viernes, 1 de febrero de 2019

Café Bar Gran Vía (Murcia)

Antaño muchas ciudades disponían de una gran avenida arbolada algo apartada que era frecuentada por los jóvenes para el cortejo, costumbre que ha evolucionado hasta el botellón de nuestros días. En mi ciudad esa función correspondía al madrileño paseo del Prado entonces jalonado por cinco grandes pinos muy alejados entre sí, a medida que superaban estos mojones naturales los enamorados se alejaban de miradas inquisidoras hasta llegar al lejano quinto pino. De ahí la conocida expresión.

En Murcia ese papel estaba asignado a la avenida Alfonso X también conocida por el “Tontodromo” porque allí “tonteaban” las parejas. Perdido el uso que tuvo antiguamente hoy sigue siendo popular. No puedo añadir nada más sobre esta vía al haber sido incapaz de superar el número uno de la calle. El campo de fuerza que me impide avanzar es el Café Bar Gran Vía, conocido por “El Cafeto” o “La Pecera” situado al comienzo de la misma. Este bar abierto en 1967 es famoso por su plato estrella: la marinera. Una rosquilla de pan en forma de barca cubierta de excelente ensaladilla rusa y coronada  por una anchoa. Me gustó tanto la combinación cuando la probé por vez primera que no pude irme de Murcia sin comprar en el mercado unas cuantas bolsas de estas rosquillas típicas. Podría en mi próxima visita a Murcia recorrer por fin entera la avenida Alfonso X pero como conozco mis debilidades sé que me quedaré apalancado en El Cafeto mientras conozco el resto de la calle a golpe de “Street View”.

Una "marinera" en el Gran Vía
 
 Terraza y fachada principal
 
 
 Tarjeta del Café Bar Gran Vía

Café Bar Gran Vía
Gran Vía Alfonso X el Sabio,  1
30008 Murcia

martes, 22 de enero de 2019

Restaurante Nino (Alcalá de Henares)

A finales de los ochenta acudía con mis padres a una peña madridista de mi barrio donde se comía bien. Al dueño del restaurante no parecía importarle que mi familia fuera blaugrana. Todos eran bien recibidos mientras pagaran la cuenta, no robaran el papel higiénico del baño y evitaran la expresión “y tal y tal”. Recuerdo en una ocasión un privado improvisado en el comedor del que los camareros no paraban de entrar y salir. Le preguntamos a uno de ellos para quién era semejante ágape y nos cuchicheó que para algunas primeras espadas del Real Madrid de entonces, pidiéndonos a continuación que no trascendiera para no ser molestados.

A pesar de la jarana detrás del biombo, la identidad de los participantes pasó totalmente desapercibida para el resto de comensales. Imagino que para no ser descubiertos en lugar de entonar durante el brindis final el “Hala Madrid” éste fue oportunamente sustituido por un sentido “Asturias, patria querida”. Un himno tan perfectamente ejecutado por los merengues que logró emocionar incluso a mi padre que era culé. Desconozco si la emoción de mi progenitor fue producto de sus amadas raíces asturianas, porque intuyó un inminente fin del ciclo ganador madridista (como realmente sucedió) o simplemente porque también habia tomado unas cuantas copas de más.

En la actualidad el único restaurante futbolero que frecuento es el alcalaíno Nino. Cada vez que visito Alcalá de Henares me dejo caer por su local de la calle Mayor no porque me interese en demasía el innoble y mercantilizado deporte del balompié sino por su especialidad: los champiñones a la plancha. Lo que me atrae de esta casa de comidas del año 1953 no son sus paredes repletas de fotografías de futbolistas madridistas sino esa plancha humeante de la entrada rebosante de unos champiñones de primera división. Si los pruebas por muy poco aficionado que seas al futbol entrarás a formar parte de los fanáticos de la Liga de Champiñones.

 Champiñones a la plancha
 
 Interior de Restaurante Nino
 
 Mural futbolero

Calle Mayor, 70
28801 Alcalá de Henares

martes, 8 de enero de 2019

Bar Sacramento (Sevilla)

Recomendar en Sevilla un bar de huevos fritos puede chocarle a muchos. El lector podría esperar una mención a algún establecimiento con una especialidad relacionada con alguno de los tópicos gastronómicos sevillanos en vez de dedicarle espacio a un plato tan generalista. En mi defensa puedo decir que un ilustre sevillano como Velázquez nunca pintó a una vieja preparando gazpacho, soldaditos de Pavía o pringá sino friendo unos estupendos huevos. Esta es mi pequeña reivindicación hacia el desdeñado huevo frito, ese plato tan popular, tan consumido y, puede que por ello escasamente valorado, que nadie reclama como propio y que a diferencia de otros no provoca disputas regionales para apropiárselo.

El huevo frito cuenta con un escaso reconocimiento público a pesar de que se puedan contar con los dedos de una mano aquellos a quienes no les gusten. El motivo suele ser que muchos consideran que un plato tan “elemental” no justifica pagar por ello cuando uno puede freírse los huevos en su propia casa. Me gustaría saber cuántos de estos “cocinillas” que piden el sushi en Deliveroo y pueden enumerar diez marcas de cerveza artesana son capaces de hacer un buen huevo frito con su yema liquidita y sus puntillitas bien atusadas. Cuánto más si han usado para ello los huevos baratos del súper y un aceite más sucio que la factura de un taller mecánico.

Si lo tuyo también es mojar en la yema, en el barrio sevillano de Feria tienes el Bar Sacramento. Este bar de decoración friki-sesentera abierto en 2013 apostó por el huevo frito en tiempos en los que nuevos establecimientos del tipo gastrotecas, taperías y franquicias surgían como setas. Su secreto, ofrecer un gran producto elaborado con huevos camperos procedentes de la carmonense Granja Solís, aceite de oliva virgen extra, ajos enteros, sal gorda y unas buenas manos. Puedes pedirlos en tapa o en ración acompañado de papas fritas, arrugás o pimientos y en un triple salto mortal, sólo con un informe médico favorable, con chorizo ibérico de Azuaga o morcilla de arroz de Burgos.

Tras esta experiencia entenderás porqué Velázquez pintó una vieja friendo huevos  y no abriendo una sopa Campbell.

 Los huevos fritos del Sacramento
 
 Interior del bar
 
 El "Made in Japan" de Raphael

Calle Feria, 141
41002 Sevilla 

miércoles, 26 de diciembre de 2018

Turrones Mira i Fills (Madrid)

Madrid no es ciudad turronera. Más allá de la mítica Casa Mira y algunas pastelerías que fabrican turrón al llegar estas fechas se puede contar con los dedos de una mano el turrón artesano de Jijona que puedes adquirir en esta ciudad, una reducida lista en la que no puedo ni quiero incluir a Vicens. Esta escasez de opciones de calidad se debe a que los madrileños, por lo general, compran turrón barato, malo y limitado a la Navidad, un equivalente gastronómico a los gorros absurdos y las pelucas ridículas que proliferan en cualquier lugar público en cuanto se cambia la hoja del calendario al mes de diciembre. Nuestra relación con el turrón no parece que sea tanto por devoción sino por obligación. Se sumaría a otros gestos que hacemos a lo largo del año por rutina, costumbre o por presión social como acudir a las terribles cenas de empresa, quedar para celebrar el partidillo solteros contra casados y comprar algo a tu pareja el día de tu aniversario cuando te lo recuerda la alarma del móvil.

En el castizo distrito de Chamartín tenemos la turronería Mira i Fills. Una turronería de verdad y una gran desconocida, seguramente por su ubicación más alejada del centro. Este despacho de turrones abre en 2001 en el barrio de El Viso. Tras una fachada discreta se encuentra oculto un tesoro para cualquier amante del dulce: yemas, mazapanes, glorias… Destaco sus finísimos polvorones o sus jugosas delicias de almendra entre otras exquisiteces. Por supuesto, no puede faltar su maravilloso turrón de Jijona con una textura y un sabor excepcional y que puedes adquirir envasado todo el año y al corte desde el puente de la Inmaculada.

Al frente del despacho se encuentra Elena Mira, hija y nieta de turroneros. Esta jijonenca de nacimiento y madrileña de adopción ofrece los turrones procedentes del obrador familiar de Jijona. Por cada compra además de un excelente producto recibirás una lección magistral sobre todos los secretos de su elaboración: el origen de los ingredientes, el proceso de preparación y la mejor manera de conservarlo. Una atención profesional de alguien criado entre turrones y que se ha pasado toda una vida vendiéndolos. Así que si eres de los que tampoco te ha tocado el gordo pásate por Mira i Fills y reconcíliate con la Navidad. ¡Ho, ho, ho!

Turrón al corte

Fachada de Mira i Fills

Localización de la tienda de turrón


Turrones Mira i Fills
Calle de Gabriel Lobo, 17
28002 Madrid

martes, 18 de diciembre de 2018

¡Bravas, bravísimas!

Si tuviera que elegir la tapa con la que más chascos me he llevado en mi vida serían las patatas bravas. Sorprende esta elección porque quien quiera hacerlas lo tiene, en teoría, fácil para triunfar: patata cortada a mano, una buena fritura y una buena salsa con un toque “alegre” es todo lo necesario para, al menos, no decepcionar. Por desgracia a pesar de la economía, sencillez y rapidez en la elaboración muchos establecimientos se empeñan en reducir costes, energías y tiempos con un resultado para el paladar similar al de recalentar torreznos en el microondas. En esta lista solo encontrarás tascas especializadas, ambientes informales, recetas tradicionales y precios populares. La entrada está abierta a nuevas incorporaciones por lo que serán bien recibidas tus sugerencias.  

Bar Bonillo (Almería)

El mejor lugar para tomar un plato humilde como las patatas bravas es una tasca. Una de las más potentes que conozco son las del Bar Bonillo, un local abierto en 1968 donde la protagonista absoluta es la plancha y la freidora. Su especialidad son “las patatas a la brava” como indica el cartel del exterior y recuerda otro más en el interior del local. Cortadas en forma de media luna a grandes rodajas son una tapa clásica de la ciudad.

Además de las patatas bravas  también destacaría los champiñones pero por encima de cualquier otra consideración gastronómica destaco su ambiente. Bonillo es uno de esos bares hasta arriba de lugareños, con clientes de pie con su plato en la mano, donde para hacer tu pedido hay que abrirse paso a codazos y con ese olor a freiduría que lo impregna todo. No podrían faltar camareros que dan notas más altas que Plácido Domingo y esa decoración tachada de cutre por aquellos que a los mismos muebles que consideran anticuados en un local los llaman “vintage” cuando están en el suyo.


 Las bravas del Bonillo

Ambiente tradicional de tasca

Bar Bonillo
Calle Granada, 12
04003 Almería

Bar Tomás (Barcelona)

En la ciudad de las vanguardias gastronómicas con locales de moda que reinterpretan las patatas bravas dándole forma de gofre o confitándolas a baja temperatura, resulta chocante que las únicas de Barcelona de las que se ha escrito un libro sean precisamente las de una tasca de toda la vida en Sarriá. Los periodistas Carles Valls y Sergi Fidalgo pudieron escribir otro libro más sobre restaurantes para “foodies” o terrazas “chill out” pero escogieron un plato popular de un bar de barrio abierto en el año 1919 cuando Sarriá era todavía pueblo. Cuando pruebas esas bravas con patatas irregulares, doradas y crujientes con dos salsas entiendes por qué merezcan un artículo, un libro o un trabajo de fin de Master.


Las bravas del Tomás

100% Sarriá

Bar Tomás
Carrer Major de Sarrià, 49
08017 Barcelona

Bar Chicote (Cangas del Narcea)

“Si te metes con Antón cuenta con el bastón” anuncia un cartel en el interior del bar junto a un “palu” que duele con sólo verlo. No tienes nada que temer, es difícil imaginar a Antonio empuñándolo contra algún paisano. Su bar es toda una institución en Cangas del Narcea, donde comenzó a trabajar Antón con sólo diez años y en el que medio siglo después sigue sirviendo con una sonrisa vino de su propia bodega y tapas.

Cecina, jamón, chosco, empanada, queso, chorizo, lomo y patatas bravas, “caldo pa tornar el frío” y postre “de lo que haya”. Pocas viandas pero buenas y baratas como en las tascas de toda la vida. Su tapa más conocida, las patatas bravas, son en realidad cachelos con aceite, ajo y pimentón, combinación simplemente perfecta. Si te sabes el “Asturias, Patria querida” deberías saber que su vino ha sido recientemente premiado, ahí lo dejo.


 Las bravas del Chicote

Cartel del Bar Chicote

Bar Chicote
Calle la Fuente, 6
33800 Cangas del Narcea (Asturias)

König (Girona)

König en alemán significa rey pero esta cervecería famosa por sus bravas es frecuentada con igual fervor también por republicanos de toda condición: estatales, federales, independentistas o de la “república independiente de mi casa”. Fundada en Girona en el año de 1973 dispone de una docena de establecimientos en Cataluña, un crecimiento que es consecuencia del buen hacer de una familia que demuestra que para crecer no es obligatorio convertirse en franquicia y servir comida precocinada. Salchichas importadas de Alemania, hamburguesas con carne de Banyoles y bravas elaboradas con patatas de calidad son algunas de sus señas de identidad. Sus patatas bravas se presentan con una salsa rosa suave que recomiendo disfrutar en su amable terraza de la Plaza de la Independencia.


Las bravas del König

Terraza del Köning

Köning
Varios establecimientos

Cafetería Las Torres (León)

Está cafetería cuyo nombre hace referencia a las torres góticas de la Catedral, es un clásico del tapeo leonés. El local lleva abierto desde mediados de los setenta y Eusebio, su actual propietario, está al frente del mismo desde 1981. Su decoración se mantiene fiel a aquellos años. La generación nacida en la década de los pantalones de campana, los flecos y los estampados geométricos experimentará en “Las Torres” toda una experiencia regresiva hacia su niñez que no tiene que ser traumática a menos que a ti también te dejaran jugar con “Quimicefa” sin la supervisión de un adulto.

La tapa por la que es conocida la cafetería son sus patatas, que depende quién las pida o sirva son rebautizadas como bravas o alioli. En realidad se parecen mucho a las bravas con alioli que sirven en algunos locales de Barcelona, de ahí la falta de unanimidad en su denominación y la confusión a la que se prestan. Su éxito es tal que no es infrecuente entre los vecinos pedir una ración para llevar a casa. Yo prefiero probarlas gratis con la consumición, como es preceptivo en León y pasar al siguiente bar de la lista de tapeo leonés.


 Las bravas de Las Torres

Arqueología setentera

Cafetería Las Torres
Calle Burgo Nuevo, 58
24001 León

Bar Roma (Lleida)

Las estadísticas oficiales afirman que las principales causas de muerte entre los universitarios son los accidentes en carretera, las drogas, la fiesta de San Cemento y las cafeterías de las facultades. Recomiendo no seguir este orden al pie de la letra porque he conocido en mis tiempos de estudiante algún menú de facultad cuya ingesta planteaba un mayor reto para la supervivencia que hacer “la ruta del bakalao” en un coche con Chimo Bayo al volante.   

No conozco la cafetería de la Universidad de Lleida pero sus alumnos son muy afortunados al tener al otro lado de la calle las raciones abundantes, el buen precio y el servicio rápido del Bar Roma. Tiene bocadillos, raciones y tostas pero aquí destacamos sus bravas. Elaboradas con patatas tiernas, bien cocidas y salsa fuerte nada tienen que ver con aquellas bravas de patatas congeladas y salsa de bote que servían en mi facultad y que provocaban por aquel entonces un mayor índice de abstención a clase que el más sieso de los profesores.


Las bravas del Roma

Interior del Bar Roma

Bar Roma
Carrer del Bisbe Messeguer, 1
25003 Lleida

Docamar (Madrid)

Además de por su mercado de intercambio de cromos la plaza de Quintana merece ser visitada por otro motivo: las patatas bravas del Docamar. Este bar abierto en 1963 ofrece las que para mí son las mejores bravas de la ciudad. Famoso por su salsa casera de receta secreta yo además destacaría la perfecta elaboración de sus patatas. Puedes tomarlas como tapa con tu consumición, en ración o para llevar. Además de esta especialidad destaco de su carta unas patatas alioli perfectas o sus tigres bien picantitos.


 Las bravas del Docamar

La animada plaza con el Docamar de fondo

Docamar
Calle de Alcalá, 337
28027 Madrid

Bar Málaga (Valladolid)

Las bravas suelen presentarse cortadas en dados o gajos pero las más famosas de Valladolid hacen honor a la orografía de la provincia más llana de España. Las llamadas patatas al remolino son originales del Bar Málaga, se presentan en rebanadas en forma de abanico, son espolvoreadas con pimentón dulce y decoradas con bolitas de alioli fuerte. Desde que el malacitano José Codes abriera este bar en 1985 las patatas al remolino son su gran especialidad y lleva camino de convertirse en un plato típico de Pucela.

Tienen tanto éxito que han sido mil veces copiadas: Mianka, Vasi´s y Alarcón, entre otros bares también las ofrecen en la ciudad. Hechas al momento, con buena fritura y un sabor equilibrado destacaría también su cuidada presentación. Con la misma exactitud que en un desfile militar de Corea del Norte todas las patatas serán servidas con la misma presentación y sin que a ninguna le falte su medida cantidad de pimentón y su bolita de alioli. Esa clase de detalles de calidad que hacen un producto inimitable.


Las bravas del Málaga

Fachada del Bar Málaga

Bar Málaga
Calle del Puente Colgante, 37
47007 Valladolid

Taberna Amparín (Valencia)

Amparín no es un negocio sino arqueología viva. Uno de esos locales de antaño que eran un poco de todo: bar, tienda y vivienda. Cuando descubrí esta bodegueta me sentí como un Marty McFly versión ibérica recorriendo la España de los sesenta en un Seat 1500 sin aire acondicionado pero con condensador de fluzo. La localizamos en el sur de Valencia, en el popular barrio de L’Hort de Senabre. Fue abierta en 1968 por Amparo y Julián sobre otro bar anterior.

Las patatas se preparan al momento con una abundante cobertura de salsa de tomate y mayonesa. Amparo que era la responsable de la receta falleció hace cinco años pero por el negocio todavía se puede ver al señor Julián, un octogenario adicto al trabajo, natural de Ciudad Real y forofo del Athletic,  ayudando a su hijo Raúl. De hecho hace solo unos meses él mismo me preparó y sirvió una ración de las bravas de la casa. Si comiéndolas se llega a esa edad con ánimos aún de seguir en la brecha será cuestión de incluir las bravas de Taberna Amparín como alimento imprescindible de la dieta mediterránea.


 Las bravas del Amparín

Su interior es un reliquia


Carrer de Joaquín Navarro, 26
46017 Valencia

miércoles, 21 de noviembre de 2018

Ultramarinos La Confianza (Huesca)

Este verano descubrí una nueva tienda “gourmet” en Madrid. En sus modernas estanterías de aire nórdico se entremezclaban productos con un packaging  (lo que hasta ahora ha venido siendo el embalaje) de diseño cuya exclusividad residía  más en el continente que en el contenido. Junto a estos se exponían medio catálogo de la siempre socorrida marca La Chinata y algún que otro producto con la cara estampada del chef de un programa televisivo. Pensé entonces en lo curioso que resulta que los negocios que pretenden vender exclusividad se parezcan tanto los unos a los otros y me recorrió la misma premonitoria sensación que tuve cuando alguien me sugirió la idea de abrir un restaurante vegano en Ávila de que aquel lugar no duraba ni dos meses.  Tras el mostrador una jovencita que sin soltar el móvil respondía lacónica y ambigua a mis preguntas y sugerencias. Se trataba del habitual nuevo negocio sin el propietario al frente, uno de esos que montan una tienda sin conocer el barrio, sus vecinos ni sus necesidades y posiblemente ni el producto que venden. Dos meses después en su lugar había una lavandería y en algún otro punto de la ciudad un empresario que no entiende qué pudo ocurrir para que su negocio no tuviera éxito.

Dedicamos este artículo a empresarios con otra manera de trabajar y de entender el negocio. Esta semana nos pasamos por Huesca para visitar la tienda de ultramarinos en activo más antigua del país. Fue abierta en 1871 y tiene al frente María Jesús Sanvicente Callau. Esta señora es natural de Hoya de Huesca donde su padre Víctor se dedicaba al comercio. Durante la posguerra siendo solo una cría la familia se traslada a Huesca para hacerse cargo de “Ultramarinos La Confianza”. María Jesús que era la mayor de cuatro hermanas trabajó allí desde los catorce años. Estudió Magisterio pero renunció a ser maestra para ayudar en el negocio, que entonces era el sustento familiar y no pasaba por un buen momento. Tras la jubilación de su padre llevó las riendas de la tienda junto a su marido Antonio Villacampa. A partir de los ochenta el matrimonio afrontó el difícil reto de la irrupción de los supermercados y los centros comerciales, un fenómeno tan demoledor para el pequeño comercio como las hombreras y el pelo cardado para la moda. Sobrevivieron con la misma receta de siempre: adaptación y trabajo, mucho trabajo. Hoy Antonio no está entre nosotros pero María Jesús, que cumplió hace poco los 73, continúa atendiendo a sus clientes y sigue con muchas ganas de trabajar y ninguna de retirarse.

Al entrar en la tienda sorprende su elegancia. El fundador que era un comerciante de origen francés llamado Hilario Vallier abrió el negocio como mercería y sedería para más tarde incorporar distinguidas viandas de ultramar. Al tratarse de artículos exclusivos decoró el local suntuosamente como muestran las magníficas pinturas del techo, obra del pintor oscense León Abadías y Santolaria, que también dejó su firma en los techos del Ayuntamiento y la Diputación. Se podía pensar que se está en una tienda “pija” pero su oferta se aleja de ese concepto: productos de uso común y marcas de las que todos tenemos en nuestras despensas (conservas “Calvo”, aceitunas “La Española”, zumos “Granini”, etc.) comparten estante junto a otros de cercanía que permiten conocer la materia prima de la región. Pregunto a María Jesús si tiene boliches pero entonces no era temporada. La buena señora en cambio me enseñó otro artículos de la provincia: quesos del Alto Aragón (Guara, Radiquero, Benabarre…), embutido de Graus, miel de Asque, aceites del Somontano, almendras a granel de Loarre y chocolate de la tierra al corte. Efectuada mi compra abandoné la tienda convencido que la visita a “La Confianza” es obligada para cualquiera que visite Huesca pero especialmente para aquellos empresarios que necesiten consejo sobre cómo sacar adelante un negocio durante tantos años.

 Su decoración huye del actual minimalismo imperante

Exterior de Ultramarinos La Confianza

Pinturas de León Abadías y Santolaria
  
Plaza Luis López Allué, 8
22001 Huesca

miércoles, 31 de octubre de 2018

Marisquería El Pato Rojo (Jaén)

Uno de los últimos peligros de Internet, además de la piratería, el fishing o las reflexiones del video-blog de Jiménez Losantos son los memes del pato rojo. Acompañando a la misma foto fija de un patito carmesí nos bombardean con una sarta de consejos absurdos como quitarte el hipo con Polonio, conquistar Rusia en invierno o curarte las heridas con sal. No seré yo quien critique a los descerebrados que dedican su tiempo libre en semejantes tonterías (y quiero creer que lo hacen en su tiempo libre y que esta actividad no constituye un trabajo remunerado). Pero si introduces en la red Pato rojo además de este montón de inanidad cibernética puedes llegar a la conclusión de este nombre está bastante frecuentado por muchos establecimientos a lo largo y ancho del país.


Yo voy a hablaros de un Pato Rojo en Jaén. Una elección muy afortunada si queréis comer  bien en el centro de esta ciudad. En el verano de 1974 Mª Carmen Jiménez y Manuel Martos (no confundir con el hijo de Raphael) abren esta marisquería en “La Carrera”. Ellos heredaron el nombre del anterior local, bien para arrastrar a la antigua clientela del otro local o para ahorrarse las tasas municipales pero siendo sinceros tras este nombre uno espera encontrarse o un restaurante chino o un puticlub, pero no una marisquería. Pero superada la sorpresa inicial se descubre una buena opción para comer. “El pato rojo” ofrece tapa gratis con la consumición, como es tradicional en Jaén, lo que marca la diferencia con otros establecimientos es que las tapitas no son las típicas sino unos langostinos, gambas a la gabardina o tortillitas de camarones. Si te encanta la tapa recomiendo pedirla en media ración porque son generosas y aunque el pato sea rojo tú puedes acabar poniéndote morado.

 Tapa con la consumición

 Ración de flamenquín con salmón y roquefort

Barra de El Pato Rojo

Marisquería El Pato Rojo
Calle Bernabé Soriano, 10
23001 Jaén

lunes, 24 de septiembre de 2018

Horchatas Monserrat (L´Hospitalet de Llobregat)

ESPECIAL HORCHATA: Me chifla la chufa (XXXVIII)

El año pasado se estrenó el corto “L´Hospitalet es feo”, un título que es un “spoiler” en sí mismo… El protagonista recorre en furgoneta una ciudad que podría confundirse con muchas otras de nuestra geografía por lo que sus creadores bien podrían haberse decantado por titularla “L´Hospitalet somos todos”. Seamos sinceros: la mayoría nos hemos criado en una de estas ciudades monstruosas, nos hemos visto obligados a residir en una expulsados por el precio del metro cuadrado de nuestra ciudad natal o bien las visitamos los fines de semana para cumplir con la inexcusable visita a los suegros.

Puede que a algún vecino de L´Hospitalet no le guste el título del corto pero yo no lo encuentro ofensivo. Creo que ha llegado el momento de reivindicar  las ciudades feas. Hay vida más allá del las capitales con tiendas que abren en domingo, o de las ciudades con un pasado histórico relevante que las hecho accidentalmente acreedoras de edificios emblemáticos y áreas urbanas dignas de ser incluidas en cualquier touroperador. Yo creo que a menudo tras la combinación de ladrillo, hormigón y pladur se esconden ciudades con gran personalidad y con el suficiente respecto por sí mismas como para no permitir que las recorra un trenecito turístico. Quizás por esto me guste tanto visitar ciudades como L´Hospitalet y descubrir sus valores ocultos.

Un secreto que merece la pena descubrir en L´Hospitalet es “Horchatas Monserrat”. Gracias a la conservación de pequeños comercios como este la ciudad mantiene una atmósfera propia y diferenciada de la colindante Barcelona. La familia Monserrat llega a comienzos del siglo XX procedente de l’Horta Nord valenciana. No es hasta 1957 cuando abren esta horchatería en Carrer Farnés el mismo año que se levantó el cercano Camp Nou. Quién sabe si esa proximidad es el motivo por el que la afición culé afirma en ocasiones que sus jugadores parecieran tener horchata en las venas.

Desde 1957 pocas cosas han cambiado en “Horchatas Monserrat”. Continúan usando la maquinaria de toda la vida, trabajando por fases (lavado, trituración, mezcla, etc.), renunciando a los nuevos procedimientos y al trabajo en cadena. La temporada horchatera depende de la climatología pero suele ir desde el día de San José hasta el del Pilar. El resultado es una producción menor a ochenta mil litros anuales que conserva el sabor de siempre. Mi lugar favorito para disfrutarla es el próximo Parque de la Marquesa que sorbiendo una buena horchata por mi pajita no tiene nada que envidiarle al mismísimo Parque Güell.

Una horchata en L´Hospitalet

Interior de Horchatas Monserrat

Fachada

Horchatas Monserrat
Carrer Farnés, 4
08904 Hospitalet de Llobregat



Localización en mapa de las horchaterías y otros establecimientos que elaboran horchata natural incluidas en la sección ESPECIAL HORCHATA: Me chifla la chufa

sábado, 22 de septiembre de 2018

Restaurante La Nieta (Madrid)

El barrio de Chueca a lo largo de su historia ha pasado de ser castizo, macarrilla y problemático a ser un barrio moderno y solidario. Pero como todo en este mundo neoliberal que nos rodea lo que comenzó como el germen de un proyecto espontáneo e integrador se ha convertido en una gentrificación masiva donde los turistas son los reyes y los fondos de inversión los emperadores.  Y como las cotorras argentinas y los mapaches americanos este fenómeno no es complementario sino invasor. Entre sus víctimas están los restaurantes de toda la vida que incapaces de soportar la subida de alquileres y la expulsión de vecinos del barrio que constituían el grueso de su clientela, han visto languidecer sus locales ante la llegada masiva del actual turismo teledirigido.

Pero no toda la Galia está ocupada por los romanos. En este panorama permanece irreductible desde 1985 La Nieta, restaurante de origen segoviano que sobrevive entre gastromercados, “fried chicken” y cocinas vistas en la mítica calle Libertad. Su larga barra con salón al fondo, mantelería de cuadros blancos y rojos recién planchada y mobiliario rústico es todo un contraste con los restaurantes vecinos. Decoración sin concesiones a la modernez pero sí con un punto cosmopolita: las paredes están decoradas con una colección de platos de todo el mundo (Jordania, Japón, Rusia, Portugal, etc.) ofrecidos por sus clientes habituales. Imagínense la cara de Chicote si un cliente le trae de sus vacaciones un “pongo” para colgar en su impoluto restaurante de Chueca.

Entre su clientela fija gente mayor del barrio, trabajadores de la cercana sede de la ONCE y vecinos gays de los pioneros en llegar a esta zona cansados de pagar el doble por platos que ocupan más espacio en la carta que en la mesa. Además por muy cosmopolita y moderno que sea uno todos necesitamos un buen plato de comida casera entre semana con sabor a hogar y aroma a infancia. Para este público y todo aquel que quiera pasarse La Nieta ofrece comida tradicional en raciones, carta y un fenomenal menú con enjundia y una excepcional relación calidad-precio. Entre sus especialidades las albóndigas de ternera, los huevos fritos y el cordero y cochinillo por encargo. Postres caseros entre los que hay que destacar la leche frita y la tarta de queso (como las de antes, sin base de galleta ni mermelada por encima). No podía faltar en una tasca como ésta la casquería: mollejas de cordero, higaditos de pollo encebollados, callos a la madrileña y unos increíbles riñones al jerez. Puede que lo del nombre de La Nieta sea  porque  uno se siente como en casa de su abuelita rebañando el plato un domingo como si no hubiera un mañana.

 Riñones al jerez

 Interior de La Nieta

Tarjeta de La Nieta

Calle Libertad, 25
28004 Madrid