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martes, 9 de marzo de 2021

Café Bar Ferpal

Madrid, Madrid, MadRIP... (VIII)

Recuerdo una calle Arenal con personalidad comercial propia, cuando te trasladabas hasta ella desde la otra punta de Madrid para ir de compras. Quién no conserva un transistor de sus decomisos, un diccionario escolar de la Librería Multicolor, un belén de Palomeque o un costurero de Lanas Alondra. Mis desplazamientos a esta calle se redujeron coincidiendo con el avance del proceso vulgarizador que estandariza nuestros centros urbanos. Hoy se cuentan con los dedos de una mano los negocios dignos de mención: Taller de Posticería Monje´s, Esteve Shoes, Unión Musical, Tiendas Así y Calzados Coimbra. Me pregunto cuánto tardarán las galerías comerciales del número ocho en transformarse en un Carrefour Exprés y el Museo del Ratoncito Pérez en ser sustituido por una tienda  Disney.

Con el reciente cierre de Ferpal la calle pierde mi principal motivo de atracción: sus sándwiches. Esos triángulos de pan blanco inglés con rellenos batidos. Hace muchos años había un debate en Madrid de si eran mejores los sándwiches de Ferpal o los de Rodilla. Yo no había tomado posición por ningún negocio porque dependiendo del relleno elegido acudía a uno u otro. Esta dicotomía desapareció para mí el fatídico día en el que Rodilla dejó de ser un negocio familiar y se convirtió en una franquicia que desplegó sucursales como setas, casi tantas como variantes de sus rellenos, algunos difícilmente comprensibles, servidos por pipiolos con uniforme de hamburguesería. Mientras Rodilla se autoproclamaba como “el sándwich más famoso del mundo” siempre agradeceré a Ferpal que conservara su sobriedad, la calidad del producto, la atención profesional, su concepto de negocio y su decoración entre art decó y setentera.

Pero no echaré sólo de menos sus sándwiches. Ferpal era también una tienda con un amplio surtido de charcutería, quesería y conservas con precios para todos los bolsillos. Su deslumbrante mostrador de quesos exponía desde un García Baquero, pasando por un zamorano de Arribes a un rarísimo ejemplar de importación. Una oferta gastronómica extraordinaria en estos tiempos en los que los mercados locales son expulsados del centro convirtiéndose así Ferpal en una buena opción donde poder surtirse de estos productos básicos. También añoraré la cafetería donde podías pedir un café en vaso de caña mientras tomabas el pulso al barrio en esa barra que era un club social para vecinos y todos aquellos forasteros que allí se sentían como en casa. Un cierre que dejará un hueco en mi estómago solo comparable a esta nueva mutilación que en su ADN ha sufrido la ciudad de Madrid.

Ferpal ha echado el cierre
 
Decoración setentera elegante
 
Otro detalle de la fachada

Café Bar Ferpal
Calle del Arenal, 7
Barrio de Sol (Madrid)
28013 Madrid

miércoles, 11 de noviembre de 2020

Gran Lechería - Casa Lucas

Madrid, Madrid, MadRIP... (VII)

No corren buenos tiempos para El Rastro. Los domingos no son lo mismo sin la vida del tradicional mercado. Algunos comerciantes temen maniobras del Ayuntamiento para sustituir el actual por otro más sofisticado, mucho más atractivo para el turista y que podría dejar atrás el castizo ambiente del actual, como sucedió con el Mercado de San Miguel y con tantos otros mercados en esta ciudad. El pretexto para el cambio es tan tramposo como confundir deliberadamente castizo con cutre, tradición con privilegios y carácter con obstinación. El día que especuladores y modernitos consigan esta transformación no sólo perderemos a chamarileros, ropavejeros, cacharreros y vendedores de cintas de los grandes éxitos del Tijeritas sino una parte irremplazable de la identidad de Madrid.

Hoy me fijo en un local que durante tantos años acompañó la vida de este mercado. Se trata del comercio la “Gran Lechería” en la tortuosa calle Carlos Arniches. Este local destaca por una bella fachada de Eduardo Casabellas, ceramista de la escuela sevillana que trabajó en un taller de Puente de Vallecas y del que había otra magnífica obra sita en el número treinta de la calle Ponzano, la “Huevería y Frutería Casa Moreno”, desaparecida en 1992 por culpa de una obra ilegal y con la anuencia del Ayuntamiento, tantas veces negligente a la hora de proteger nuestro patrimonio comercial. La composición de la “Gran Lechería” que, aunque mal conservada aún podemos disfrutar, representa escenas pastoriles acompañadas del rotundo rotulo “leche pura para niños y enfermos”, una afirmación nutricional incuestionable en aquella época. Los azulejos fueron restaurados hace cuatro años por un artesano de Oropesa pero su estado sigue siendo delicado.

Sabemos que la lechería estaba abierta en los años treinta por la posible datación de los azulejos pintados. El primer recuerdo fechado es de los años cincuenta cuando al frente había una robusta señora que vivía en la calle Carnero. Posteriormente, una pareja procedente de un pueblo se hizo cargo del local, aunque quien llevaba la lechería era ella porque el marido tenía otro oficio. Finalmente, en los sesenta llegó desde un pueblo de Ávila la familia que la regentó durante décadas. Compraban la leche en una vaquería de la calle Carnero con Carlos Arniches (hoy Restaurante AlliOlli). Vendían además huevos y conservas. A partir del mediodía el local se trasformaba en bar. Los hijos repartían leche (de vaca, claro está), vino, gaseosas y refrescos a domicilio en un carro cuadrado. Los domingos de mercado delante del local colocaban una tabla sobre cajas de bebidas y empapelaban la fachada cerámica con carteles que anunciaban litronas y bocatas que se podían consumir en el interior. En lo que coinciden todos los consultados es que los inquilinos nunca mostraron interés en proteger los azulejos. Con la jubilación del último miembro de la familia se cerró la historia de esta lechería, pero no la de su decoración a la que deseamos larga vida como reflejo de una época y de una forma de vida que forma parte de este barrio y de esta ciudad.

Las fuentes son los testimonios orales de vecinos del barrio. Un conglomerado de recuerdos, vivencias y rumores. Mi agradecimiento a todos ellos y en especial a Rosa y su madre, sin las cuales este artículo hubiera sido imposible.

Detalle
  
Vista general
  
Firma del autor

Gran Lechería - Casa Lucas
Calle de Carlos Arniches, 25
Barrio de Embajadores (Madrid)
28005 Madrid

lunes, 10 de abril de 2017

Angry Birds (la ensaladilla)


“Angry Birds” es un videojuego finés que narra la historia de unos pájaros de ceño fruncido que se defienden de un grupo de cerdos que amenazan con comerse sus huevos. El éxito del producto ha sido tan grande que sus personajes han dado el salto a la televisión y al cine tras ser descargado en sus móviles por millones de personas a lo largo y ancho de este mundo. Ha habido una presencia tan masiva de estos pájaros y cerdos que grupos animalistas se han planteado hackear el videojuego para liberarlos de la sobreexplotación humana.    

En las inmediaciones de la madrileña plaza de Callao encontré bajo la aparente apariencia de una ensaladilla rusa un nuevo espécimen de “Angry Birds”. No subestimes el poder destructivo de este plato, en esta zona de guiris sirven ensaladillas tan secas que servirían como arma arrojadiza a la Intifada. De hecho esta versión de “Angry Birds” es la más mortífera de todas porque aunque no explote, se divida o lance proyectiles si lo dejas madurar al sol y lo lanzas sobre los enemigos a buen seguro que, como mínimo, pillan una buena salmonelosis.


En ocasiones veo Angry Birds...

viernes, 13 de enero de 2017

Holocausto Cepalópodo


En este local de una muy céntrica calle del viejo Madrid encontramos esta fotografía de un pulpo a la gallega que, se supone, tendrá como objetivo atraer clientes para que entren en el local. Nunca imaginó este pobre cefalópodo que lo menos malo que le iba a pasar era que le atizaran contra las rocas una vez pescado. Poco hubiera pensado el pobre bicho que iba a convertirse en un revoltijo irreconocible más parecido a las entrañas de un ñu recién cazado, a un extra tras rodar "Holocausto Canibal" o al contenido de la compresa de la novia cadáver.

  

jueves, 19 de mayo de 2016

Heladería Sani Sapori (Madrid)

Siempre que transito por la calle Lavapiés toda mi atención se centra en burlar a los captores de clientes de los restaurantes indios. Puede creerme, si eres de los que presumen de ser capaz de escapar del cazador de suscriptores de las ONGs, el rumano del acordeón de la esquina de al lado de casa o el vendedor ambulante que te jode el refrigerio en la terracita, el nivel experto es cruzar esta calle sin acabar sentado en una terraza comiendo pollo tandori. No logras librarte de ellos ni mostrando el carnet de inspector de Sanidad. Quizá por eso, cuando una sucursal de las heladerías de Giuseppe Ricci del número 31 cambió de nombre me pasó totalmente desapercibido.

Un día la Teniente Transaminasa me comentó que en el lugar de la franquicia había ahora una heladería italiana de verdad. Tenía que entrar para verlo así que driblé a todo el que se me interpuso y logré entrar en el local. El color verde dominante de la decoración recordaba al negocio anterior pero al probar su helado enseguida descubrí que estaba en una heladería muy diferente. Desde entonces frecuento más la calle porque además de comer helados cremosos, naturales y deliciosos mi regate ha mejorado tanto que lo envidiaría hasta el mítico extremo López Ufarte.

Detrás de esta heladería se encuentra la italiana Freya. Su historia es la de una niña celíaca enamorada de los helados (¿y qué niño no lo estaría?) Sus padres decidieron aprender todos los secretos del helado preguntando a los mejores heladeros para poder elaborarlos ellos mismos sin gluten. Muchos años después Freya dejó su amargo trabajo en un banco y convirtió su dulce afición en oficio abriendo en 2006 una heladería en la calle Lavapiés bajo el paraguas de una franquicia. Dos años después decidió tomar su propio camino fundando en el mismo local su propia heladería con el revelador nombre de “Sani Sapori”.

En esta heladería se trabaja preferentemente con producto de temporada, fresco, ecológico y de proximidad: leche fresca de vaca de Megeces y de cabra autóctona de Guadarrama, miel de la sierra de Madrid, azúcar de caña bio, melones de Villaconejos o frutas de temporada ecológicas. Sus helados destacan por su espectacular untuosidad y la frescura de sus sabores, auténticos, alejados de esa pátina química y colores fluorescentes de otros locales. Así que si buscan un helado Pitufo, absténganse, aquí no hay de eso. Destaca el potente helado de pistacho siciliano y otros más exóticos como el baobab, con el que hace un helado de agradable sabor cítrico y del que Freya es distribuidora y envasadora de pulpa. Sin olvidar sus helados sin lactosa, gluten o azúcar, para que todo el mundo pueda disfrutar de este maravilloso y frío regalo para los sentidos.

 Un helado de avellana en su terraza

 Los sanos helados de Sani Sapori
   
 Local en la calle Lavapiés
   
Calle Lavapiés, 31
28012 Madrid

lunes, 18 de enero de 2016

Cafetería Suflé


Ningún país se vende tan bien como Francia. Muchas de sus especialidades culinarias, el pastel ruso, el foie gras, etc., se acompañan de una leyenda en la que no falta un cocinero y un comensal ilustre. Las patatas suflé o soufflé no son una excepción. En este caso los protagonistas son un impuntual Luis Felipe I de Francia y un cocinero llamado Colinet, que sorprendido por el retraso del rey decide retirar las patatas del fuego y reservarlas para que, cuando su majestad tuviera a bien aparecer, devolverlas a la sartén y presentarlas calientes. Este tipo de recursos podían ser premiados con unas vacaciones pagadas en la Guayana pero por fortuna para Colinet el inesperado resultado fueron unas patatas abombadas, crujientes y etéreas que entusiasmaron al monarca.  

Estas patatas llevan más trabajo que las normales y es difícil cogerles el punto por lo que pocos locales las ofrecen. En Madrid solo algunos restaurantes de alto copete y solo como guarnición. La Cafetería Suflé era la única, que yo sepa, que las servía como una ración más. Este establecimiento abrió sus puertas hacia 1989 en el lugar donde había una tienda de alimentación. La hermosa fachada de los años veinte le daba un aire de elegancia al exterior y los camareros con chaquetilla de rancio abolengo al interior, un marco adecuado para servir patatas de tan alta alcurnia. Por desgracia Suflé cerró en agosto de 2015 por jubilación. En su lugar se sitúa ahora un nuevo negocio pero al menos seguimos disfrutando de su singular fachada protegida.

 Aspecto de Suflé en septiembre de 2015
   
 
Cafetería Suflé ya es historia

 
Los nuevos inquilinos, Ibast

Cafetería Suflé
Calle Virgen de los Peligros, 8
Barrio de Sol (Centro)
28013 Madrid

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Actualización 17/09/2019

Fachada restaurada

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Actualización 23/03/2021

Un nombre de lo más apropiado
Descanse en paz

jueves, 13 de agosto de 2015

Bocadillo de Bárcenas


Durante las recientes fiestas de San Cayetano un bar de El Rastro, popular por sus navajas a la plancha, rebautizó el bocadillo de chorizo con el nombre de Bárcenas. En "Bar Cruz-La Casa de las Navajas" todavía se cantan los pedidos a pleno pulmón por lo que esos “bárcenas” debieron provocar no pocas sonrisas entre la ya de por si animada clientela de los domingos de mercadillo.

El uso del sustantivo chorizo para referirse a “los amigos de lo ajeno” parece que tiene su origen en el caló donde ladrón se dice “chori” y es probable que los payos por asimilación lo convirtieran en “chorizo”. Hoy esta acepción es tan popular que frases como “no hay pan para tanto chorizo” están, para nuestra desgracia, completamente vacías de su original contenido gastronómico.

El diccionario de la RAE reconoce esta acepción vulgar sólo para “rateros, ladronzuelos y descuideros”, en pocas palabras, ladrones de poca monta. A la vista del estatus al que pertenecen en la actualidad los chorizos de los que hoy todo el mundo habla no estaría de más que la Academia ampliara la definición a Altezas Reales, Excelencias, Ilustrísimas y Señorías.

Cartel en Bar Cruz durante las fiestas del barrio
 
 ¿Será ésta la forma de pedir un bocadillo de Bárcenas?
 
 ¡Viva El Rastro!
 
Bar Cruz-La Casa de las Navajas
Calle de las Maldonadas, 1
28005 Madrid

miércoles, 1 de julio de 2015

Duros de pelar


Este título no es una referencia al desafortunado himno“choni” (innecesariamente recuperado para la publicidad) sino un homenaje a los actores del cine de mamporros de nuestra juventud. Los Lundgren, Dudikoff, Norris o Stallone nos enseñaron el camino para reducir a los agentes de la KGB, los ninjas, robots y alienígenas que amenazarían nuestro futuro. Conocimiento un tanto infructuoso porque jamás en nuestra vida adulta tuvimos que enfrentarnos a semejantes peligros. Para desgracia de muchos de nosotros la administración Reagan nunca nos preparó para reducir al verdadero enemigo: el adolescente encolerizado que patea tu vitrina del salón porque no le subes la paga.

La imagen pertenece a un cartel exterior de un restaurante que ofrece paellas en la madrileña calle de Alcalá. El distrito Centro, especialmente las inmediaciones de la Puerta del Sol, tiene una gran oferta de gastronomía “typical spanish” dirigida a turistas que buscan emociones fuertes: boquerones en vinagre parcialmente refrigerados, sangrías con vino D.O. “Tetra Brik”, churros con sabor a chistorra, etc., pero nada tan peligroso como estas cigalas macarras que se enfrentan dentro de una paellera que está más caliente que el cenicero de José Luis Garci. Si pides una tendrás que esperar primero a que estos crustáceos resuelvan sus diferencias. Luego deberás colaborar en la eliminación de las pruebas del delito. Aún así, créeme, siempre será mejor que enfrentarte a un Paellador… ¿o no?

Cigalas montando un pollo (es sólo una manera de hablar)

miércoles, 13 de mayo de 2015

Rosquillas de San Homer

Muerto, rematado y emplatado (VIII)

En estas fechas todas las pastelerías de Madrid ofrecen las rosquillas de San Isidro. Dulce de irrefutable origen madrileño su consumo se extiende desde el primero de mayo hasta el final de las fiestas de San Isidro Labrador. Hay cuatro variedades: tontas (sin cobertura), listas (cobertura de limón), Santa Clara (cobertura blanca de merengue) y francesas (cobertura de almendra picada). Además de las pastelerías de toda la vida a esta tradición se suman franquicias de pastelería, tiendas de alimentación y supermercados para satisfacer a paladares poco exigentes.

En el escaparate de una conocida franquicia de pastelerías conocida por sus cruasanes parcialmente hidrogenados y cuyas tiendas en Madrid proliferan como las sonrisas de los políticos en campaña electoral encontramos esta versión de las rosquillas de San Isidro. Este fotomontaje de un grupo de rosquillas sobre castizos cuadros de Vichy sería rechazado hasta por el diseñador de las portadas de La Razón. Bañadas con colorantes sacados de la paleta de un pintor de brocha gorda y con aspecto de haber sido horneadas con una base de plutonio en el reactor de la Central Nuclear de Springfield harían las delicias del mismísimo Homer Simpson. Si después de ver este cartel aún tienes ganas de comerlas es que valoras tanto la tradición como tu bolsillo.


 "Mosquis, mi creación rosa refulgente para San Isidro..."

miércoles, 8 de abril de 2015

Creperie Ma Bretagne (Madrid)

Desde que soy cliente de la crepería “Ma Bretagne” no gano para sustos. Primero fue la rehabilitación de la inestable finca centenaria, después una obra que se alargó más que El Escorial por problemas de papeleo y ahora un incendio ocasionado por la reactivación de una vela. Por lo visto este local ha sufrido todas las catástrofes posibles salvo la organización de una cena de confraternización de UPyD... Recientemente reabierta, escribo esta entrada antes de que otro desastre me obligue a incluirla en la sección de negocios desaparecidos.

La que podría ser la crepería más antigua del país fue inaugurada hace cuatro décadas por oriundos franceses. En los noventa éstos decidieron probar suerte en la soleada Benalmádena donde montaron un negocio con el mismo nombre y decoración muy similar, con las características vigas de madera bretonas, aunque bastante más amplio, y que cerró por jubilación el pasado mes de septiembre. Por su parte, el local madrileño, que es el que nos ocupa, pasó a otros propietarios que lo han llevado desde entonces, se ha convertido en un referente del barrio de Maravillas.

El local pequeño e íntimo invita a tomártelo con tranquilidad. La única pega: su acústica. Un solo grupo cenando hará que te sientas en medio de una recreación histórica de amigos de la Toma de la Bastilla. Las crepes son de harina blanca, ligeras y bien elaboradas, las hay tanto saladas como dulces, pudiendo elegir entre multitud de rellenos. Las raciones son generosas, así que si dos crepes son mucho para ti recomiendo sustituir la crepe dulce del postre por su riquísima crema de limón con nata. A pesar de su fama y estar siempre lleno mantiene precios económicos.

¡Au revoir!


Decoración interior de inspiración bretona

Fachada de Creperie Ma Bretagne en Malasaña

Tarjeta de Creperie Ma Bretagne

Calle de San Vicente Ferrer, 9
28004 Madrid

lunes, 30 de marzo de 2015

Gambas al asquillo


Madrid tiene puerto de mar. El Mercado Central de Pescados de Mercamadrid factura más de 130 millones de kilogramos de pesca y acuicultura y es el mayor en volumen de comercialización de Europa, por lo que a nadie le debería extrañar que entre nuestros platos típicos se encuentren bocatas de calamares, tajadas de bacalao y, por supuesto, gambas, tanto a la plancha como al ajillo.

Por eso es de agradecer que esta publicidad exterior en las inmediaciones de la Estación Madrid-Puerta de Atocha tenga a bien señalar junto al precio que eso que vende en este local son gambas para consumo humano y no cebo para los barbos del río Manzanares que, como bien es sabido, pican hasta con chapas de Coca-Cola. Estos pobres crustáceos pegajosos y empalados serían rechazados hasta por las carpas del estanque del Retiro.


lunes, 23 de febrero de 2015

El misterio del pollo fractal


Siempre fui aficionado al misterio. Cuando era niño estaba enganchado los jueves noche al fenómeno televisivo “Más Allá”. Fernando Jiménez del Oso presentaba en TVE-2 este programa por el que desfilaban enigmas como los del Área 51, el Triángulo de las Bermudas, la Atlántida o las Líneas de Nazca, pero ninguno me resultó tan turbador como el del pollo fractal…

Un fractal es un objeto cuya estructura se repite a diferentes escalas. En el programa dedicado a este misterio operarios de Mercamadrid aseguraban haber visto alitas, muslos y pechugas de pollo con forma de pollo y para corroborarlo un colaborador, el mismísimo J. J. Benítez, afirmó haberse topado con el misterio en un plato de pollo tikka masala en Calcuta.

Hace al menos dos décadas que no hay noticias en los medios sobre este fenómeno hasta este momento porque ayer hallé en un bar en las proximidades de la Plaza Mayor de Madrid este letrero que promociona alitas de pollo en el que podemos apreciar un pollo fractal. No exagero si afirmo que podemos encontrarnos ante la primera prueba documentada de su existencia. 

Misterio resuelto ¡Chúpate esa Iker Jiménez!


viernes, 2 de enero de 2015

Swinton & Grant (Madrid)

Arte y comida son dos términos que tanto en el pasado como en el presente suelen resultar antitéticos. De las privaciones que soportaron los artistas del pasado no se libraron ni algunos de los más afamados como el pintor Luis Meléndez, que pasó medio siglo XVIII pintando bodegones repletos de buenos alimentos pero que ironías del destino murió en la más absoluta indigencia. Hoy en día ser artista tampoco es fácil pero siempre se puede recurrir al “tupper” de mamá.

Swinton & Grant mantiene una relación más amable entre arte y gastronomía. Se trata de un espacio artístico emplazado frente al espacio de arte urbano Muros-Tabacalera en el barrio de Lavapiés que funciona además de como cafetería como galería de exposiciones para nuevos talentos, residencia artística en un apartamento adjunto y biblioteca especializada en arte urbano y de vanguardia con una buena colección de cómics.

El propósito de esta entrada es la cafetería que parece pensada para sentarse a charlar, conectarse a Internet, trabajar o leer mientras tomas un tentempié. Lo que viene a ser  la filosofía Starbucks pero en un entorno más intelectual, alternativo y sobre todo mucho más personal. La carta no es para tirar cohetes pero el producto fresco y preparado en el momento satisface a un público que no busca la excelencia gastronómica. Una nueva oferta para tomar algo en un barrio que cada vez pinta, literalmente, mejor.

 
La cafetería del espacio Swinton & Grant en Lavapiés

 
Tarta de zanahora en plato "viejuno" (perdón, "vintage")

 
Tarjeta de Swinton & Grant 

Calle Miguel Servet, 21
28012 Madrid

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Actualización 24/02/2026

La parte de cafetería desapareció en 2018.

lunes, 29 de diciembre de 2014

El Cogollo de La Descarga (Madrid)

Asturias es ampliamente conocida por su suculenta y variada gastronomía, algunos de cuyos platos son, si no universal, si ampliamente conocidos. Pero hete aquí que una de sus más sencillas y deliciosas contribuciones al mundo del buen comer provoca una nula reacción en algunos y su mención un amplio grado desconocimiento. Estoy hablando del Cachopo. Sí con mayúsculas, me da igual lo que diga la RAE. De hecho esta institución define un cachopo como ”el tronco seco y hueco de un árbol”. Qué apreciación tan equivocada y al mismo tiempo tan certera. El Cachopo consiste en dos filetes de ternera empanados rellenos de jamón y queso. Algo tan sumamente sencillo, que como todo en esta vida, si no está bien hecho y los ingredientes no son de calidad puede acabar siendo, o bien un mojón de carne relleno de insulsa chicha que inasequible al desaliento se pasea durante horas por nuestra boca hasta la extenuación de nuestras mandíbulas, o bien terminar pareciendo un sucedáneo del “viejuno” San Jacobo de bar de carretera generosamente repleto de Tranchetes y jamón cocido.

En Asturias muchos locales consideran al Cachopo como una buena prueba de fuego de la calidad de sus materias primas y la capacidad de ingesta calórica de un comensal en una sola sentada. En Madrid donde los restaurantes asturianos abundan pueden encontrarse en muchas de sus cartas, ahora bien, encontrarlos buenos ya es otro cantar.

En el restaurante El Cogollo de La Descarga ofrecen uno de los mejores que he probado fuera de las fronteras de Asturias y dentro de la capital del Reino. Este pequeño restaurante abrió hace relativamente poco, encabezando esta aventura un joven emprendedor de Cangas del Narcea, localidad cuya presencia salpica cada rincón del lugar. La verdad es que el local en si no destaca por su aspecto que bien podría usarse como localización para la celebración de un bautizo de un nieto de los Alcántara pero la calidad y cantidad de su producto dan a entender que es ahí y no en la decoración de interiores donde se pone el acento.

El tamaño del Cachopo de El Cogollo es considerablemente grande sin llegar a ser descomunal, la ternera jugosa, el relleno de jamón serrano servido en una proporción adecuada y su queso (secreto que no conseguimos arrancar al dueño) lo suficientemente graso como para fundirse dando untuosidad pero sin despanzurrarse por el plato, su rebozado crujiente, ligero y nada aceitoso. Para un comensal de apetito estándar con una ración comen dos y cabe sitio para los postres, algo más flojos que el resto de la carta.

El lugar suele estar a rebosar con un ambiente ruidoso poco apto para cenas románticas pero perfecto para comidas con amigos o para contentar a ese cuñado tedioso que no deja de repetir que como en su pueblo no se come en ningún sitio.


El Cachopo de El Cogollo

Tarta de café
 
Tarjeta de El Cogollo de La Descarga
 
Calle Lechuga, 3
28012 Madrid

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Actualización 29/08/2019


Se ha trasladado a otra dirección:


Calle de las Hileras, 6

28013 Madrid