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jueves, 9 de diciembre de 2021

Bar Torreón (Teruel)

Hoy toca viaje exprés a Teruel con una mochila a la espalda en homenaje al recordado José Antonio Labordeta, ciudad en la que fue varios años profesor de instituto y donde dejó buenos recuerdos y grandes amigos. Por eso no les extrañe que en 2003 en el Congreso de los Diputados mandara a la mierda a la bancada que le interrumpió al grito de “vete con la mochila a Teruel”, memorable momento parlamentario que por desgracia llegó tarde para una crónica del gran Luis Carandell pero que inauguró el video político viral en España.

Mi objetivo en Teruel, además de visitar lo más destacado de su ciudad, era probar unas pimajopere. Bajo este extraño nombre se oculta un plato a base de patatas con ajo, pimentón, perejil y aceite típicas del lugar. El número 146 del periódico Andalán, vinculado a Labordeta, definió este plato local como “patatas bravas pero no muy picantes y de excelente sabor” y recomendaba las de un bar de la plaza de la catedral. Cuarenta años después este plato como Teruel, existe, pero a duras penas. Hoy las pimajopere están junto al cóctel de gambas, los dátiles con bacón o la tarta al whisky en el grupo de esos platos viejunos que solo se encuentran en los menús de las boda de la generación de nuestros padres.

Pruebo este plato en el Bar Torreón, local abierto en 1993 ubicado, literalmente, en un torreón, el de San Esteban. Las patatas pimajopere que me sirven son tan espectaculares que hacen palidecer a las mejores bravas. Como la primera experiencia es tan buena las acompaño con un bocadillo de ternasco, que es carne de cordero joven, y que completa un desayuno de aúpa. Si digo que mi almuerzo fue en ese mismo bar creo que no es necesario añadir nada más. Para que investigar más si uno encuentra la perfección a la primera. El resto del día lo empleé en comprar guirlache, jamón y quesos de Teruel.

Quién me iba a decir que regresaría esa noche de la España vacía con la mochila tan llena como mi estómago y tan ajustada como mis arterias. Pero mereció la pena ¡vaya si la mereció!

Patatas pimajopere
   
Bocadillo de ternasco
  
Torreón de San Esteban
 
Ronda Ambeles, 28
44001 Teruel

miércoles, 21 de noviembre de 2018

Ultramarinos La Confianza (Huesca)

Este verano descubrí una nueva tienda “gourmet” en Madrid. En sus modernas estanterías de aire nórdico se entremezclaban productos con un packaging  (lo que hasta ahora ha venido siendo el embalaje) de diseño cuya exclusividad residía  más en el continente que en el contenido. Junto a estos se exponían medio catálogo de la siempre socorrida marca La Chinata y algún que otro producto con la cara estampada del chef de un programa televisivo. Pensé entonces en lo curioso que resulta que los negocios que pretenden vender exclusividad se parezcan tanto los unos a los otros y me recorrió la misma premonitoria sensación que tuve cuando alguien me sugirió la idea de abrir un restaurante vegano en Ávila de que aquel lugar no duraba ni dos meses.  Tras el mostrador una jovencita que sin soltar el móvil respondía lacónica y ambigua a mis preguntas y sugerencias. Se trataba del habitual nuevo negocio sin el propietario al frente, uno de esos que montan una tienda sin conocer el barrio, sus vecinos ni sus necesidades y posiblemente ni el producto que venden. Dos meses después en su lugar había una lavandería y en algún otro punto de la ciudad un empresario que no entiende qué pudo ocurrir para que su negocio no tuviera éxito.

Dedicamos este artículo a empresarios con otra manera de trabajar y de entender el negocio. Esta semana nos pasamos por Huesca para visitar la tienda de ultramarinos en activo más antigua del país. Fue abierta en 1871 y tiene al frente María Jesús Sanvicente Callau. Esta señora es natural de Hoya de Huesca donde su padre Víctor se dedicaba al comercio. Durante la posguerra siendo solo una cría la familia se traslada a Huesca para hacerse cargo de “Ultramarinos La Confianza”. María Jesús que era la mayor de cuatro hermanas trabajó allí desde los catorce años. Estudió Magisterio pero renunció a ser maestra para ayudar en el negocio, que entonces era el sustento familiar y no pasaba por un buen momento. Tras la jubilación de su padre llevó las riendas de la tienda junto a su marido Antonio Villacampa. A partir de los ochenta el matrimonio afrontó el difícil reto de la irrupción de los supermercados y los centros comerciales, un fenómeno tan demoledor para el pequeño comercio como las hombreras y el pelo cardado para la moda. Sobrevivieron con la misma receta de siempre: adaptación y trabajo, mucho trabajo. Hoy Antonio no está entre nosotros pero María Jesús, que cumplió hace poco los 73, continúa atendiendo a sus clientes y sigue con muchas ganas de trabajar y ninguna de retirarse.

Al entrar en la tienda sorprende su elegancia. El fundador que era un comerciante de origen francés llamado Hilario Vallier abrió el negocio como mercería y sedería para más tarde incorporar distinguidas viandas de ultramar. Al tratarse de artículos exclusivos decoró el local suntuosamente como muestran las magníficas pinturas del techo, obra del pintor oscense León Abadías y Santolaria, que también dejó su firma en los techos del Ayuntamiento y la Diputación. Se podía pensar que se está en una tienda “pija” pero su oferta se aleja de ese concepto: productos de uso común y marcas de las que todos tenemos en nuestras despensas (conservas “Calvo”, aceitunas “La Española”, zumos “Granini”, etc.) comparten estante junto a otros de cercanía que permiten conocer la materia prima de la región. Pregunto a María Jesús si tiene boliches pero entonces no era temporada. La buena señora en cambio me enseñó otro artículos de la provincia: quesos del Alto Aragón (Guara, Radiquero, Benabarre…), embutido de Graus, miel de Asque, aceites del Somontano, almendras a granel de Loarre y chocolate de la tierra al corte. Efectuada mi compra abandoné la tienda convencido que la visita a “La Confianza” es obligada para cualquiera que visite Huesca pero especialmente para aquellos empresarios que necesiten consejo sobre cómo sacar adelante un negocio durante tantos años.

 Su decoración huye del actual minimalismo imperante

Exterior de Ultramarinos La Confianza

Pinturas de León Abadías y Santolaria
  
Plaza Luis López Allué, 8
22001 Huesca

lunes, 14 de septiembre de 2015

Mercado Central (Zaragoza)

La situación próxima y equidistante de Zaragoza entre las ciudades de Madrid y Barcelona suele atraer turismo pero del considerado de paso. Por eso de la capital aragonesa no conocemos mucho más allá de la Basílica del Pilar y la Aljafería, y menos aún sabemos de la rica y diversa gastronomía aragonesa. Si no te has dejado los dientes con los adoquines del Pilar deberías probar el ternasco de Aragón, el jamón curado de Teruel, la miel de Fuendejalón, el aceite Bajo Aragón, el queso del Pirineo, el tomate rosa de Barbastro y otros productos maños de primera categoría.

El mejor lugar para encontrarlos es su monumental mercado. Obra del arquitecto turiasonense (¡de Tarazona, coñe!) Félix Navarro. El edificio de estilo ecléctico construido en piedra, ladrillo y hierro fue inaugurado en el verano de 1903. Durante el franquismo casi desaparece bajo la piqueta por el dichoso afán especulativo pero comerciantes y vecinos se echaron a la calle en una lucha de varios años que concluyó con la declaración del edificio como Monumento Histórico Nacional en 1978 y Bien de Interés Cultural en 1982. Para mí es con mucho el monumento más sugestivo de Zaragoza sin desmerecer de otros tantos que jalonan la capital aragonesa.

En su amplio interior puedes encontrar más de un centenar de puestos que tienen casi de todo. Si logras levantar la vista de entre tantas buenas viandas deberías fijar tu mirada en los centenarios cartelones cerámicos que decoran las galerías y que representan todos los productos que han estado presentes en el mercado desde su origen: angulas, perdices, terneros, racimos de uva, ciruelas, olivas negras… incluidas dos palomas que si se retiran tampoco pasa nada, y es que si fuera por mí las representaciones de estas ratas con alas (que nada bueno traen) desaparecerían hasta de las iglesias.


 Fachada del monumental Mercado Central de Zaragoza

Mercado un animado sábado por la mañana

Cartelón cerámico en el interior

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Actualización 02/09/2019

El edificio histórico está en obras. Ha sido sustituido por uno provisional. 

Mercado Central de Zaragoza
Plaza Lanuza, s/n
50003 Zaragoza