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viernes, 10 de julio de 2026

Límite 24 horas en León

Este artículo es un reto para esta sección porque cuando viajo a León es imposible salir sin ir de tapas. Porque León tiene mucha historia y mucho museo, pero en esta ciudad los auténticos monumentos son los bares y aquí las tapas son un no parar y por cada “corto” recibes una. Son rutas frenéticas en las que se pasa de un bar a otro sin tiempo para reposar la tapa anterior, porque se consumen de pie y rapidito para dejar sitio al siguiente comensal. La ley no escrita del tapeo leonés.

Un desayuno, almuerzo o cena convencional en León no son una opción. Tan siquiera plantearlo es recibido con indiferencia o estupefacción. El ecosistema tampoco ayuda, si entras en una pastelería con la intención de refugiarte y pides un café se acompañará también de una tapa, en este caso dulce, y no me refiero a una triste galletita envuelta en un aséptico papelito, sino de una buena porción de pastel o bizcocho que irá a parar al igual que el resto de tapas al “Tetris” de tu estómago.

Por fortuna en León también se trabaja y ese es el único momento del día en el que la gente no está de tapas en el bar. Aprovecho entonces para ir de menú del día o a la carta a tabernas y restaurantes convencionales. La oportunidad para sentarme, detener el tiempo y darle una oportunidad a la cocina leonesa y sus productos, la que recuerdo de mi madre, la tía y la abuela. Una manera de disfrutar sentado de la gastronomía local.

Vía libre para comer en León

Desayuno en Confitería Asturias.

Comenzamos el día en un obrador con más de medio siglo de vida. Confitería Asturias fue fundado en 1970 por el matrimonio de Ulpiana y Luis César. Ese último era sobrino de José Tejeiro, el de los tocinillos de cielo de Grado; producto imprescindible en cualquier buen restaurante asturiano que se precie de serlo y al que dediqué en el pasado un artículo en este blog. Por tanto, no pierdas la oportunidad de probar un tocinillo de cielo con la genuina receta de Grado.

El local tras la última reforma cuenta con espacios para panadería y pastelería, uno en cada extremo del local y mesas para su degustación en el medio. Además del tocinillo de cielo con el café recibirás de tapa un delicioso hojaldre con crema pastelera. Entre los productos salados se puede elegir entre empanada de cecina, queso de cabra y tomate, bollos preñados o unas mantecadas muy “prestosas”.

Mantecada

Aspecto tras la renovación

Almuerzo en Bar La Ribera.

Este local era uno de mis favoritos para tapear hace años. Comenzaba en la barra pidiendo un “corto” con su correspondiente tapa para luego pasar a la mesa y disfrutar de sus raciones. Hasta que en 2024 los propietarios decidieron prescindir de la barra y las tapa y dedicarse solo a las mesas y las raciones. Entre estas destacan las de casquería, además de los mejillones, tigres o bocartes.

El secreto es que todas son caseras. Destaco las mollejas de ternera, que primero se limpian a mano, dedicando a esta operación 3 horas cada 6 kilos, para luego guisarlas. Cada semana elaboran de 25 a 50 kilos de este manjar ¿Quién trabaja con tanto mimo el producto? Casi nadie porque ahora las mollejas se compran limpias y guisadas. Si quieres disfrutar de esta artesanía date prisa porque José Roberto se jubila el próximo año y La Ribera, tristemente, echará el cierre.

Mollejas de ternera caseras

  
En un año será historia

Cena en Casa Mando.

Cuando me senté en Casa Mando por vez primera tuve la sensación de que no era un lugar para mí. Por el aspecto del local presuponía propuestas de cocina internacionales o platos minimalistas. Pero tan pronto comenzó a desfilar la comida en mi mesa comprendí que esto era otra cosa. En realidad, es una versión refinada y moderna de un antiguo mesón tradicional y familiar, el del Hotel Conde Luna.

Aquí se apuesta por productos y recetas locales revisadas como la lasaña de botillo de El Bierzo, los huevos rotos con picadillo de matanza o la tarta de quesos leoneses con helado de leche tostada. Heredado del antiguo mesón se puede pedir el “suflé Alaska”, plato flambeado delante del cliente y que bien ejecutado entra en el rango de “cena con espectáculo”. Y si la cosa no sale bien siempre puede uno deleitarse con una actuación del Cuerpo de Bomberos.

Tarta de quesos leoneses con helado de leche tostada

Fachada de Casa Mando

Termina mi jornada en León con el objetivo cumplido, el de entregarme a la agradable sensación de disfrutar de la gastronomía leonesa con mesa y mantel. Una experiencia a fuego lento que no es mejor ni peor, simplemente alternativo. Porque, a fin de cuentas: “No solo de tapas vive el hombre”.


Av. República Argentina, 8
24004 León

Bar la Ribera
Calle de Fernando G. Regueral, 8
24003 León

Calle Policía Nacional, s/n
24003 León

miércoles, 8 de abril de 2026

UKO (Cervera de Pisuerga)

Déjame entrar (XI)

Hay lugares que cuando los nombro me evocan el sabor del hojaldre; lugares como Boñar, Unquera o Torrelavega. En el caso de Cervera de Pisuerga son sus socorritos, unos lazos de fino hojaldre cubiertos por azúcar glas. Son obra de Raquel Cabezas, una cerverana que se trasladó a León para aprender el oficio y que a su regreso comenzó a venderlos como “raquelitos”. En 1965 ingresó en un convento donde dirigió el obrador hasta que abandonó la vida religiosa debido a la enfermedad de su madre, Socorro. De vuelta en su casa y junto a su hermano Ángel decidieron retomar la producción en el pueblo pero cambiándole el nombre por el de Socorritos ya que sus antiguas compañeras de vocación, entre rezo y rezo, habían registrado la marca del dulce de su creación a nombre de la congregación.

Raquel y Ángel no perdieron la fe y a sus rebautizados hojaldres fueron sumando más productos, abriendo la fábrica, extendiendo la comercialización y asegurando el relevo generacional. Conocí los "socorritos" hace una década en un ultramarinos de mi ciudad y más recientemente acompañados de un chocolate en su sede de Cervera de Pisuerga. En la tienda de la fábrica fue donde me informaron de que realizan envíos a domicilio. Con esta opción puedes elegir cualquiera de sus productos ("socorritos", "sequillos", "tortos", etc.) con la posibilidad de pedirlos en cajas grandes (línea hostelería) y así poder agasajar a tus compañeros de trabajo por el día de tu cumpleaños dejando fatal a aquellos que compran para la ocasión un surtido de pastas variadas del "Lidl".

Mi pedido

Tienda de la fábrica UKO

Mi socorrito favorito: el de chocolate pequeño

Paseo Valdesgares, 26
34840 Cervera de Pisuerga (Palencia)

viernes, 27 de marzo de 2026

Ruta del dulce por Medina de Rioseco

Cuando veo a un tipo con una gorra verde de John Deere se apodera de mí un escalofrío. Es el problema de ver tantas películas de género “señor-con-cosechadora-persigue-a-urbanitas-en-campo-de-cereal”. Si hubiera que buscar localizaciones en España para una de estas tramas elegiría Tierra de Campos. Hasta que encuentre un productor que compre mis guiones “Candeal sangriento” o “Sé lo que hicisteis con el último lechazo” ambientados en esta región, hago tiempo visitando Medina de Rioseco, mi pueblo favorito en Valladolid, para atiborrarme otra vez a dulces. Para darle a la visita un toque más cultural aprovecho para visitar la Fábrica de Harinas San Antonio que aún no conocía, pues no solo de bollos vive el hombre.

Es un error pensar que para disfrutar de buena arquitectura industrial solo se puede ir a lugares como Asturias, Vizcaya o cualquier otra localización relacionada con la extracción de minerales y su transformación. El patrimonio industrial está representado en toda nuestra geografía y en Tierra de Campos lo encontrados vinculado con sus plantaciones de cereal y el Canal de Castilla que impulsaron su industria harinera. La Fábrica de Harinas San Antonio data de 1852 y estuvo en funcionamiento hasta 1991. La agradable visita guiada nos muestra el proceso de transformación del grano en harina con las instalaciones y máquinas originales.

El resto de la ruta la empleo en comprobar cómo los reposteros convierten esa harina en dulces y cerrar en mí mismo el círculo que comenzó en una plantación castellana.

Fábrica de Harinas y Canal de Castilla

Maquinaria original

Pastelería Marina

La especialidad de este obrador fundado en 1858 son las marinas, un hojaldre rectangular con crema. No esperes encontrar paquetes de “marinas”. Se venden por unidades y se rellenan al momento, no pueden ser más frescas. Advertencia: conviene reservarlas, son muy frágiles y se recomienda consumirlas rápido, aunque esto último, al menos para mí, no es un problema. Siempre que voy camino a León o Valladolid por la N-601 en coche insisto en hacer una parada en Medina de Rioseco para conseguir mi bandeja de “marinas”, ya sea por las buenas, describiendo su insuperable sabor, o por las malas, pateando el salpicadero hasta conseguirlo.

Interior de Pastelería Marina

Marina

Confitería Cubero

Un 26 de junio de 1963 John Fitzgerald Kennedy pronunció en Berlín su famoso "Ich bin ein Berliner". La leyenda dice que unos asistentes entendieron “Soy un berlinés” y otros “Soy una berlina”. En Valladolid no hay lugar para la confusión porque a las berlinas se las llama abisinios y son la especialidad de la Confitería Cubero. La familia Cubero, natural de Villafrechós, fue distinguida con una medalla de plata de la Exposición Universal de Barcelona de 1888 por sus "almendras garrapiñadas" y están instalados en Medina de Rioseco desde 1944. Toma nota: en su zona de bar el "abisinio" es ofrecido como tapa con la consumición.

Exterior de Confitería Cubero

Abisinio

Panadería La Flor de Castilla

Finalizo esta ruta del dulce por Medina de Rioseco con una panadería de 1932 fundada por Leoncia Ruiz. Un obrador tradicional con productos castellanos de toda la vida, muchos de ellos ligados a la provincia de Valladolid y sus alrededores como los bollos bañados, las "pelusas" o las "rosquillas de palo". Estas especialidades se encuentran en varios pueblos con alguna que otra variación en sus recetas y cada uno de ellos asume su paternidad sin ninguna duda habiendo siempre varios padres para tan dulce descendencia. Para esta esta ocasión elijo los "bollos bañados", unas de sus especialidades, unos mantecados hechos con base de yemas recubiertos de un baño de azúcar, similares a los portillos pero más dulces.

Exterior de Panadería La Flor de Castilla
  
Bollo bañado

Tras terminar esta ruta del dulce regreso a mi ciudad de origen con unos cuantos kilos de más prometiéndome a mí mismo una dieta a base de lechuguita y pollo a la plancha hasta mi próxima visita.

La ruta: 

Dársena del Canal de Castilla

Pastelería Marina
Avenida Juan Carlos I, 6

Calle Lázaro Alonso, 38

Calle San Juan, 6

martes, 19 de diciembre de 2023

Las turroneras de La Alberca

Después del éxito de mi visita el año pasado a la Feria de Navidad de Xixona decidí recorrer por estas fechas otra de las cunas del turrón patrio. Esta temporada me desplazo a La Alberca, en la salmantina Sierra de Francia. Un lugar donde esperas encontrar jamón, hornazo o bollo maimón, pero no turrón. Este es elaborado en casa, su consumo es marcadamente local y ofrece variedades sorprendentes. Si he despertado tu interés estás invitado a otro de mis dulces viajes.


Primera parada: Salamanca 

Me desplazo de la estación de tren hasta el barrio de “La Prospe” para visitar el Museo del Comercio y la Industria. Aquí encuentro el primer testigo de las turroneras albercanas: una fotografía expuesta del Archivo de Venancio Gombau, propiedad del Ayuntamiento, que retrata a las turroneras con sus puestos bajo los soportales de San Antonio. Sería fantástico que este museo, que replica con acierto comercios e industrias salmantinas, dedique en el futuro un espacio propio a los puestos de las turroneras.

Fotografía

Replica de una abacería

A la salida del museo un carnicero y una verdulera me indican dónde puedo localizar a una turronera. Está situada en la Plaza del Mercado, sentada sobre una caja cortando turrón sobre una mesa. Asegura que no abandona su puesto desde que se instaló en diciembre de 2017. Es de bronce, pesa seis toneladas y es de Gonzalo Coello Campos, el mismo autor que las otras esculturas de oficios. Vistas las turroneras en fotografía y en escultura me desplazo en bus a La Alberca para conocer a las de carne y hueso.

Verdulera y carnicero

Turronera de La Alberca

Segunda parada: La Alberca 

El pueblo

A diferencia de Xixona, La Alberca no tiene museos, exposiciones, obradores, fábricas o ferias que visitar relacionadas con el turrón. La experiencia se limita a los tres puestos de turrón y una pastelería. El resto del tiempo puedes ir al encuentro de sus tradiciones centenarias, disfrutar de la preciosa arquitectura serrana y perderte por los retirados paisajes de Las Batuecas. Que tu paso por uno de los pueblos más bonitos del país sirva para aumentar tu sabiduría aparte de tu perímetro abdominal y tu nivel de azúcar en sangre. 

Con un acervo cultural inabarcable en este artículo me limito a seleccionar algunas de sus tradiciones que me llamaron especialmente la atención:

-La tradición de la Moza de las Ánimas. Todos los días del año haga bueno o malo, con ola de frío o ciclón tropical (que el tiempo está muy loco) al anochecer una mujer acompañada de una esquila (para los de la ESO, una campana) emprende una ruta que comienza en la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y recorre todo el pueblo. El repique y sus salmos, que siguen un protocolo inamovible por la tradición, sumerge al atónico espectador en una España en blanco y negro que pensaba desaparecida. La ruta está marcada en el plano que ofrece a los visitantes la Oficina de Turismo.

Moza de las Ánimas en acción

Hornacina de las Ánimas

-La fiesta del Marrano de San Antón. El 13 de junio, festividad de San Antonio de Padua, un marrano con una campana al cuello es bendecido y soltado en el pueblo donde corretea en libertad hasta el 17 de enero, festividad de San Antón, en el que es sorteado entre aquellos que compraron un boleto para la rifa. Si eres el agraciado de tan sustancioso premio y no tienes ni sitio para cobijar al gorrino ni agallas para convertirlo en chacina puedes canjearlo por un lote de productos de ibéricos que te dan procesado ya al animalito. Hasta ese día puedes coincidir con el marrano por las calles del pueblo, posibilidad cada vez menos frecuente por la dificultad de encontrar voluntarios que acepten la responsabilidad de sacarlo a pasear. Si no coincides con él puedes visitarlo en su casa detrás de la Ermita de San Blas.

¡Eso es todo, amigos!

¿Y si toca aquí?

-La receta del limón serrano. ¿Imaginas una ensalada compuesta por chorizo, cerdo ibérico, naranja, limón y huevo con vinagreta de aceite de oliva, vino tinto, ajo y yema? Yo no hasta llegar a La Alberca. El limón serrano es un plato popular, que con ligeras modificaciones se hace en casa y también se consume fuera, como en el Restaurante El Balcón dela Plaza. La propietaria de este local abierto hace veintiséis años me comenta que su padre lo hacía escabechado, que lo piden muchos vecinos y algunos turistas, asegurándose primero que estos últimos saben a lo que se enfrentan. Lo amas o lo odias, como todo en estos tiempos tan polarizados. Yo lo amé.

Limón serrano

Carta del restaurante

Y ahora vamos al lío:

Las turroneras

Sí, turroneras, en femenino, porque en La Alberca el turrón tiene nombre de mujer. Si en el artículo sobre Xixona apunté que antaño era un oficio con segregación de género, ocupándose las mujeres generalmente de los procesos de selección y primera manipulación de la materia prima y los hombres de la trasformación con maquinaria (un procedimiento común durante la Revolución Industrial) aquí, en La Alberca, la mujer domina todo el proceso hasta la venta. Por eso tradicionalmente se habla de turroneras y no de turroneros. En este viaje veo y trato con mujeres y ellas recuerdan a sus madres y abuelas traspasándose su saber de generación en generación manteniendo viva una tradición ancestral.

a) Los puestos de turrón. 

En la Plaza Mayor hay tres puestos de turrón: El de Toñi y Paula, en la esquina con la Calle El Puerto; el de Ana y Emi en la entrada de la Calle El Tablao; y situado entre estos dos, el de Antonio, frente a la Biblioteca Municipal, que no es productor sino solo vendedor. Las mujeres de estos puestos son familia, tías y sobrinas. Comparten incluso el mismo obrador pero elaboran sus propias recetas con autonomía. En estos puestos se puede adquirir legítimo turrón de La Alberca todo el año, porque aquí el producto carece de estacionalidad en la producción, venta y consumo. También encontrarás a las turroneras en ferias como las de Ciudad Rodrigo o Barco de Ávila y, por supuesto, en Salamanca, donde dicen que no llega la Navidad hasta que las turroneras de La Alberca montan sus puestos a finales de noviembre.  

Aunque compré en los dos puestos mi contacto más estrecho fue con el capitaneado por Toñi y Paula. En nuestras conversaciones nos acompañaba siempre un grupo de simpáticos y regordetes gorriones que hacían suyas todas las miguitas y trocitos de nueces que caían de la tabla al cortar turrón y que también pueden degustar los viandantes. Ellas son la tercera generación turronera de la familia Mancebo. Me dice que cuenta con clientes fijos de Madrid que solo compran turrón en su puesto y en la mítica Casa Mira. Vende su producto en La Alberca todo el año, en Salamanca en temporada, en ferias de otros pueblos y suministra a la centenaria Ultramarinos Cepeda de Santiago de Compostela. 

En el pasado hubo muchas más turroneras, llegaron a contarse por docenas. Pero este oficio no es inmune a los males que afectan a otras actividades artesanas. La falta de relevo generacional es lo que más destacan las afectadas, derivado de múltiples factores sobradamente conocidos como la despoblación rural, los sacrificios de la artesanía, la rigurosidad de la administración, la competencia industrial y, porque no decirlo, el legítimo deseo de tus hijos de cambiar de oficio por otro menos sacrificado o más afín a sus intereses. Lo que está en nuestras manos como consumidores es sustituir el turrón industrial por este producto con cara, nombre y apellidos y una calidad incuestionable.

Puesto de Toñi y Paula

Puesto de Ana y Emi

Hacha para cortar turrón

Gorriones adecentando el pavimento

El turrón que se elabora en la Alberca lo hace con escasas modificaciones respecto a como lo hacía antaño:  

-La cocina como lugar de producción ahora es sustituido por un espacio específico autorizado situado en las antiguas cuadras de la casa con todas las garantías y supervisiones sanitarias e higiénicas (medidas estrictas que provocaron que algunas turroneras abandonaran el oficio por no poder o saber adaptarse).

-La tradicional olla de cobre para la cocción (un elemento no específico para el turrón presente en la tienda Artesanía Hoyos-Calama o en la Casa Museo Sátur Juanela) es reemplazada por la de acero inoxidable. La leña para calentarla (recogida en el monte) a su vez por el fogón de gas butano.

-El molde para el reposo del turrón podía ser de cartón (rodeado con ladrillos para evitar que perdiera su forma al rellenarse) o mejor de madera si había disponibilidad (por ejemplo, el reutilizado del pescado) y ahora renovado por el de acero inoxidable. El papel de estraza para forrar turrón se sustituye ahora por oblea.

Vieja olla de cobre en Artesanía Hoyos-Calama

Peso de turronera en Casa Sátur Juanela

Para terminar, hablemos de las diferentes variedades de turrones y los imprescindibles:

-El duro de nueces, el primer turrón de La Alberca. Como el de almendra pero sustituyendo este fruto seco por nuez. A pesar de su aspecto es sorprendentemente dúctil. La nuez procede de Los Arribes (con la de California queda muy duro). El más característico se presenta en bloques de doce kilos cortados con hacha. También se ofrece en los formatos habituales para facilitar trasporte y almacenamiento. Disponible todo el año.  

-El turrón de nuez (igual que el anterior) pero presentado en torta con oblea, en mi caso de Ignacia Gil. Producto popular entre los vecinos que conviene encargar porque no suele ofrecerse a los de fuera por su fragilidad en el desplazamiento. La oblea es una institución en la historia de La Alberca con obradores y presencia en sus tradiciones y fiestas como pedidas, bodas y otros encuentros con familia y amigos. No es solo turrón, es pura etnografía.

-El duro de almendra que sustituye parte de la clara por extra de miel. El escudo de La Alberca tiene una rueca, un castaño y una colmena. No es casualidad, los excedentes de miel y nueces justifican la presencia del turrón en el municipio. En realidad, el turrón árabe era frutos secos, miel y azúcar. Este turrón, que se cuece a menor temperatura es pétreo, meloso y pegadizo al paladar, muy apreciado en Las Hurdes.

-Para finalizar los turrones más habituales: duro (también presentado en corona como en Castuera) blando, yema tostada, chocolate con almendras, guirlache, etcétera. A destacar por su papel en la historia de La Alberca, el de cacahuete, empleado antiguamente en épocas de escasez de almendra. Por último, señalar que estos puestos también ofrecen garrapiñadas, obleas, nueces, miel, polen y otros productos de la provincia. 

Bloques de turrón duro

Cortado y en otros formatos

b) La tienda.

El Pan Negro de Mariluz es la última parada (una forma de hablar porque en realidad me pasé los días saltando de turronera en turronera). Mari Luz, también hija y nieta de turroneras, podemos decir que se reenganchó al turrón, si es que alguna vez lo había dejado. Trabajó en el restaurante familiar hasta que cerró y decidió volver a sus orígenes, pero a lo grande con un local propio. En su pastelería con obrador encontramos los turrones de siempre y otros nuevos más atrevidos: castañas, tiramisú, galleta y cereza o el de jamón ibérico (que tuvo mucha resonancia) son alguna de sus opciones. Mi favorito el de guirlache con piñones que es simplemente maravilloso. Esta repostera como los buenos chefs es clara y trasparente, explica los diferentes procesos de elaboración, los ingredientes empleados y cada vez que regresas a la tienda te interroga para conocer tus impresiones.

Mari Luz cuando no está ocupada entre la atención del obrador y la venta al público es una mujer a la que le gusta conversar con el cliente. Me pregunta de dónde soy y cuando confieso que de Madrid muestra su sorpresa y alegría al ver el cada vez más turronerías en mi ciudad; por desgracia, me veo obligado a bajarla de la nube (en este caso boina de contaminación) para expresar mi preocupación por la proliferación de franquicias de turrón industrial y su intento de equiparse con el artesano porque, para ser honestos, para turrón, el que hace ella. También elabora toda clase de repostería tradicional incluido chocolate, del que habla como un hijo. A diferencia de los puestos de las turroneras el producto de Mari Luz puede comprarse en Internet.

Interior de la tienda

Sus variedades de turrón

c) Otros

En los puestos y tienda mencionados está asegurada la autenticidad del producto. En otros lugares no. Alguna tienda de recuerdos ofrece turrón con un etiquetado que insinúa un origen local pero que en realidad es foráneo, me dicen que posiblemente de Castuera, y puede que esté bueno, pero no es lo que crees estar comprando. Este no es solo un problema de La Alberca sino de todos los lugares turísticos donde se ofrece chocolate, pimentón o galletas del lugar cuando solo de este poseen la foto de la caja en que se empaquetan..

Tercera parada: Mogarraz 

Aseguran que el Restaurante Mirasierra puede sorprenderme con algún postre con turrón. Llamo para confirmar y reservar. Puedo llegar hasta Mogarraz en el bus de Salamanca pero acudo dando una agradable caminata solo para disfrutar del paisaje, no porque considere necesario bajar el turrón de castaña que cené la noche anterior. Una agradable travesía a través del Camino de las Raíces, GR-10 y Camino del Agua me lleva al destino. Mogarraz es sobrecogedoramente bonito, súmales a todos los atractivos de estos pueblos serranos los ochocientos retratos de sus vecinos con lo que ha vestido sus muros el pintor Florencio Maíllo. Si te gusta tanto como a mí recomiendo comprar el álbum de cromos del proyecto en la librería del pueblo. En el restaurante las tradicionales patatas meneás y un bombón de turrón de La Alberca con helado de vainilla y harina de almendra. Pueblo y restaurante para repetir. 

GR-10

Mogarraz

Bombón de turrón con helado de vainilla y harina de almendra

Toda mi vida renegando de la Navidad y sus tradiciones: la lotería, el aguinaldo, las doce uvas, los villancicos,  Vigo y resulta que no era del todo así. A mi manera seguía una tradición propia que absorbía toda mi atención, consumía con dulce devoción y no dejaba espacio para ninguna otra: el turrón, en todas sus formas y variedades, al que añado ahora también la inolvidable experiencia de conocer los municipios que lo fabrican y a los artesanos y  profesionales que dedican su vida a elaborarlos.

Nos vemos el año que viene en Castuera, o Casinos, o Fregenal de la Sierra, o allí donde el turrón me lleve.

Quién quiere Ferrero Rocher teniendo esto

viernes, 20 de agosto de 2021

Pastelería Galicia (Tordesillas)

Déjame entrar (VIII)

Descubrí los polvorones de Tordesillas un afortunado día en el que hice parada en la villa, traspasé el umbral de la centenaria Pastelería Galicia y pregunté a una empleada cuál era su especialidad. La contestación me dejó bastante desubicado porque por entonces todavía pensaba que ese producto sólo se daba del Tajo para abajo. Por aquellas llanuras podía esperar abisinios, ciegas o rosquillas de palo; incluso por el nombre de la pastelería, tartas de Santiago, bicas o melindres, nunca polvorones; pero ya que estaba allí pedí una caja. Regresé a Madrid con escasas expectativas sobre el producto y el miedito en el cuerpo de haber sido el primo de la capital al que acababan de endosar los restos a punto de caducar de la campaña de Navidad.

Pero no fue así porque desde ese día los delicados polvorones del Toro forman parte de mi dieta navideña (si es que esos dos conceptos pueden ir en una misma frase). Durante estos años he tropezado con ellos fortuitamente en algunos supermercados y mantequerías de Madrid, pero mi lugar predilecto para comprarlos es Valladolid donde los  encuentro a granel por sólo seis euros kilo. Como esta Navidad no pisaré Pucela mi primera opción era un mítico comercio cerca de Sol a 24 euros kilo, un precio razonable para un guiri tras beberse cinco cervezas en la Plaza Mayor pero del todo inaceptable para un parroquiano en plena época de crisis. Como las cosas aún no están para pasearse en un abarrotado centro urbano con menos gente con mascarilla que diputados en una sesión ordinaria del congreso decidí que este año le haría un pedido directamente a la Pastelería Galicia.

Aproveché el pedido para descubrir otros productos de su obrador que sólo se venden en la tienda de Tordesillas. Así que a los polvorones tradicionales del Toro le acompañaron esta vez unos polvorones de almendra (con un “cruje” de almendra muy agradable al paladar), canelos (bizcochos emborrados con un punto de canela), amarguillos (como los de Sahagún pero sin la almendra encima), mojicones (mi adictivo desayuno durante unos días), toritos de chocolate (los Morenitos del súper pero infinitamente mejores), palmeras de chocolate (una petición reconozco que extraña pero afortunada) y turrón praliné de chocolate (devorado con gula en tres bocados como si fuera un Huesitos).

Como mi único exceso en Navidades es el dulce me recreo en él como si no hubiera un mañana o como si se aproximara otro confinamiento. Y si eso ya para Reyes pido cita con el endocrino.

Polvorones

Toritos de chocolate

Mi surtido

Pedidos Pastelería Galicia
Calle Santa María, 2
47100 Tordesillas

viernes, 4 de septiembre de 2020

Restaurante Manolín (Valladolid)

Déjame entrar (II)

Parece que el mundo ha entrado en la nueva anormalidad. La gente vuelve con cara de cobaya de unas extrañas vacaciones limitadas al turismo nacional; los niños se afanan por entender cómo caben treinta pupitres separados 2 metros en un aula de 40 metros cuadrados y los trabajadores se reincorporan a sus trabajos en un saturado transporte público mientras buscan aire bajándose la mascarilla no reutilizable que usan por tercer día consecutivo. ¡Todo controlado!
En un vano intento de responsabilidad individual y en un claro ejemplo de absurda esperanza yo afronté este verano dejando  los viajes para más adelante. Eso suponía también, una renuncia a una de las cosas que más me llenan: visitar restaurantes. Particularmente a esos destinos que visito todos los años donde tengo mi listado de favoritos. Una de esas ciudades es Valladolid,  uno de esos restaurantes es el Manolín y uno de esos manjares su lacón asado cortado en lonchas y tacos.
El Restaurante Manolín sirve desde 1969 el que para muchos es el mejor lacón del país. Los más viejos del lugar todavía recuerdan esa barra con grandes bandejas de ensaladilla y salpicón en la que Manuel cortaba el lacón a la vista del público. Puedes disfrutar su especialidad en restaurante o encargarlo para llevar. También para mi suerte sirve a domicilio. Una vez en casa sácalo de la bolsa de vacío una hora antes, precalienta el horno, y caliéntalo. El próximo confinamiento me pillará con una buena provisión de este manjar en la nevera para que se me haga más llevadero.
El lacón del Manolín en mi mesa
        
El lacón envasado
     
El viejo rincón del lacón (foto de archivo)

Pedidos Restaurante Manolín 
Camino de la Esperanza, 34
47007 Valladolid