Mostrando entradas con la etiqueta madrileño. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta madrileño. Mostrar todas las entradas

lunes, 18 de enero de 2016

Cafetería Suflé


Ningún país se vende tan bien como Francia. Muchas de sus especialidades culinarias, el pastel ruso, el foie gras, etc., se acompañan de una leyenda en la que no falta un cocinero y un comensal ilustre. Las patatas suflé o soufflé no son una excepción. En este caso los protagonistas son un impuntual Luis Felipe I de Francia y un cocinero llamado Colinet, que sorprendido por el retraso del rey decide retirar las patatas del fuego y reservarlas para que, cuando su majestad tuviera a bien aparecer, devolverlas a la sartén y presentarlas calientes. Este tipo de recursos podían ser premiados con unas vacaciones pagadas en la Guayana pero por fortuna para Colinet el inesperado resultado fueron unas patatas abombadas, crujientes y etéreas que entusiasmaron al monarca.  

Estas patatas llevan más trabajo que las normales y es difícil cogerles el punto por lo que pocos locales las ofrecen. En Madrid solo algunos restaurantes de alto copete y solo como guarnición. La Cafetería Suflé era la única, que yo sepa, que las servía como una ración más. Este establecimiento abrió sus puertas hacia 1989 en el lugar donde había una tienda de alimentación. La hermosa fachada de los años veinte le daba un aire de elegancia al exterior y los camareros con chaquetilla de rancio abolengo al interior, un marco adecuado para servir patatas de tan alta alcurnia. Por desgracia Suflé cerró en agosto de 2015 por jubilación. En su lugar se sitúa ahora un nuevo negocio pero al menos seguimos disfrutando de su singular fachada protegida.

 Aspecto de Suflé en septiembre de 2015
   
 
Cafetería Suflé ya es historia

 
Los nuevos inquilinos, Ibast

Cafetería Suflé
Calle Virgen de los Peligros, 8
Barrio de Sol (Centro)
28013 Madrid

------------------------------------- 
Actualización 17/09/2019

Fachada restaurada

------------------------------------- 
Actualización 23/03/2021

Un nombre de lo más apropiado
Descanse en paz

martes, 5 de mayo de 2015

Pastelería Niza


Desde el siglo XIX la esquina de la calle Argensola con Orellana estuvo ligada a la pastelería. La última que ocupó ese espacio fue la Pastelería Niza que nació en 1921 cuando el local pasó a la familia Vaquero y era conocida por sus bizcoletas, sakuskinas, rosquillas de yema, pastas de té, volovanes y sobre todo por la especialidad de la casa, sus archiconocidos rusos. Una dulce historia hasta su cierre en enero de 2009. Hoy la familia Vaquero continúa la tradición en un establecimiento con el mismo nombre en Majadahonda pero al igual que ocurrió con el Rally Dakar en el traslado perdió parte de su alma...

Y es que Niza no sólo surtía de exquisitos bocados a los vecinos del Barrio de Justicia sino que el local en si era un museo. Su interior cuajado de madera y mármol e inconfundible estilo decimonónico llamaba la atención tanto o más que las elaboraciones de su obrador. Si unimos la adicción que crea el dulce a la belleza del local a buen seguro que de haberlo visitado Stendhal hubiera salido de allí con los pies por delante. Durante más de un lustro no había vuelto a ver sus hermosos mostradores y estanterías, ocultos de las miradas melancólicas tras el velo del cierre metálico. A la vista sólo su fachada de madera, maltratada por la crudeza del tiempo, el abandono y los aerosoles.

Daba por perdido para siempre tanto el negocio como el local pero la semana pasada descubrí movimiento en su interior y la puerta entreabierta. Pude hablar con los amables nuevos inquilinos que proyectan abrir una tienda de “cupcakes”, otra más. Lo más importante es que están rehabilitando el local por dentro. Al parecer el interior estaba muy deteriorado por el abandono y están trabajando duro para dejarlo tal como la recordábamos, sólo por eso merecerían tener suerte. En unas semanas abrirá y si bien es cierto que ya no encontraremos sus deliciosos rusos al menos recuperaremos una parte del patrimonio comercial, artístico y emocional de Madrid.

Por cierto, si te has quedado con ganas de un ruso prueba el de la Antigua Pastelería del Pozo.

Estado actual de la restauración en su interior
 
 Fachada de madera de la Pastelería Niza

Detalle de cómo cuidamos nuestro patrimonio

-------------------------------------
Actualización 26/10/2015


Desde hace tres meses podemos volver a disfrutar del rehabilitado interior y exterior de la mítica Pastelería Niza ahora Sugar Factory Madrid. Hay cambios en su distribución, el almacén posterior ha sido acondicionado como cafetería y en la planta inferior se ha instalado el obrador (en la anterior etapa se encontraba en otro local en la calle Justiniano). 

Su especialidad como adelanté son los cupcakes. Tenía la esperanza de encontrar algún homenaje al afamado pastel ruso del Niza aunque fuera en una versión arco iris pero por desgracia no lo elaboran. Dejando mis deseos insatisfechos a un lado hay que reconocer a los nuevos inquilinos la meticulosa recuperación de una parte de la historia comercial de Madrid. Sólo por eso espero que tengan éxito.
 
Interior felizmente restaurado
 
Viejo escudo borbónico

Fachada actual 

------------------------------------- 
Actualización 24/05/2018


La burbuja de los cupcakes ha estallado... desde hace un año este local y su espectacular mobiliario es una perfumería.

------------------------------------- 
Actualización 30/08/2019

El local de Majadahonda también está cerrado.


Pastelería Niza
Calle Argensola, 24 (esquina con Calle Orellana)
Barrio de Justicia (Chamberí)
28004 Madrid

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Vaquería La Tierruca


Mi madre es de la montaña leonesa, en concreto de Laciana. La falta de oportunidades la trajo a Madrid, como a tantos otros. Recientemente me recordaba que cuando pasaba por delante de una vaquería en la capital, en concreto del barrio de Usera, buscaba con la mirada el establo, con el recuerdo fresco de cuando siendo niña ordeñaba a las vacas y las subía al monte a pastar. También en la ciudad de Madrid, y hasta no hace tanto tiempo, llegó haber censadas 14.000 vacas repartidas en cientos de estas vaquerías, sesenta y seis sólo en el barrio de Carabanchel y formaban parte de la estampa castiza madrileña.

La “edad de oro” de las vaquerías llegó a su fin cuando se adoptaron razonables normas de salud e higiene. En 1961 el "Reglamento de actividades molestas, insalubres, nocivas y peligrosas" prohibió en su art. 13 las vaquerías dentro del casco urbano de las ciudades de más de 10.000 habitantes, fijando un plazo de cumplimiento de diez años. Más tarde un decreto de la Presidencia del Gobierno de 4 de agosto de 1964 estableció que la leche de consumo en Madrid debería estar pasterizada, envasada y proceder de centrales lecheras. Arrinconadas por estas normas las vaquerías se cerraron paulatinamente hasta desaparecer en su totalidad.

Éstas servían a los madrileños leche fresca a granel, sólo de dos clases, la normal y otra más barata aguada, adelantándose a la “desnatada”. Ni el más mínimo rastro de “bifidus activo”, “calcio plus”, “con fibra”, “naturcol”, “entera más ligera” y otras sandeces. Tampoco había otras “leches” como las de soja, avena, almendra, etc., salvo, claro está, las que repartían los agentes de la autoridad... Entonces no existía el actual discurso de “la leche mata”, en realidad era un alimento básico y no disponer de ella sinónimo de hijos pequeños y enclenques. Aunque moleste a algunos la leche está en nuestra dieta desde que dejamos las cavernas, ligada al nacimiento de la ganadería, que junto a la agricultura, son las bases de nuestra sedentaria civilización.

Hace unos noventa años, Leoncio, ganadero natural de Selaya, capital de los sobaos pasiegos, junto a su pareja Julia, abren al otro lado del arroyo de Abroñigal (hoy entubado bajo la M-30) una vaquería en el núcleo obrero que había surgido tras la expulsión del centro de Madrid de las industrias consideradas molestas. Este nuevo barrio, aunque pertenecía al municipio de Villa de Vallecas, al que pronto superó en población, estaba separado de Madrid sólo por un puente que pronto le dio nombre, el Puente de Vallecas. Hoy, incorporado a Madrid desde 1931, el distrito tiene una población de 233.000 habitantes.

Llamaron a la vaquería “La Tierruca”, expresión empleada por la emigración cántabra para evocar su patria cuando estaban lejos de ella. Ahí no acaban las referencias a Cantabria, los dueños encargaron a la fábrica de azulejos de Enrique Guijo, en el número 80 de la Calle Mayor, un mural cerámico pintado con escenas pasiegas referidas al ordeño y transporte de la leche. El buen oficio del reputado ceramista cordobés, responsable de otras maravillas en Madrid como “Los Gabrieles” y “Antigua Huevería”, convirtió lo que podría haber sido una vaquería más en un regalo visual para sus clientes.

Hacia 1953, los dueños traspasaron por cien mil pesetas, todo un capital para la época, el negocio a Pedro y Micaela. La pareja venía de Guadalajara pero Pedro era del mismo pueblo que Leoncio y como aquel, también ganadero. Aquí comienza una segunda vida para la vaquería, la más reciente y que aún perdura en la memoria de muchos vallecanos. No era la única, en la misma Av. del Monte Igueldo había otras dos, una en el número 89, donde se encuentra el “Ahorramás”, y otra en la esquina con Calle de Teresa Maroto. También en las Calle Argente, Sta. Julia, Lozano, María Encinas...

La parte de "La Tierruca" donde se encuentra el mural cerámico (que da a la Av. del Monte Igueldo) correspondía a vivienda, mientras que vaquería y lechería se orientaban a la más discreta Calle del Hachero. Entre los ilustres residentes una treintena de vacas que contaban con asistencia veterinaria. La lechería, por su parte, además de leche ofrecía vino, bollería y otros comestibles. El negocio no iba mal, el barrio crecía y la idea de “comercio de proximidad” estaba arraigada. Los vecinos rara vez acudían a comprar a Madrid.

La normativa antes citada cambió la vaquería para siempre, primero al desaparecer la venta directa de leche, algo que no gustó a muchos vecinos que siguieron pidiendo la leche sin transformación, y más tarde al recibir la orden de desalojar los animales coincidiendo con el fin del plazo en 1972. Ese mismo día dio a luz una vaca, quien sabe si el último ternero con DNI de Madrid. La vaquería se convirtió en tienda de alimentación hasta su cierre hacia el 2004. Hasta entonces era fácil ver a Micaela departiendo con sus clientes de siempre. Hoy donde se ubicaba la vaquería hay unos apartamentos.

Pero lo que se mantiene prácticamente intacto es el mural cerámico. Durante cincuenta años Micaela lo cuidó con esmero, sólo empleaba agua templada para limpiarlo y pobre de aquel que se acercara con malas intenciones… Hoy tiene 92 años (definitivamente la leche no debe ser tan nociva) sigue siendo vecina del barrio y vallecana de adopción. Gracias a su trabajo y cariño hoy los vecinos disponen de una obra de arte al aire libre. Espero que también sea consciente de su valor la Junta Municipal y reciba la debida protección para que se conserve entre nosotros muchos años más.
 
Mural cerámico de E. Guijo en la Av. del Monte Igueldo

Forja y azulejos tienen alrededor de noventa años

Detalle sobre el transporte de la leche

Mi agradecimiento a Pedro, hijo de Micaela, por recibirme en el barrio y contarme los secretos de la vaquería. Espero que esta entrada sirva para mantener el recuerdo de "La Tierruca" entre todos aquellos vallecanos que no tuvieron la suerte de conocerla. 

Vaquería La Tierruca
Avenida del Monte Igueldo, 103 (esquina con Calle del Hachero)
Barrio de San Diego (Puente de Vallecas)
28053 Madrid

viernes, 29 de agosto de 2014

Comestibles finos


En Lavapiés resiste el exterior cerámico de este viejo comercio de comestibles cerrado el siglo pasado. No le ponemos nombre porque en realidad nunca lo tuvo pero todo el mundo lo conocía por “la tienda de Valen”, en alusión a Valeriano, su propietario, que además tenía una lechería enfrente. No había necesidad de bautizar comercios en aquellos tiempos en los que todos se conocían en el barrio. En la actualidad Valeriano y su pareja disfrutan de un merecido retiro y el local, en apariencia cerrado, acoge el taller de un yerno.

-------------------------------------
Actualización 05/12/2020

El reciente "Estudio y propuesta de intervención para la conservación de la cerámica aplicada en la fachada del comercio histórico Comestibles Fino en Lavapiés, Madrid" de Beatriz Collar Castro ofrece muchos datos interesantes:

- Fecha del inmueble: 1870
- Fecha de los azulejos: entre 1924 y 1935.
- Estilo: Escuela sevillana (letrero).
- Técnica: Arista y otros procedimientos semi-industriales.
- Probable Autoría: Enrique Guijo. 

Mi más sincero agradecimiento a Beatriz por compartir conmigo su investigación. 

Comestibles finos
Calle Ministriles, 25 (esquina con Calle San Carlos)
Barrio de Embajadores (Centro)
28012 Madrid 


 El abandono es su actual enemigo
 
Detalle del azulejo

jueves, 24 de julio de 2014

Comestibles finos José Luque

Madrid, Madrid, MadRIP... 

El Madrid castizo se muere, lo estamos matando entre todos. Si un visitante pregunta a un madrileño por comercios típicos éste es probable que se preste a hacerle una ruta por pubs irlandeses obviando las tascas castizas. El madrileño es así: hospitalario, generoso y tarugo. No es renuncia a su identidad sino ignorancia al asumir el discurso foráneo que sitúa a Madrid sólo como puerto de entrada: sin historia, carácter ni personalidad. A pesar de la creencia popular, lo madrileño existe.

Todos los años desaparecen míticos comercios madrileños sin que nos percatemos de ello. El desconocimiento de nuestro rico patrimonio comercial es otro factor en contra de su conservación que añadir a la ruina del establecimiento minorista, la falta de relevo generacional, el final de la prórroga de la Ley de Arrendamientos, la pandemia de las franquicias y esa crisis económica de la que sólo salieron aquellos que la causaron.
  
¿Tenemos todavía en Madrid comercios castizos? Sí, genuinos y fáciles de distinguir por su fisonomía. Muchos de ellos destacan por exteriores con elaborados trabajos de carpintería, vidrios con rótulos pintados “al revés”, azulejos talaveranos, cristal grabado “al ácido” y aquellos eslóganes publicitarios de caldos madrileños, entre otros elementos identificativos. Y en su interior no faltan las más comunes frascas, barricas de vino, mostrador de zinc, caja registradora, mesas de mármol y balanza de pesas.

Esta nueva sección es un homenaje al comercio castizo del viejo Madrid. Fijaremos nuestra atención en aquellos que echaron el cierre por cese de actividad. Todas esas tascas, pescaderías, hueverías, lecherías y otros muchos negocios que nos vieron crecer, con propietarios que no se conformaron sólo con ofrecernos tragos y viandas sino que además se preocuparon por iluminar nuestras calles con sus bonitas fachadas y que ahora en silencio, invisibles a nuestra mirada, resisten tristes y descuidadas.

Comestibles finos de José Luque 
Avenida del Monte Igueldo, 96
Barrio de San Diego (Puente de Vallecas)
28053 Madrid 

Fachada de Comestibles finos de José Luque en Puente de Vallecas

 Publicidad de Cafés El Gato Negro: mítico tostadero de Torrijos

 Azulejos decorativos obra de Antonio Caballero