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miércoles, 8 de abril de 2026

UKO (Cervera de Pisuerga)

Déjame entrar (XI)

Hay lugares que cuando los nombro me evocan el sabor del hojaldre; lugares como Boñar, Unquera o Torrelavega. En el caso de Cervera de Pisuerga son sus socorritos, unos lazos de fino hojaldre cubiertos por azúcar glas. Son obra de Raquel Cabezas, una cerverana que se trasladó a León para aprender el oficio y que a su regreso comenzó a venderlos como “raquelitos”. En 1965 ingresó en un convento donde dirigió el obrador hasta que abandonó la vida religiosa debido a la enfermedad de su madre, Socorro. De vuelta en su casa y junto a su hermano Ángel decidieron retomar la producción en el pueblo pero cambiándole el nombre por el de Socorritos ya que sus antiguas compañeras de vocación, entre rezo y rezo, habían registrado la marca del dulce de su creación a nombre de la congregación.

Raquel y Ángel no perdieron la fe y a sus rebautizados hojaldres fueron sumando más productos, abriendo la fábrica, extendiendo la comercialización y asegurando el relevo generacional. Conocí los "socorritos" hace una década en un ultramarinos de mi ciudad y más recientemente acompañados de un chocolate en su sede de Cervera de Pisuerga. En la tienda de la fábrica fue donde me informaron de que realizan envíos a domicilio. Con esta opción puedes elegir cualquiera de sus productos ("socorritos", "sequillos", "tortos", etc.) con la posibilidad de pedirlos en cajas grandes (línea hostelería) y así poder agasajar a tus compañeros de trabajo por el día de tu cumpleaños dejando fatal a aquellos que compran para la ocasión un surtido de pastas variadas del "Lidl".

Mi pedido

Tienda de la fábrica UKO

Mi socorrito favorito: el de chocolate pequeño

Paseo Valdesgares, 26
34840 Cervera de Pisuerga (Palencia)

martes, 25 de marzo de 2025

Confitería Cerería Donézar (Pamplona)


Por mucho que se planifique una excursión gastronómica siempre hay sorpresas, algunas muy agradables como esos productos que descubres típicos de la zona. En este apartado incluyo el mostillo en Ciudad Real, el alajú en Cuenca o los abisinios en Valladolid que desde su descubrimiento in situ nunca faltan en mi cesta. Por otro lado, están las viandas que no identificarías con un lugar en concreto como el chocolate en León (al que ya le dedicamos una completa cata amateur en este blog), los sándwiches en Bilbao o las tapas en Lugo.

En 2015 proyecté en Pamplona una ruta de la tortilla de patatas que fue un éxito total, no tanto en número de visitas, pero sí en ingesta de calorías y en satisfacción para mi paladar. Durante aquella experiencia inmersiva y como forma de endulzar mis jornadas elegí un local con notables referencias en internet por sus hojaldres con chocolate. Por desgracia era una masa vulgar rellena de una Nocilla muy alejada de lo que mi fino morro considera una buena pastelería. Para quitar el mal sabor de boca decidí entrar en una confitería de siempre y pedir la especialidad del local. Salí de allí con una caja de pastas de té y mientras daba cuenta de ellas observé bastante desconcertado que había más escaparates donde destacaba este producto. Sinceramente, nunca imaginé esta especial relación de esta ciudad con las pastitas pero imaginando a unos pamplonicas viendo un partido del Osasuna sorbiendo de una tacita con el dedo meñique se me ocurrió realizar una ruta de las pastas o “pasticas” de té.

Tras visitar varias pastelerías clásicas llegué a la conclusión de que las pastas de té de Pamplona estaban por encima de la media. Una de las que más me sorprendió fue la centenaria Donezar. Imaginad mi expresión de sorpresa cuando descubrí que este comercio cuyo origen se remonta a septiembre de 1853 vende dulces y velas al mismo tiempo. Al preguntar la causa de tal extraña combinación me comentaron que los oficios de confitero y cerero, hoy diferenciados, pertenecían antiguamente al mismo gremio. Un testimonio vivo esas confiterías-cererías de antaño es este centenario establecimiento.

Si el desbordamiento del Manzanares te impide visitar Pamplona para hacer una ruta de pastas “Donezar” puede enviártelas a tu domicilio. Mi experiencia es que si las pides el fin de semana el martes ya puedes esperar nervioso tras la puerta a que te llegue a casa el ansiado manjar. Además de sus deliciosas pastas de té quiero destacar dos productos del pedido: turrón royo tipo Artajona (en este caso de almendra, el tradicional de las navidades navarras) y lamparillas de cera de abejas (tan difíciles de encontrar hoy en día) por si necesitas algo además de dulce para iluminar tu vida.

Amor a primera vista
   
Pastas de té
   
Lote completo
   
Calle de la Zapatería, 41
31001 Pamplona (Navarra)

viernes, 14 de febrero de 2025

Confitería Ruiz (Cuenca)

Déjame entrar (IX)

Recuerdo mi primer viaje a Cuenca con horror. Fue en el antiguo tren Madrid-Valencia y todavía palidezco al recordar aquellas eternas cuatro horas en un vagón que se agitaba más que tu vaso de cerveza cuando intentas llegar hasta el escenario en un concierto de AC/DC. Al preguntar al revisor si la causa de tanto movimiento era que nos habían cambiado al Talgo Pendular soltó una gran risotada antes de desvanecerse en el siguiente traqueteo. El meneo era tal que por Ocaña mi plano de Cuenca se había convertido en una bolsa para el mareo. Con una hora de retraso llegué a la estación donde había una placa que conmemoraba el 102 aniversario que fueron los que a mí me parecieron que duró aquel viaje.

Con menos tiempo del previsto para ver Cuenca y con el estómago del revés prescindí del almuerzo para pasar directamente a ver la ciudad. Las agradables sorpresas que me deparó la ruta merecieron la pena y finalmente, no sólo recuperé tiempo, sino que aún pude ir más allá de las típicas zonas turísticas y descubrir barrios auténticos como el de Tiradores Altos. Al final de la tarde con el objetivo cumplido y el buche vacío decidí picar algo. Mi elección fue la "Confitería Ruiz", un establecimiento con una irresistible decoración algo trasnochada. Pregunté al dependiente qué dulce conquense recomendaría a una persona fuera a subirse al Transiberiano. Había descubierto el alajú.

Desde entonces vivo obsesionado con esta torta hecha con una pasta de miel y almendra entre dos obleas. En Madrid contadas veces encuentro alajú y cuando lo logro no es como el que comí aquel día. La solución es ir a por el original a Confitería Ruiz, a ser posible en tren de alta velocidad, o bien hacerles un pedido, como en la última ocasión. Este llegó a mi casa en sólo 48 horas magníficamente empaquetado con varias cajas de alajú (lo sirven todo el año), rosquillas de yema (En Madrid rosquillas de Alcalá, en Huesca glorias…) y pastas variadas (muy finas por cierto). Una manera práctica de satisfacer el vicio por el alajú sin necesidad de moverse de casa.

Alajú
  
Pastas variadas
  
Rosquillas de yema
  
Pedidos Confitería Ruiz
Calle Carretería, 12
16002 Cuenca

viernes, 20 de agosto de 2021

Pastelería Galicia (Tordesillas)

Déjame entrar (VIII)

Descubrí los polvorones de Tordesillas un afortunado día en el que hice parada en la villa, traspasé el umbral de la centenaria Pastelería Galicia y pregunté a una empleada cuál era su especialidad. La contestación me dejó bastante desubicado porque por entonces todavía pensaba que ese producto sólo se daba del Tajo para abajo. Por aquellas llanuras podía esperar abisinios, ciegas o rosquillas de palo; incluso por el nombre de la pastelería, tartas de Santiago, bicas o melindres, nunca polvorones; pero ya que estaba allí pedí una caja. Regresé a Madrid con escasas expectativas sobre el producto y el miedito en el cuerpo de haber sido el primo de la capital al que acababan de endosar los restos a punto de caducar de la campaña de Navidad.

Pero no fue así porque desde ese día los delicados polvorones del Toro forman parte de mi dieta navideña (si es que esos dos conceptos pueden ir en una misma frase). Durante estos años he tropezado con ellos fortuitamente en algunos supermercados y mantequerías de Madrid, pero mi lugar predilecto para comprarlos es Valladolid donde los  encuentro a granel por sólo seis euros kilo. Como esta Navidad no pisaré Pucela mi primera opción era un mítico comercio cerca de Sol a 24 euros kilo, un precio razonable para un guiri tras beberse cinco cervezas en la Plaza Mayor pero del todo inaceptable para un parroquiano en plena época de crisis. Como las cosas aún no están para pasearse en un abarrotado centro urbano con menos gente con mascarilla que diputados en una sesión ordinaria del congreso decidí que este año le haría un pedido directamente a la Pastelería Galicia.

Aproveché el pedido para descubrir otros productos de su obrador que sólo se venden en la tienda de Tordesillas. Así que a los polvorones tradicionales del Toro le acompañaron esta vez unos polvorones de almendra (con un “cruje” de almendra muy agradable al paladar), canelos (bizcochos emborrados con un punto de canela), amarguillos (como los de Sahagún pero sin la almendra encima), mojicones (mi adictivo desayuno durante unos días), toritos de chocolate (los Morenitos del súper pero infinitamente mejores), palmeras de chocolate (una petición reconozco que extraña pero afortunada) y turrón praliné de chocolate (devorado con gula en tres bocados como si fuera un Huesitos).

Como mi único exceso en Navidades es el dulce me recreo en él como si no hubiera un mañana o como si se aproximara otro confinamiento. Y si eso ya para Reyes pido cita con el endocrino.

Polvorones

Toritos de chocolate

Mi surtido

Pedidos Pastelería Galicia
Calle Santa María, 2
47100 Tordesillas

viernes, 30 de abril de 2021

Sucesores de Ignacio López (Madrid)

Déjame entrar (VII)

La limitación a la movilidad provocada por la pandemia me ha servido para redescubrir el barrio. Hasta ese momento cualquier excusa era buena para ir al centro: quedar con amigos, tomar un refrigerio o simplemente dar un paseo; nada, en realidad, que no pudiera hacer cerca de casa. Forzado por el confinamiento fui redescubriendo mercados y tiendas que iban llenando mi cesta con los productos de siempre haciéndola cada vez más reconocible. Menuda sorpresa descubrir que el pan de León, las ollas de chorizo o las tejas de Montilla que antes compraba en el centro siempre estuvieron en la panadería de mi calle.

No tuve la misma suerte con los frutos secos. Me fue imposible encontrar en mi barrio algo tan sencillo como unas buenas almendras, avellanas o nueces nacionales. Recorrí todas las tiendas, mercados y supermercados del distrito en su busca sin suerte. Sobreviví durante un tiempo con producto foráneo hasta que después de casi perder un piño por culpa de unas avellanas georgianas sólo aptas para mandíbulas forjadas con el acero de los cañones de Leningrado me dije basta. Así que llamé por teléfono a Sucesores de Ignacio López (mi proveedor habitual de la zona centro a la que en aquellos momentos no tenía acceso por no ser un turista en busca de bares donde beberse el agua de los floreros) y me informaron de que tenían reparto a domicilio.

Este establecimiento es desde hace más de una década mi suministrador oficial de frutos secos y desde hace más de ochenta de toda la ciudad de Madrid. Me gustan especialmente sus variedades tostadas con un tueste perfecto que sólo ellos saben darle. Ahora puedo seleccionar en su web almendras, avellanas, nueces, piñones, pistachos, uvas pasas, higos o ciruelas de origen español y recibirlos en casa sin portes a partir de 75 euros.

Ya puedo disfrutar sin mascarillas de una despensa bien repleta de Omega3 y de ácidos grasos monoinsaturados que deja a la madriguera de Chip y Chop a la altura del betún.

Almendra tamarit

Mi pedido

Sucursal de Lavapiés

Pedidos Sucesores de Ignacio López


Avenida de Menéndez Pelayo, 63
28009 Madrid

Calle de la Torrecilla del Leal, 32
28012 Madrid

viernes, 4 de diciembre de 2020

Mazapanes Peces (Consuegra)


Descubrí Consuegra hace una década acompañado de una amiga en un gélido día de invierno. En el autobús desde la capital de las tres ces (curas, cadetes y cuestas) hasta Consuegra fuimos los dos completamente solos: todo un preludio. Una vez en la villa apenas nos cruzamos con gente en nuestra bella ruta entre casas nobles, conventos, iglesias y corredores. En el cerro Calderico ni rastro de turistas al encuentro de sus espectaculares molinos de viento. El  restaurante en el que comimos tenía tan poco ambiente que sustituyendo al camarero por un bedel podría haber pasado por una Comisión de Reglamento del Congreso. ¿Qué estaba pasando? ¿Dónde estaba la gente? ¿Era eso la España vaciada?

Debatimos en una solitaria Plaza de España que fenómeno produjo la desbandada. Ella apostó por una romería, la recolección de la aceituna o una feria en algún pueblo cercano; mi teoría menos refinada es que todo el pueblo estaba en “El Grand Prix”. En esas estábamos cuando detectamos a varios vecinos cruzando la plaza y decidimos seguirles. Su destino una pastelería próxima donde se agolpaba una gran cola esperando su turno. Pregunté a una señora que salía cargada con bolsas qué había comprado: dulces navideños. Misterio resuelto. Como donde fueres haz lo que vieres y a los españoles lo de las colas lo llevamos en la sangre, nos incorporarnos a la fila. Ese día no sólo descubrí una hermosa localidad manchega sino también me hice con una auténtico botín de surtido navideño con el que atrincherarme hasta el día de Reyes como mínimo.

Como este invierno no saldré de “los Madriles” y la familia amenazaba con abastecerse de mazapanes en el súper decidí hacer un pedido en la web de Peces. Lo que más venden en estas fechasen su tienda online son sus famosos surtidos seguidos de marquesas, figuritas,  empanadas, pastas de almendra, polvorones y rocas de almendra. Voy a lo seguro con los conocidos polvorones de almendra (5 euros el kilo más barato que donde los compro en Madrid), figuritas de mazapán y marquesas añadiendo esta vez mancheguitos (bocados de mazapán con capas de yema y cabello de ángel) y mantecados de yema (una pasta castellana de toda la vida) y que en casa tuvieron gran éxito. Gracias a soluciones como estas, estas extrañas fiestas en este año extraño serán, como mínimo, algo más dulces.

Mantecados de yema
  
Tradición desde 1915
 
Mi pedido Peces

  

Pastelería Peces
Calle San Juan Bautista de la Salle, 6
45700 Consuegra (Toledo)

Mazapanes Peces - Tienda y fábrica
Avenida de la Constitución de 1978, 16
45700 Consuegra (Toledo)

martes, 24 de noviembre de 2020

La Rosa de Jericó (Valencia)

Déjame entrar (V)

A diferencia de otras personas que caen en una profunda depresión, para mí el último día de vacaciones no es un momento de bajón sino una experiencia excitante. Es la jornada elegida para comprar esas viandas de las que disfrutaré a mi regreso dejándome un buen recuerdo, no tan perdurable como el de las fotografías, pero sí mucho más delicioso. De esta selección de productos de la tierra también resultan beneficiados mis más allegados, entre ellos, mi señora madre que fue quien me inculcó el principio de que el mejor souvenir que puede traerse de un viaje es el que se guarda en nevera.

Si el destino es la conocida Valencia tengo para ese día una ruta preestablecida: los productos de temporada del Mercado Central, el chocolate en Trufas Martínez y, por supuesto, la repostería de La Rosa de Jericó. Estas exquisiteces permiten que durante los siguientes días tenga la sensación de no haberme ido del todo de la ciudad.

Como este año parece difícil repetir viaje a Valencia, o a cualquier otro sitio, no queda otra que recibir algunas de esas delicias en casa. Recurro a esa opción para disfrutar de mi pastelería valenciana de referencia. La ya mencionada La Rosa de Jericó. Los Jericó llevan en la profesión desde finales del siglo XIX y su coqueta tienda de L'Eixample es parada obligada antes de subir al tren. Encargo un panquemado, un bollo que me pirra, muy apreciado por su laboriosidad y cuyo secreto pasa por una buena fermentación, que seguramente dure más tiempo del que tardo yo en zampármelo.

Recibirás tu pedido en 24-48 horas de lunes a viernes con la posibilidad de elegir el día. Como los gastos de envío son 15,73 euros recomiendo aprovechar el pedido con otras delicias de la pastelería. En esta ocasión dulce de membrillo (que puedes acompañar de un queso Idiazábal ahumado para disfrutar del postre perfecto) y sus pasteles de batata (unas empanadillas dulces con un perfecto equilibrio entre masa y relleno). Dejo para otra ocasión su pastel milhojas (finísimo hojaldre con nata y crema que se deshace en la boca).

Solo falta una buena horchatita y unas fallas y como si estuviera merendando en Valencia.

Corte del panquemado
 
Panquemado de La Rosa de Jericó
 
Su elegante fachada
 
Carrer d´Hernán Cortés, 14
46004 Valencia

jueves, 19 de noviembre de 2020

Rosquillas Cristaleiro (Gondomar)

 Déjame entrar (IV)

No soy amigo de las ferias populares pero menos aún de comer en ellas. Un trauma no resuelto de cuando siendo joven colaboraba todos los veranos en una caseta de comidas en un distrito madrileño. Lo hacía en el turno diurno porque yo era uno de los pocos valientes que se ofrecían para trabajar a pleno sol. Una vez montada la caseta la noche anterior, la primera mañana había que recibir el material y el género. El orden de entrega era el contrario que establece cualquier norma de seguridad alimentaria: a primerísima hora los alimentos frescos, hacia el mediodía las neveras y al final de la tarde el Ayuntamiento enganchaba la luz. Para cuando comenzaban a enfriar las neveras, en su interior las salchichas habían tenido tiempo para elegir portavoz. El resultado de estas atrocidades es que en aquellas casetas de comidas había más posibilidades de premio que en la del “perrito piloto”. Para nuestra fortuna los síntomas de gastroenteritis agudas eran encubiertos por los excesos con el alcohol y la creencia popular de que en estos eventos se sirve garrafón (un mito urbano, por supuesto).

Recientemente una amiga me informó de que en ferias, verbenas y otras celebraciones de Galicia se venden unas rosquillas típicas llamadas Cristaleiro y que ahora podía adquirirlas online. Para salvar mi recelo a los artículos que se ofrecen en este tipo de celebraciones me aseguró que, a diferencia de las que sirven en la mayor parte de la capital por San Isidro, las gallegas son artesanas, especiales y únicas. Unas grandes desconocidas fuera de Galicia ya que hasta ahora sólo era posible comprarlas en fiestas, en el obrador donde las elaboran o en un puesto del mercado de Travesas. Ha tenido que llegar la nueva normalidad para que por pura supervivencia este dulce centenario, que los más viejos del lugar recuerdan en tenderetes asidos en alambres, haya dado el salto online. Desde este anómalo verano se pueden comprar en toda España y por lo que me cuentan estudian incluso la posibilidad de saltar a Europa. Aprovecho la coyuntura para hacer un pedido de un producto que en condiciones normales nunca hubiera llegado a mis manos.

El paquete me llegó por Correos y sin gastos de envío por superar el pedido la cantidad de nueve euros. En el interior encontré los tres productos que en estos momento ofertan para este servicio: las rosquillas blancas (las de siempre, también conocidas por las del “desayuno” o “para mojar en vino tinto”) están cubiertas por un baño de azúcar, anís y agua, son secas y poco dulces, muy del gusto castellano, con ese puntito a anís que me recuerda a los dulces que de pequeño compraban mis padres en nuestras salidas domingueras a Chinchón; las rosquillas de hojaldre (con un baño de azúcar, miel y agua) son extremadamente jugosas y las favoritas de los paladares más golosos, muy parecidas a los hojaldres de Astorga que compraba de niño cuando hacíamos parada en la maragatería camino al pueblo y finalmente, los trocitos de hojaldre, que vienen a ser como los recortes de masa de las anteriores, perfectas para añadir al tazón del café.

Cualquiera de las tres opciones permite saborear las fiestas gallegas sin salir de casa. La próxima vez buscaré a ver si consigo acompañarlo de una buena queimada.

Rosquillas y trocitos de hojaldre
 
Una de las blancas
 
Mi pedido de rosquillas

Pedidos Rosquillas Cristaleiro
Rúa Párroco Carlos Fernández, 2
36380 Gondomar (Pontevedra)

jueves, 10 de septiembre de 2020

Horchatería Dolz (Valencia)

Déjame entrar (III)    ESPECIAL HORCHATA: Me chifla la chufa (LVI)

Todas las crisis económicas se llevan por delante comercios tradicionales. Muchos de ellos son sustituidos por otros que se adaptan como un guante a la desgracia ajena (como  los todo a cien, los “compro oro” o las tiendas de segunda mano).  A este triste desenlace no son ajenas nuestras horchaterías. No corren buenos tiempos para la horchata artesana que, en tiempo de escasez deben competir con  los refrescos industriales  con largas fechas de caducidad  y que son publicitados por caras conocidas.

Sólo en un caso de cada mil una crisis ve nacer un comercio que dura  toda la vida. Es el caso de la Horchatería Dolz. Corrían los años setenta y la crisis del petróleo agrietaba los cimientos de la economía mundial.  Juan Dolz,  que por aquel entonces regentaba una tienda textil, decidió transformar su negocio en una  horchatería. Puede que su futuro no fuera a ser más rentable, pero sí, más dulce. Gracias a su inspiración, y por qué no decirlo, a la OPEP, contamos hoy con una gran horchatería.

Con gran visión empresarial y adaptándose a los nuevos tiempos Horchatería Dolz envía desde 2012 su  horchata natural fuera de Valencia. Como este difícil año la precaución me recomienda no acudir a mi cita con el Turia (ni a ninguna otra) decidí hacerles un pedido siguiendo la máxima de la montaña y Mahoma que no reproduzco porque siempre lo resuelvo al revés para disgusto de la Comisión Islámica, Vox y los amantes de los aforismos. Recibes el pedido al día siguiente o cuando elijas (excepto los lunes porque el domingo no se recoge género). Yo  elegí un sábado porque ese es siempre un buen día para hacerse un regalo. 

La horchata llegó a mi domicilio granizada y en perfectas condiciones.  Recomiendo beberla en el día por la insuficiente conservación de las neveras caseras. Acompañé el pedido con deliciosos fartons, “bizcochufas” (magdalenas de harina de chufa) y “chufacookies” (galletas de mantequilla con harina de chufa). Las magdalenas son esponjosas  y con un sabor intenso y sorprendente y las galletas todo un descubrimiento, de textura poco compacta tienen un intensísimo sabor a chufa y un punto final a caramelo que las hacen realmente adictivas. Pero zamparme todo ello con fruición no es, por supuesto, una concesión a la gula sino mi pequeña aportación al mantenimiento de las horchaterías valencianas. 

 
Bizcochufa y chufacookies
 
Mi pedido de Horchatería Dolz

Horchata de Valencia a Madrid
      
Avenida de Blasco Ibánez, 84
46021 Valencia


Localización en mapa de las horchaterías y otros establecimientos que elaboran horchata natural incluidas en la sección ESPECIAL HORCHATA: Me chifla la chufa


viernes, 4 de septiembre de 2020

Restaurante Manolín (Valladolid)

Déjame entrar (II)

Parece que el mundo ha entrado en la nueva anormalidad. La gente vuelve con cara de cobaya de unas extrañas vacaciones limitadas al turismo nacional; los niños se afanan por entender cómo caben treinta pupitres separados 2 metros en un aula de 40 metros cuadrados y los trabajadores se reincorporan a sus trabajos en un saturado transporte público mientras buscan aire bajándose la mascarilla no reutilizable que usan por tercer día consecutivo. ¡Todo controlado!
En un vano intento de responsabilidad individual y en un claro ejemplo de absurda esperanza yo afronté este verano dejando  los viajes para más adelante. Eso suponía también, una renuncia a una de las cosas que más me llenan: visitar restaurantes. Particularmente a esos destinos que visito todos los años donde tengo mi listado de favoritos. Una de esas ciudades es Valladolid,  uno de esos restaurantes es el Manolín y uno de esos manjares su lacón asado cortado en lonchas y tacos.
El Restaurante Manolín sirve desde 1969 el que para muchos es el mejor lacón del país. Los más viejos del lugar todavía recuerdan esa barra con grandes bandejas de ensaladilla y salpicón en la que Manuel cortaba el lacón a la vista del público. Puedes disfrutar su especialidad en restaurante o encargarlo para llevar. También para mi suerte sirve a domicilio. Una vez en casa sácalo de la bolsa de vacío una hora antes, precalienta el horno, y caliéntalo. El próximo confinamiento me pillará con una buena provisión de este manjar en la nevera para que se me haga más llevadero.
El lacón del Manolín en mi mesa
        
El lacón envasado
     
El viejo rincón del lacón (foto de archivo)

Pedidos Restaurante Manolín 
Camino de la Esperanza, 34
47007 Valladolid 

lunes, 15 de junio de 2020

Pastelería La Marina (Villanueva del Pardillo)

 
Soy un defensor del comercio presencial respecto al electrónico. Primero porque no quiero perder el sugestivo contacto directo con los tenderos y el producto; segundo, porque sin nuestras tiendas los barrios serían menos prósperos, diversos y vitales; tercero porque según está montado el comercio electrónico perdemos derechos todos: empleados, consumidores y servicios públicos; y cuarto porque las pelis de Béla Lugosi me enseñaron que no debo invitar nunca a entrar en mi casa a desconocidos por lo que pueda pasar. Y de ahí el nombre de esta nueva sección.
 
Mi habitual y pedestre rutina comercial en la que tan seguro me movía fue trastocada por el Covid-19. Durante esta pesadilla las razonables limitaciones a la actividad y al desplazamiento han paralizado mis hábitos de consumo, experiencias y el propio blog. El cambio más significativo es mi necesaria aproximación al comercio electrónico, una experiencia que no cambia mis preferencias pero que me ha permitido descubrir o reencontrarme con empresas que ofrecen a domicilio productos artesanos de primera que por su lejanía o por carecer de tienda física no me son accesibles de otro modo.
 
Estrena la sección “Déjame entrar” un viejo conocido del distrito de Chamberí. La Marina es una confitería abierta en abril de 1933 por Justo Arranz Arranz. Su local de la calle Alberto Aguilera era un referente de la tradicional bollería de mantequilla. Su producto estrella el ROSCÓN (así, con mayúsculas) que servían todo el año. También me chiflaban sus cruasanes, suizos y brioches, todos con sus masas características y que tanto se diferencia de la monótona bollería de franquicia en la que todo está hecho con la misma masa precongelada.
 
Compré el último roscón en La Marina este enero y me dieron la fatal noticia de su traslado fuera de Madrid. Creí que aquello no era una buena señal para empezar 2020 y a fe mía que no me equivoqué.  El motivo del cierre de la tienda de la calle Alberto Aguilera era la jubilación de algunos hermanos y una oferta por el local. Había asumido que no volvería a probar su roscón hasta que haciendo limpieza durante la pandemia me reencontré con la tarjeta que me ofrecieron en mi última visita (chúpate esa Mary Kondo). Quizás había llegado el momento de comprar de otra forma.
 
La experiencia no pudo ser más satisfactoria. El roscón llega recién hecho con el sabor de siempre.  El tamaño mínimo es de medio kilo y como todo buen roscón que se precie aguanta en perfecto estado una semana. Recomiendan encargarlo al menos con 48 horas de antelación, trabajan sin pedido mínimo y hacen portes a toda la Comunidad de Madrid. También puedes recogerlo en el obrador de Villanueva del Pardillo recordando llevar tu mascarilla que aprovecho para recordar NO se usa para cubrir la barbilla sino la nariz y la boca, porque visto lo visto parece haber una gran confusión con este asunto. Si la nueva normalidad es que la calle esté abarrotada de idiotas que creen que distancia social es el nombre de un nuevo grupo musical creo que pasaré el resto de la desescalada en casa con mis roscones de La Marina.
 
 El roscón de La Marina
 
 Disponible todo el año
  
 Antigua sede de La Marina
   
Calle Enebro, 1, portal 5, local 6
28229 Villanueva del Pardillo