol”. Qué apreciación tan equivocada y al mismo tiempo tan certera. El Cachopo consiste en dos filetes de ternera empanados rellenos de jamón y queso. Algo tan sumamente sencillo, que como todo en esta vida, si no está bien hecho y los ingredientes no son de calidad puede acabar siendo, o bien un mojón de carne relleno de insulsa chicha que inasequible al desaliento se pasea durante horas por nuestra boca hasta la extenuación de nuestras mandíbulas, o bien terminar pareciendo un sucedáneo del “viejuno” San Jacobo de bar de carretera generosamente repleto de Tranchetes y jamón cocido.

En Asturias muchos locales consideran al Cachopo como una buena prueba de fuego de la calidad de sus materias primas y la capacidad de ingesta calórica de un comensal en una sola sentada. En Madrid donde los restaurantes asturianos abundan pueden encontrarse en muchas de sus cartas, ahora bien, encontrarlos buenos ya es otro cantar.

En el restaurante El Cogollo de La Descarga ofrecen uno de los mejores que he probado fuera de las fronteras de Asturias y dentro de la capital del Reino. Este pequeño restaurante abrió hace relativamente poco, encabezando esta aventura un joven emprendedor de Cangas del Narcea, localidad cuya presencia salpica cada rincón del lugar. La verdad es que el local en si no destaca por su aspecto que bien podría usarse como localización para la celebración de un bautizo de un nieto de los Alcántara pero la calidad y cantidad de su producto dan a entender que es ahí y no en la decoración de interiores donde se pone el acento.

El tamaño del Cachopo de El Cogollo es considerablemente grande sin llegar a ser descomunal, la ternera jugosa, el relleno de jamón serrano servido en una proporción adecuada y su queso (secreto que no conseguimos arrancar al dueño) lo suficientemente graso como para fundirse dando untuosidad pero sin despanzurrarse por el plato, su rebozado crujiente, ligero y nada aceitoso. Para un comensal de apetito estándar con una ración comen dos y cabe sitio para los postres, algo más flojos que el resto de la carta.

El lugar suele estar a rebosar con un ambiente ruidoso poco apto para cenas románticas pero perfecto para comidas con amigos o para contentar a ese cuñado tedioso que no deja de repetir que como en su pueblo no se come en ningún sitio.


El Cachopo de El Cogollo

Tarta de café
 
Tarjeta de El Cogollo de La Descarga
 
Calle Lechuga, 3
28012 Madrid

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Actualización 29/08/2019


Se ha trasladado a otra dirección:


Calle de las Hileras, 6

28013 Madrid

jueves, 27 de noviembre de 2014

El rincón de Hernani (Madrid)

En la búsqueda del menú del día perfecto visité este restaurante en el popular distrito de Tetuán. Las referencias en internet eran inmejorables: los propietarios tienen formación gastronómica en el País Vasco, se suministran con productos frescos en el muy próximo Mercado de Maravillas y ofrecen un menú del día casero por 10 euros. 

El Rincón de Hernani ofrece cocina tradicional de mercado. Este martes tenían un colorido milhojas de berenjena exquisito, atún a la plancha en su punto justo y algunos detalles que siempre se agradecen y que marcan la diferencia como un pan decente, patatas de acompañamiento de verdad y postres caseros. El único fallo en este menú fueron unos macarrones con tomate, verduritas y gambas que más bien parecían el rancho de la British Army. 

La cuidada presentación de los platos contrasta con la austeridad del establecimiento, con una decoración que evoca al comedor de un centro de la Tercera Edad que no resulta muy seductor al cliente menor de sesenta y cinco años, salvo para el “celador de Olot”. No estaría de más una renovación.
 
Milhojas de berenjena
 
Atún a la plancha 
 
Tarjeta de El Rincón de Hernani
 
El rincón de Hernani
Calle Hernani, 6
28020 Madrid

martes, 14 de octubre de 2014

Croquetas carbonizadas de cuenca hullera


Esta foto no es el resultado de un fallido proyecto científico español de fritura de croquetas en ingravidez en la Estación Espacial Internacional (ISS) sino el reclamo publicitario de un restaurante en el Barrio Húmedo de León, planeta Tierra. Si el fin de la publicidad es la divulgación de una manera atractiva de productos de carácter comercial para atraer posibles clientes debemos suponer que estas croquetas son lo mejor que pueden ofrecernos, salvo que en realidad esta presentación esté orientada sólo a los amantes de la acrilamida y otras emociones fuertes. 


viernes, 12 de septiembre de 2014

Alqahira (Toledo)

El esplendor de Toledo coincide con Alfonso X “El sabio”. El rey se acompañó de cristianos, judíos y musulmanes sin establecer distinciones inaugurando una “edad de oro” cultural donde los recelos mutuos dejaron paso a la suma de voluntades, por desgracia sus planes no encontraron paz durante su reinado ni continuidad entre sus sucesores. Hoy lo más parecido a mestizaje cultural en la ciudad son las tiendas de recuerdos donde conviven imanes para la nevera de damasquinos árabes, candelabros de siete brazos y “tizonas”. Los “pongos” no hacen discriminaciones.

Comer en un restaurante árabe me parecía una original opción en “la ciudad de las tres culturas”. El elegido fue uno de origen egipcio: Alqahira, muy cerca del Ayuntamiento. El establecimiento destaca por la belleza y comodidad de su salón, buen servicio y trato exquisito. La comida no decepciona, bien elaborada y presentada. La única pega, a tener en cuenta, es que los platos son escasos, no llegan a la categoría de “entrantes”, si acaso de “aperitivos”, en Granada sirven “tapas” gratuitas más grandes por una consumición. En resumen: bueno, bonito pero nada barato. 

Interior de Alqahira

 
Deliciosas sambusas, hojaldres rellenos de ternera
 
 Helado de dátiles casero

Alqahira
Calle de la Ciudad, 7
45002 Toledo

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Actualización 28/08/2019

Cerrado.