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lunes, 30 de diciembre de 2024

Las caravanas de turrón de Fregenal

Como en años anteriores y tras las buenas experiencias de Xixona y La Alberca visito por Navidad un municipio turronero. Este año acudo a la pacense Fregenal de la Sierra, en la Sierra Suroeste de Extremadura, muy cerca de la frontera andaluza, tierra de dehesas y pueblos blancos. Esta bonita localidad mantiene la tradición del turrón artesanal desde al menos, según testimonios orales, el siglo XVIII. Un producto que se elabora en casa manteniendo las recetas, las técnicas y la distribución de siempre en una manera de entender el oficio que contra toda lógica de mercado subsiste avanzado el siglo XXI.

Además de turrón Fregenal es un precioso pueblo que merece ser visitado. Cabe destacar su castillo templario del s.  XIII del que solo queda su estructura exterior y en cuyo interior en el s. XVIII se construyó la plaza de toros y ya en el siglo XX el mercado. Vale la pena perderse por la barriada de Santa Ana, acercarse al mirador de la Cruz Roja, visitar su Museo de Arte Contemporáneo o su Caserón de Miniaturas.

 Tripas del castillo

Turrón (de Xixona) en el Caserón de Miniaturas

Recomiendo realizar una visita guiada que puede concertarse poniéndose en contacto con antelación en la Oficina de Turismo. Durante la misma, María, una joven muy profesional, me llevó por los principales monumentos de Fregenal.  La visita incluye un recorrido por el exterior de las casas solariegas. Estas viviendas que competían entre sí a base de a ver quién ponía más mampostería, contaban con planta baja o noble para la vivienda, y otra alta o “doblao”, que funcionaba como aislante térmico. Algunas son realmentes espléndidas como el Palacio del Marqués de Riocabado, el de los Condes de Torrepilares o de la Marquesa de Ferrera. En estas casas trabajaron muchos frexneneses a las órdenes de los entonces “señoritos” hasta que a estos se les acabó el dinero y se vieron obligados a vender sus casas y sus tierras; algunas de estas últimas fueron compradas por aquellos que en su día trabajaron a las órdenes de aquellos terratenientes que acabaron yéndose del pueblo a buscar sustento entre las clases medias metropolitanas. Como anécdota en una de estas casas se grabaron escenas de la película “Jarrapellejos”, ambientada en la Extremadura del caciquismo y en la que muchos frexnenses participaron como extras.

A la derecha el Palacio de los Marqueses de Riocabado

Casas solariegas enfrentadas

La visita incluyó también el interior de varias iglesias. Dos desacralizadas, la de los Jesuitas y la del Convento de San Francisco, sobrecogen por su desnudez y son empleadas para bodas civiles, exposiciones y otras actividades. La de Santa Catalina guarda la venerada imagen de la Virgen de la Salud. En la de Santa Ana además del mausoleo de Bravo Murillo puedes dedicar un ratito a buscar al gaitero del retablo del Nacimiento que pudo ser un capricho de un artista gallego que quiso dejar su impronta en tierras extremeñas. Sé que puede ser un pasatiempo un tanto friki pero viniendo de una persona que casi se pinzó las cervicales buscando el escudo del Athletic de Bilbao en las torres de las iglesias de Trujillo no es algo que resulte extraño.

 Iglesia de los Jesuitas
 
Iglesia del Convento de San Francisco

Gastronomía tradicional: la mandanga

Fregenal de la Sierra dispone de una rica gastronomía con platos reconocibles como el guarrito frito, las castañuelas a la brasa, el revuelto de gurumelos, el bacalao dorado o las perrunillas, estás últimas fáciles de encontrar en las panaderías y que en el pasado dieron nombre a su actual Plaza de la Constitución debido a su forma. Mucho más difícil de localizar una receta exclusiva de la cocina frexnense, la mandanga. En este guiso el protagonismo es para vísceras, callos, patas de cordero y morcilla lustre. Es muy popular en fiestas y en los fogones de las familias, pero cada vez más inusual en las cartas de sus restaurantes debido, según algunas fuentes consultas, a la dificultad de encontrar la materia prima, el elevado precio de la misma y lo laborioso de su realización. 

En el Barrio Sur
  
  Mandanga de la buena
 

Yo la pruebo en "La Bodeguilla", en el Barrio Sur. Me la sirve una cocinera orgullosa tanto de la mandanga como de la caldereta de cordero, dos platos cada vez menos habituales. Su madre trabajaba en el "Quiosco de Andrés López", donde la mandanga era la tapa reina y ella se encarga todavía de mantener viva la receta. Si eres aficionado a los guisitos, a la casquería y a mojar pan no te lo debes perder. Andrés Galván, administrador de "Te quiero Fregenal", me apuntó además una segunda dirección, el "Hogar del Pensionista", lugar al que se puede acceder sin necesidad de saber jugar a la petanca, de que te guste mirar obras o de que aún utilices una cuenta en Facebook. Para terminar, recomiendo el capítulo dedicado a este plato del programa gastronómico “La Prueba”, similar a la prueba de exteriores de “MasterChef” pero sin comentarios tóxicos del jurado.


Los puestos de turrón del Mercado Navideño

Quiero destacar en este apartado el libro “Turroneros Extremeños” escrito por Carlos M. Calderón e Ismael Sánchez. Esta Biblia del turrón extremeño ha sido fundamental para la preparación de este viaje (y del que vendrá cuando visite Castuera). Esta obra será el documento que en el futuro se consultará cuando los turroneros de Fregenal de la Sierra acaben desapareciendo como hicieron los albarderos, pañeros, herreros y otros oficios que forman ya parte del pasado. Este libro imprescindible se puede consultar en Dialnet aunque en mi caso tuve la fortuna de recibir un ejemplar por gentileza de Editora Regional de Extremadura detalle por el que estoy sumamente agradecido.

Familia Marín en los años 30
 
Remedios Marín, José Rodríguez y Ciriaco Rodríguez hacia 1975
 
Ciriaco Rodríguez Marín en los años 80

(Fotos cedidas por Andrés Galván)

Mi primera impresión al conocer el turrón de Fregenal de la Sierra son las similitudes con los elaborados en La Alberca a pesar de los 300 kilómetros que separan ambas localidades. El turrón se elabora en casa, a mano, sin procedimientos mecánicos, por miembros de la misma familia con varias generaciones a sus espalda en el oficio y los mismos que lo elaboran lo venden al por menor distribuyéndolo en el mismo municipio o por ferias en localidades próximas, aunque la variedad de turrones allí es mayor y frente al papel mayoritario de las mujeres en la localidad salmantina, aquí la elaboración recae sobre toda la familia.

En el Mercado Navideño de Fregenal de la Sierra en la Plaza de la Constitución  encuentro tres puestos de turroneros: el de Juanjo y Toñi, el de Ana y José Luis, y el de Ignacio y Cesárea. Me comenta Andrés Galván que hay otros dos sin presencia en el mercado, Manolo “el barbero” y Antonio. Si en La Alberca se hablaba de los Mancebo aquí es la familia Marín sobre la que descansa la tradición turronera; un apellido que algunos mantienen y otros han perdido con el paso del tiempo, pero todos unidos por vínculos familiares. Toñi se refiere a los otros turroneros del mercado como “primos-hermanos de su suegro”. José Luis, por su parte, recuerda que eran turroneros ya su abuelo, todos los hermanos de este y su madre. Un oficio, por tanto, que pasa de padres a hijos.

El turrón se vende fundamentalmente en ferias entre primavera y otoño. Los turroneros de Fregenal de la Sierra son feriantes y recorren durante la temporada con sus caravanas las ferias del entorno, principalmente en el Sur de la provincia de Badajoz, el Norte de Huelva y algo menos en Sevilla como me apunta Juanjo. Entre los municipios visitados se encuentran, entre otros, Jerez de los Caballeros, Cumbres Mayores, Calañas, La Zarza, El Repilado, Jabugo, Calera de León o Niebla. El más lejano, Gibraleón, muy cerca de Huelva capital, y el más grande, Zafra, donde José Luis apunta que a pesar del tamaño no es la feria más rentable porque hay competencia y se paga mucho.

Flora y sus padres en el paseo La Palma hacia 1945

Manolo trabajando con las técnicas y utillajes actuales en los años 90
 
Manolo y Flora vendiendo turrón en el paseo El Pilarito
 
(Fotos cedidas por Pedro Cardenal)

La tradicional venta ambulante del turrón de Fregenal de la Sierra ha cambiado mucho con el tiempo y para mejor. Cuenta Juanjo que su padre acudía todos los fines de semana a Valencia del Ventoso con un carro tirado por un burro y que el pobre animal a veces no podía con la carga de turrón por lo que “era mi padre quien acababa tirando del burro para que no se le hiciera de noche”. Obviamente, los animales de carga han sido sustituidos por vehículos a motor lo que facilita y acelera la labor. Me cuentan también que a las ferias a las que van procuran no acudir más de una familia para que su presencia sea rentable y así se ponen de acuerdo para cubrir las distintas festejos ya que además de turroneros llevan otras actividades como el bingo o el tiro de pichón siendo la de feriante su única actividad laboral y fuente de ingresos.

Si quieres adquirir el turrón en Fregenal de la Sierra tienes la opción de encargarlo directamente a los turroneros como hacen los paisanos y también los que viven fuera del pueblo. Como aquí todo el mundo se conoce se los encargan al cruzárselos por la calle o bien haciéndoles el encargo por teléfono pues no existe tienda física. La otra opción es buscarlos durante las Fiesta de Patronales de Nuestra Señora de Santa María de los Remedios en las casetas ubicadas a ambos lados de la carretera frente a la basílica y también en la Feria y Fiestas de San Mateo en la calle de Los Turroneros en el Recinto Ferial. Y, por supuesto, en el Mercado Navideño.

En los puestos del Mercado Navideño se vende turrón de almendra del duro. Juanjo y Toñi además ofrecen de avellana aunque conviene advertir que en realidad es de cacahuete (pues como pude averiguar en algunas zonas del Sur se llama avellana a este fruto seco). También ofrecen un producto muy típico de Fregenal de la Sierra: el calabazate. El más genuino se  elabora con cidra que Juanjo cultiva en su huerta y José Luis adquiere en otro municipio. No pueden faltar las populares garrapiñadas de almendra, pipa, pistacho, nuez o anacardo según el puesto. El resto de turrones y dulces navideños ofrecidos son fundamentalmente de Castuera y en algún caso de Xixona. La otra mitad de la caseta está ocupada por juguetes, un elemento que acompaña en las ferias al turrón. 

 El turrón de almendra es más oscuro al elaborarse con piel

 El turrón y los juguetes son compañeros en las ferias
 
El calabazate es un clásico de Fregenal

Los ingredientes en la elaboración del turrón son la almendra, “que se compra tostada desde que se prohibió hacerlo en las panaderías”, como afirma José Luis;  la miel, que se adquiere en otros municipios cercanos como La Siberia o Aracena y el huevo, el tercer ingrediente clave, que procede de tiendas de alimentación (por seguridad alimentaria, a pesar de que algún turronero tiene gallinas propias). Si en otras localidades turroneras la yema se utilizada para dulces en el caso de Juanjo las usa para “hacer bizcochos y tortillas de patatas” para consumo propio. En este caso el azúcar se emplea nada o muy poco, por ejemplo para aclarar el color turrón si el lote de miel es demasiado oscura.

En cuanto a la técnica de elaboración y el utillaje empleado son casi ancestrales. La única diferencia es la sustitución del carbón por el gas butano y en algún caso la batidora manual por una eléctrica. Los turroneros son poco partidarios de hacer modificaciones para no alterar el producto y conservar la tradición heredada. Juanjo me explica que en la olla al fuego se incorporan los ingredientes en el siguiente orden: miel (25 kg.), claras (40) y almendra (25 kg.). El resto brazo, paleta y venga a remover en turnos con la ayuda de hermano e hijo. Si antaño el tiempo estimado de elaboración era de seis horas la presencia del gas butano la ha reducido a cuatro. Una vez mezclado se reparte en cajas, unas diez para la cantidad arriba mencionada.

Tratándose de una actividad legada de padres a hijos es inevitable que la última pregunta a los turroneros sea sobre la continuidad del negocio. Parece que solo un hijo de José Luis tiene intención de seguir la tradición. El motivo es que el oficio de feriante vinculado al turrón es muy duro y los hijos aspiran a “trabajos de lunes a viernes con vacaciones en verano”. En el futuro es muy probable que desaparezca el oficio al igual que sucedió en otras localidades como apunta José Luis: "en Bancarrota, donde hacían turrón de cacahuete; Oliva de la frontera, Valverde del Camino y por la parte de Barranco". En Castuera, por su parte, el turrón no desapareció pero el productor artesanal fue sustituido y reemplazado por las fábricas industriales.

Turrón recién elaborado en casa de Juanjo
 

José Luis cortando turrón de almendra
 
Sigo contando diez dedos

Pasteles Risco

Si llegué a tiempo de probar los turrones de los puestos del Mercado Navideño no puedo decir lo mismo de este establecimiento. Lamentablemente Pasteles Risco cerró el pasado 31 de diciembre por falta de relevo generacional después de más de un siglo de existencia y con el título de Proveedor de la Real Casa en 1879. Los vecinos hablan maravillas de sus pasteles ingleses, piononos y dalias. También elaboraban dulces navideños y, por supuesto, turrones. Solo hay que ver las fotos de su Facebook para hacerse idea de su calidad.

El primer obrador estuvo ubicado en el edificio que luego fue el Teatro Sebastián, pasando luego a la Calle Cárcel y finalmente en la Carretera de Sevilla, en cuyo escaparate aún puede apreciarse vestigios de su antiguo esplendor. La tienda situada en la Calle Nuevas fue totalmente desmontada y en la actualidad es otra pastelería muy diferente. Las recetas, que hace años intentó recopilar sin éxito Luis Moreno Gamito siguen bajo llave, y se rumorea que rechazan ofertas por ellas por lo que si nada cambia en un futuro se acabarán perdiendo y con ellas una parte importante del patrimonio gastronómico y de la memoria de esta localidad.

  Envase de la pastelería

Ubicación del último obrador

No puedo terminar este artículo sin agradecer a todas las personas que me han ayudado para la elaboración de estas líneas.  Así que gracias a Tina Rodríguez por ponerme en contacto con los protagonistas, gestionar una visita en la Oficina de Turismo y estar pendiente de mis necesidades; a Andrés Galván, un hombre culto, amable y memoria viva de Fregenal de la Sierra; a Pedro Cardenal, que compartió conmigo sus fotos de turroneros que con tanto cariño conserva y difunde; y, por supuesto, a todos los turroneros del Mercado Navideño de Fregenal de la Sierra, por su amabilidad, disposición y generosidad. Personas como ellos son las que sostienen la memoria, la tradición y la identidad de un pueblo.

Termino este humilde artículo animando al lector a apoyar este oficio y producto únicos, no solo con “me gustas” sino comprando turrón de  Fregenal de la Sierra directamente a los artesanos. También quiero emplazarte a visitar este rincón de casas blancas, fuentes ornamentales y calles empedradas bajo el canto de sus gorriones, seguro que repites.

 Que esta placa no sea en el futuro solo un recuerdo

 Mi botín

martes, 28 de mayo de 2024

Helados La Ibense Gisbert (Sant Joan d'Alacant)

ESPECIAL HORCHATA: Me chifla la chufa (LX)

Visito San Juan de Alicante. Un municipio vecino de Alicante que tiene el reto de no convertirse en otro barrio dormitorio de la capital indistinguible del resto. No hace tanto tiempo fue una población agrícola como aún hoy se puede apreciar en las inmediaciones de su centro urbano en forma de bonitas fincas y villas de labranza que bien merece una ruta. Wikipedia destaca la presencia en la ciudad de buen helado y refrescos veraniegos motivo más que suficiente para hacer una parada.

La Ibense Gisbert es una heladería fundada en 1910 en la que trabaja actualmente la cuarta generación. Tiene el obrador en el Polígono Industrial Pla de la Vallonga y una segunda tienda en Alicante. Esta empresa emplea dos de mis productos favoritos: el turrón de Jijona y la chufa, ambas con sus respectivas D.O., que transforma en helado y horchata, respectivamente con los que esta heladería ha obtenido varios reconocimientos por no hablar además de mi más sincera felicitación. Horchata y turrón son, a mi entender, los mejores motivos por los que una localidad debe ser puesta en el mapa.

Su horchata
 
Detalle
 
Terraza
 

Helados La Ibense Gisbert

Avinguda de la Diagonal, 13
03550 Sant Joan d'Alacant (Alicante)

Localización en mapa de las horchaterías y otros establecimientos que elaboran horchata natural incluidas en la sección ESPECIAL HORCHATA: Me chifla la chufa

martes, 19 de diciembre de 2023

Las turroneras de La Alberca

Después del éxito de mi visita el año pasado a la Feria de Navidad de Xixona decidí recorrer por estas fechas otra de las cunas del turrón patrio. Esta temporada me desplazo a La Alberca, en la salmantina Sierra de Francia. Un lugar donde esperas encontrar jamón, hornazo o bollo maimón, pero no turrón. Este es elaborado en casa, su consumo es marcadamente local y ofrece variedades sorprendentes. Si he despertado tu interés estás invitado a otro de mis dulces viajes.


Primera parada: Salamanca 

Me desplazo de la estación de tren hasta el barrio de “La Prospe” para visitar el Museo del Comercio y la Industria. Aquí encuentro el primer testigo de las turroneras albercanas: una fotografía expuesta del Archivo de Venancio Gombau, propiedad del Ayuntamiento, que retrata a las turroneras con sus puestos bajo los soportales de San Antonio. Sería fantástico que este museo, que replica con acierto comercios e industrias salmantinas, dedique en el futuro un espacio propio a los puestos de las turroneras.

Fotografía

Replica de una abacería

A la salida del museo un carnicero y una verdulera me indican dónde puedo localizar a una turronera. Está situada en la Plaza del Mercado, sentada sobre una caja cortando turrón sobre una mesa. Asegura que no abandona su puesto desde que se instaló en diciembre de 2017. Es de bronce, pesa seis toneladas y es de Gonzalo Coello Campos, el mismo autor que las otras esculturas de oficios. Vistas las turroneras en fotografía y en escultura me desplazo en bus a La Alberca para conocer a las de carne y hueso.

Verdulera y carnicero

Turronera de La Alberca

Segunda parada: La Alberca 

El pueblo

A diferencia de Xixona, La Alberca no tiene museos, exposiciones, obradores, fábricas o ferias que visitar relacionadas con el turrón. La experiencia se limita a los tres puestos de turrón y una pastelería. El resto del tiempo puedes ir al encuentro de sus tradiciones centenarias, disfrutar de la preciosa arquitectura serrana y perderte por los retirados paisajes de Las Batuecas. Que tu paso por uno de los pueblos más bonitos del país sirva para aumentar tu sabiduría aparte de tu perímetro abdominal y tu nivel de azúcar en sangre. 

Con un acervo cultural inabarcable en este artículo me limito a seleccionar algunas de sus tradiciones que me llamaron especialmente la atención:

-La tradición de la Moza de las Ánimas. Todos los días del año haga bueno o malo, con ola de frío o ciclón tropical (que el tiempo está muy loco) al anochecer una mujer acompañada de una esquila (para los de la ESO, una campana) emprende una ruta que comienza en la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y recorre todo el pueblo. El repique y sus salmos, que siguen un protocolo inamovible por la tradición, sumerge al atónico espectador en una España en blanco y negro que pensaba desaparecida. La ruta está marcada en el plano que ofrece a los visitantes la Oficina de Turismo.

Moza de las Ánimas en acción

Hornacina de las Ánimas

-La fiesta del Marrano de San Antón. El 13 de junio, festividad de San Antonio de Padua, un marrano con una campana al cuello es bendecido y soltado en el pueblo donde corretea en libertad hasta el 17 de enero, festividad de San Antón, en el que es sorteado entre aquellos que compraron un boleto para la rifa. Si eres el agraciado de tan sustancioso premio y no tienes ni sitio para cobijar al gorrino ni agallas para convertirlo en chacina puedes canjearlo por un lote de productos de ibéricos que te dan procesado ya al animalito. Hasta ese día puedes coincidir con el marrano por las calles del pueblo, posibilidad cada vez menos frecuente por la dificultad de encontrar voluntarios que acepten la responsabilidad de sacarlo a pasear. Si no coincides con él puedes visitarlo en su casa detrás de la Ermita de San Blas.

¡Eso es todo, amigos!

¿Y si toca aquí?

-La receta del limón serrano. ¿Imaginas una ensalada compuesta por chorizo, cerdo ibérico, naranja, limón y huevo con vinagreta de aceite de oliva, vino tinto, ajo y yema? Yo no hasta llegar a La Alberca. El limón serrano es un plato popular, que con ligeras modificaciones se hace en casa y también se consume fuera, como en el Restaurante El Balcón dela Plaza. La propietaria de este local abierto hace veintiséis años me comenta que su padre lo hacía escabechado, que lo piden muchos vecinos y algunos turistas, asegurándose primero que estos últimos saben a lo que se enfrentan. Lo amas o lo odias, como todo en estos tiempos tan polarizados. Yo lo amé.

Limón serrano

Carta del restaurante

Y ahora vamos al lío:

Las turroneras

Sí, turroneras, en femenino, porque en La Alberca el turrón tiene nombre de mujer. Si en el artículo sobre Xixona apunté que antaño era un oficio con segregación de género, ocupándose las mujeres generalmente de los procesos de selección y primera manipulación de la materia prima y los hombres de la trasformación con maquinaria (un procedimiento común durante la Revolución Industrial) aquí, en La Alberca, la mujer domina todo el proceso hasta la venta. Por eso tradicionalmente se habla de turroneras y no de turroneros. En este viaje veo y trato con mujeres y ellas recuerdan a sus madres y abuelas traspasándose su saber de generación en generación manteniendo viva una tradición ancestral.

a) Los puestos de turrón. 

En la Plaza Mayor hay tres puestos de turrón: El de Toñi y Paula, en la esquina con la Calle El Puerto; el de Ana y Emi en la entrada de la Calle El Tablao; y situado entre estos dos, el de Antonio, frente a la Biblioteca Municipal, que no es productor sino solo vendedor. Las mujeres de estos puestos son familia, tías y sobrinas. Comparten incluso el mismo obrador pero elaboran sus propias recetas con autonomía. En estos puestos se puede adquirir legítimo turrón de La Alberca todo el año, porque aquí el producto carece de estacionalidad en la producción, venta y consumo. También encontrarás a las turroneras en ferias como las de Ciudad Rodrigo o Barco de Ávila y, por supuesto, en Salamanca, donde dicen que no llega la Navidad hasta que las turroneras de La Alberca montan sus puestos a finales de noviembre.  

Aunque compré en los dos puestos mi contacto más estrecho fue con el capitaneado por Toñi y Paula. En nuestras conversaciones nos acompañaba siempre un grupo de simpáticos y regordetes gorriones que hacían suyas todas las miguitas y trocitos de nueces que caían de la tabla al cortar turrón y que también pueden degustar los viandantes. Ellas son la tercera generación turronera de la familia Mancebo. Me dice que cuenta con clientes fijos de Madrid que solo compran turrón en su puesto y en la mítica Casa Mira. Vende su producto en La Alberca todo el año, en Salamanca en temporada, en ferias de otros pueblos y suministra a la centenaria Ultramarinos Cepeda de Santiago de Compostela. 

En el pasado hubo muchas más turroneras, llegaron a contarse por docenas. Pero este oficio no es inmune a los males que afectan a otras actividades artesanas. La falta de relevo generacional es lo que más destacan las afectadas, derivado de múltiples factores sobradamente conocidos como la despoblación rural, los sacrificios de la artesanía, la rigurosidad de la administración, la competencia industrial y, porque no decirlo, el legítimo deseo de tus hijos de cambiar de oficio por otro menos sacrificado o más afín a sus intereses. Lo que está en nuestras manos como consumidores es sustituir el turrón industrial por este producto con cara, nombre y apellidos y una calidad incuestionable.

Puesto de Toñi y Paula

Puesto de Ana y Emi

Hacha para cortar turrón

Gorriones adecentando el pavimento

El turrón que se elabora en la Alberca lo hace con escasas modificaciones respecto a como lo hacía antaño:  

-La cocina como lugar de producción ahora es sustituido por un espacio específico autorizado situado en las antiguas cuadras de la casa con todas las garantías y supervisiones sanitarias e higiénicas (medidas estrictas que provocaron que algunas turroneras abandonaran el oficio por no poder o saber adaptarse).

-La tradicional olla de cobre para la cocción (un elemento no específico para el turrón presente en la tienda Artesanía Hoyos-Calama o en la Casa Museo Sátur Juanela) es reemplazada por la de acero inoxidable. La leña para calentarla (recogida en el monte) a su vez por el fogón de gas butano.

-El molde para el reposo del turrón podía ser de cartón (rodeado con ladrillos para evitar que perdiera su forma al rellenarse) o mejor de madera si había disponibilidad (por ejemplo, el reutilizado del pescado) y ahora renovado por el de acero inoxidable. El papel de estraza para forrar turrón se sustituye ahora por oblea.

Vieja olla de cobre en Artesanía Hoyos-Calama

Peso de turronera en Casa Sátur Juanela

Para terminar, hablemos de las diferentes variedades de turrones y los imprescindibles:

-El duro de nueces, el primer turrón de La Alberca. Como el de almendra pero sustituyendo este fruto seco por nuez. A pesar de su aspecto es sorprendentemente dúctil. La nuez procede de Los Arribes (con la de California queda muy duro). El más característico se presenta en bloques de doce kilos cortados con hacha. También se ofrece en los formatos habituales para facilitar trasporte y almacenamiento. Disponible todo el año.  

-El turrón de nuez (igual que el anterior) pero presentado en torta con oblea, en mi caso de Ignacia Gil. Producto popular entre los vecinos que conviene encargar porque no suele ofrecerse a los de fuera por su fragilidad en el desplazamiento. La oblea es una institución en la historia de La Alberca con obradores y presencia en sus tradiciones y fiestas como pedidas, bodas y otros encuentros con familia y amigos. No es solo turrón, es pura etnografía.

-El duro de almendra que sustituye parte de la clara por extra de miel. El escudo de La Alberca tiene una rueca, un castaño y una colmena. No es casualidad, los excedentes de miel y nueces justifican la presencia del turrón en el municipio. En realidad, el turrón árabe era frutos secos, miel y azúcar. Este turrón, que se cuece a menor temperatura es pétreo, meloso y pegadizo al paladar, muy apreciado en Las Hurdes.

-Para finalizar los turrones más habituales: duro (también presentado en corona como en Castuera) blando, yema tostada, chocolate con almendras, guirlache, etcétera. A destacar por su papel en la historia de La Alberca, el de cacahuete, empleado antiguamente en épocas de escasez de almendra. Por último, señalar que estos puestos también ofrecen garrapiñadas, obleas, nueces, miel, polen y otros productos de la provincia. 

Bloques de turrón duro

Cortado y en otros formatos

b) La tienda.

El Pan Negro de Mariluz es la última parada (una forma de hablar porque en realidad me pasé los días saltando de turronera en turronera). Mari Luz, también hija y nieta de turroneras, podemos decir que se reenganchó al turrón, si es que alguna vez lo había dejado. Trabajó en el restaurante familiar hasta que cerró y decidió volver a sus orígenes, pero a lo grande con un local propio. En su pastelería con obrador encontramos los turrones de siempre y otros nuevos más atrevidos: castañas, tiramisú, galleta y cereza o el de jamón ibérico (que tuvo mucha resonancia) son alguna de sus opciones. Mi favorito el de guirlache con piñones que es simplemente maravilloso. Esta repostera como los buenos chefs es clara y trasparente, explica los diferentes procesos de elaboración, los ingredientes empleados y cada vez que regresas a la tienda te interroga para conocer tus impresiones.

Mari Luz cuando no está ocupada entre la atención del obrador y la venta al público es una mujer a la que le gusta conversar con el cliente. Me pregunta de dónde soy y cuando confieso que de Madrid muestra su sorpresa y alegría al ver el cada vez más turronerías en mi ciudad; por desgracia, me veo obligado a bajarla de la nube (en este caso boina de contaminación) para expresar mi preocupación por la proliferación de franquicias de turrón industrial y su intento de equiparse con el artesano porque, para ser honestos, para turrón, el que hace ella. También elabora toda clase de repostería tradicional incluido chocolate, del que habla como un hijo. A diferencia de los puestos de las turroneras el producto de Mari Luz puede comprarse en Internet.

Interior de la tienda

Sus variedades de turrón

c) Otros

En los puestos y tienda mencionados está asegurada la autenticidad del producto. En otros lugares no. Alguna tienda de recuerdos ofrece turrón con un etiquetado que insinúa un origen local pero que en realidad es foráneo, me dicen que posiblemente de Castuera, y puede que esté bueno, pero no es lo que crees estar comprando. Este no es solo un problema de La Alberca sino de todos los lugares turísticos donde se ofrece chocolate, pimentón o galletas del lugar cuando solo de este poseen la foto de la caja en que se empaquetan..

Tercera parada: Mogarraz 

Aseguran que el Restaurante Mirasierra puede sorprenderme con algún postre con turrón. Llamo para confirmar y reservar. Puedo llegar hasta Mogarraz en el bus de Salamanca pero acudo dando una agradable caminata solo para disfrutar del paisaje, no porque considere necesario bajar el turrón de castaña que cené la noche anterior. Una agradable travesía a través del Camino de las Raíces, GR-10 y Camino del Agua me lleva al destino. Mogarraz es sobrecogedoramente bonito, súmales a todos los atractivos de estos pueblos serranos los ochocientos retratos de sus vecinos con lo que ha vestido sus muros el pintor Florencio Maíllo. Si te gusta tanto como a mí recomiendo comprar el álbum de cromos del proyecto en la librería del pueblo. En el restaurante las tradicionales patatas meneás y un bombón de turrón de La Alberca con helado de vainilla y harina de almendra. Pueblo y restaurante para repetir. 

GR-10

Mogarraz

Bombón de turrón con helado de vainilla y harina de almendra

Toda mi vida renegando de la Navidad y sus tradiciones: la lotería, el aguinaldo, las doce uvas, los villancicos,  Vigo y resulta que no era del todo así. A mi manera seguía una tradición propia que absorbía toda mi atención, consumía con dulce devoción y no dejaba espacio para ninguna otra: el turrón, en todas sus formas y variedades, al que añado ahora también la inolvidable experiencia de conocer los municipios que lo fabrican y a los artesanos y  profesionales que dedican su vida a elaborarlos.

Nos vemos el año que viene en Castuera, o Casinos, o Fregenal de la Sierra, o allí donde el turrón me lleve.

Quién quiere Ferrero Rocher teniendo esto