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viernes, 17 de abril de 2015

Mesón Alegría (Granada)

No hagas caso de productos como “Ocho apellidos vascos” o “Allí abajo” que explotan la supuesta dualidad vasco-andaluza. Si un sevillano se dirige a un camarero con un “mi arma” es seguro que haga más amigos en una herriko taberna que en una tasca “granaína”. Identificamos frecuentemente lo andaluz con lo sevillano pero Andalucía es una región grande y diversa. El granadino no destila alegría sino “malafollá”, una suerte de “mala hostia” de la tierra que sólo sufrirás si eres “apollardao”, “achantón”, “enterao” o aún peor, si entras a la ciudad desde Sevilla por la A-92.

Donde se destila “alegría” en Granada y de la buena es en este mesón. Fundado en 1995 es uno de mis fijos cuando voy de tapas. Se trata de un asador que presume de horno de carbón de encina. La consumición se acompaña de una generosa tapa: migas, papas asadas, setas, arroz... y por supuesto, sus inigualables tapas carnívoras. En esta ocasión me quedé con ganas de probar su pan de pueblo, una ración de dos rebanadas con aceite y alioli con una pinta espectacular que pasé por alto en mi anterior visita, otra excusa para repetir en la formidable Granada.

Un mosto y tapa por dos euros

Exterior de Mesón Alegría en la peatonal Calle Moras

Tarjeta del granadino Mesón Alegría

Mesón Alegría
Calle Moras, 4
18009 Granada

jueves, 26 de marzo de 2015

Restaurante Hicuri Art Vegan (Granada)

Desde hace más de una década la ardilla del logo del restaurante Hicuri es una vecina más del barrio del Realejo. Desconozco si el nombre tiene que ver con el “hikuri” (el pellote de los huicholes, jubiloso pueblo americano que venera a este roedor como protector del Sol). De ser así entroncaría en su significado con varios restaurantes vegetarianos que conozco en Madrid como Yatiri, Rayén o Tiyoweh, del que ya hemos hablado, que homenajean a los nativos del otro lado del Atlántico.

No entiendo las causas de esta admiración. Hasta donde sé estos pueblos practicaban el “si corre, nada o vuela a la cazuela” mucho antes de la entrada de los malvados colonizadores europeos, así que no debe tratarse de una cuestión de alimentación, pero también sería injusto afirmar que estos pueblos fueran más espirituales, equitativos o pacíficos que nuestras tribus celtas (no confundir con los cafres de los “celtarras” que se asientan por la actual ría de Vigo). Pero pasemos a lo realmente importante, llenar el estómago...

El Hicuri fue el primer restaurante vegano de la ciudad. Destaca su original interior decorado con pinturas de Raúl Ruiz, también conocido por “Sex” o “El niño de las Pinturas”, un grafitero del barrio. El salón, luminoso y diáfano, con cocina semiabierta que inspira confianza, y una pequeña tienda al fondo de productos veganos, invita a relajarse. El contrapunto de las mesas de madera le da un aire popular, de tasca del Realejo, y es que el arte moderno, incluso el más contestatario, no está reñido con la tradición bien entendida.

La comida es rica, saludable y fresca, bien preparada y presentada. Los productos son en su mayoría de origen ecológico, no transgénicos y aseguran que proceden de la agricultura local. Apuesta igualmente por el comercio de proximidad: cerveza Alhambra, agua mineral Lanjarón, etc. El menú, con un precio de 12.80 euros, incluye entrante ligero, primero, segundo, postre, pan y bebida. La única pega, por poner una, son los postres, que no son el punto fuerte de los veganos. 

 Los niños siempre presentes en la obra de Raúl Ruiz

 Delicioso pisto con salchicha vegetal y patatas

 Tarjeta de Restaurante Hicuri
  
Plaza de los Girones, 4
18009 Granada